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Red Internacional

La muerte de José Antonio González por un golpe de calor durante la jornada laboral el pasado viernes es un crimen patronal, propiciado por las relaciones de producción capitalistas y consumado por la precarización de las condiciones laborales. Las cifras oficiales dan 510 muertes durante la ola de calor.

Martes 19 de julio | 16:16

Las políticas neoliberales que precarizan las condiciones laborales con el fin de incrementar las ganancias de los empresarios -aplicadas y avaladas por todos los gobiernos, sin excepción- alientan el terrorismo patronal ya intrínseco a las relaciones de producción capitalistas, y en última instancia matan a trabajadores y trabajadoras.

El sábado, José Antonio González, murió por un golpe de calor mientras trabajaba en labores de limpieza el pasado viernes en Puente de Vallecas, Madrid. La jornada era de las dos de la tarde a las diez, 42 grados al sol, y con uniforme de poliéster. A las cinco y media perdió la consciencia y se desplomó. Falleció el sábado en el hospital Gregorio Marañón. Sin embargo, atribuir las causas de su muerte a la crisis climática y pasar por alto el componente de explotación, oculta el fundamento de la siniestralidad laboral y le hace juego a la clase capitalista: su muerte es un crimen patronal, propiciado por las relaciones de producción capitalistas y consumado por la precarización de las condiciones laborales.

Los últimos datos publicados por el ministerio de trabajo sobre las cifras de "muertes por accidentes o enfermedades laborales" de 2020 contabilizan 780 muertes y más de un millón de accidentes laborales en el Estado español. Se trata de una estadística alarmante, aun teniendo en cuenta que el sistema propicia maniobras de contabilización y deja fuera de los datos un panorama de siniestralidad laboral aún más grave: casi dos millones de trabajadores de la economía sumergida, y filtros por parte de las mutuas que reducen interesadamente el recuento.

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Por otro lado, Sanidad calcula que han fallecido 510 personas en los últimos siete días debido a la ola de calor, según la última actualización de datos. La primera ola de calor de junio ya conllevó la muerte de 830 personas. La crisis climática incide sobre la frecuencia, intensidad y duración de las olas de calor; un evento climático que tiene serios efectos sobre la salud. Bajo estas circunstancias, trabajar al sol se recrudece: los riesgos de sufrir un golpe de calor o enfermedades derivadas del estrés térmico aumentan. Sin embargo, centrarnos en estas condiciones y eludir su relación y engranaje con la explotación laboral deriva en un análisis superficial que no conduce a la raíz de la siniestralidad laboral ni señala a los responsables.

La precariedad laboral y el terrorismo patronal guardan una relación íntima, que en última instancia causa crímenes patronales. El testimonio del hijo de José Antonio para El País es esclarecedor en este sentido: “Llegaba destrozado. Sé que era consciente de que esto le podía pasar, pero lo hacía porque quería conseguir un contrato largo. Estoy convencido de que él no paró de limpiar esa calle hasta que se desmayó. Pensaría que no le iban a renovar y estaba dándolo todo con tal de demostrar que valía. Esto, para mí, es inhumano. Esto debe hacernos a todos reflexionar. No son condiciones. Y mi padre lo ha vivido”.

La precariedad laboral se asienta -avalada y actualizada por la reforma laboral de la coalición "progresista" del PSOE, Podemos y PCE- acompañada de un 10,5% de inflación generada por la guerra imperialista, poniendo a la clase trabajadora contra las cuerdas. Las jornadas laborales maratonianas, los pluriempleos para alcanzar un sueldo, el aumento del estrés durante la jornada; todas estas realidades precarias son una vuelta de tuerca al entramado de coacción y sometimiento laboral de los y las trabajadoras que, combinado con la falta de equipamiento de seguridad en los puestos de trabajo -también intrínsecas a estas condiciones de explotación-, los obliga a producir poniendo en riesgo su salud para "ganarse el sueldo". Esto es, simple y llanamente, terrorismo patronal. Y así, si la explotación mata, la precariedad lo hace aún más.

Mientras, la crisis climática se agrava y trae consigo severas olas de calor, sometiendo a los y las trabajadoras a mayor riesgo a sufrir un golpe de calor. A la par las patronales se mantienen en su línea en lo que respecta a la falta de equipamiento de prevención de riesgos laborales e incumplimiento de los pliegos: proporcionar ropa inadecuada (los uniformes de trabajadores de Urbaser son de poliéster), jornadas con 42 al pleno sol, carencia de descansos regulares, la no suministración de agua para combatir la hidratación, etc. La falta de control sobre las condiciones de trabajo es también un factor relevante habitual. Estas son las condiciones que causan la muerte de José Antonio González: se trata de un auténtico crimen social. Otro sector cuyas condiciones y riesgo se agravan a base de precariedad y ataques al medioambiente es el forestal y de bomberos, con un reguero de luchas por el salario y la seguridad durante estos años y muertes combatiendo los incendios que se multiplican cada año.

Urbaser, la empresa de limpieza contratada por el Ayuntamiento de Madrid que explotó a José Antonio González hasta matarlo, ha despertado organización y lucha obrera en la ciudad de Santiago de Compostela, donde también está presente como empresa subcontratada por la administración pública. Allí, los trabajadores de la empresa convocaron una huelga indefinida desde el 18 de julio, "por un convenio digno" acorde a la subida del IPC y contra el "incumplimiento de acuerdos". A la par, la portavoz municipal del BNG denunciaba la falta de cumplimiento de numerosos puntos del contrato como "el número de efectivos, de máquinas barredoras y limpiadoras, la frecuencia de lavado de contenedores y las deficiencias de los materiales utilizados". Este conflicto, que terminó con la huelga desconvocada el día previo por la cesión de la empresa ante un nuevo convenio presentado por CCOO, manifiesta la precariedad a la que somete Urbaser a los y las trabajadoras. Así mismo, la externalización de los servicios públicos como parte de las políticas neoliberales de restauración burguesa estimula también la extensión de los puestos de trabajo precarios.

El pasado sábado la ministra de trabajo, Yolanda Díaz, decía lo siguiente en Twitter: "Quiero enviar mis condolencias a la familia y los seres queridos del trabajador de la limpieza fallecido por un golpe de calor en Madrid. La crisis climática, cada vez más, es incompatible con la vida". Así, pretendía enmascarar un crimen patronal achacando la muerte de José Antonio a la ola de calor y a la crisis climática, e invisibilizando la explotación y precariedad laboral como los motivos fundamentales de su muerte. Incluso, de conjunto la UE anuncia una vuelta a la extracción de energía de formas más contaminantes, lo que va a agravar la crisis climática. No obstante, el lavado de cara a la patronal no es un elemento nuevo en los discursos y políticas de la ministra del PCE, sino que es más bien un elemento vertebrador de su estrategia y gobierno: la legitimación y vuelta de tuerca sobre la reforma laboral del PP de 2012 es, como bien decía más arriba, incentivadora del terrorismo patronal, y en última instancia de los crímenes patronales.

Ante las tibias demandas de las burocracias sindicales (minutos de silencio, protocolos frente al calor y consejos a los trabajadores para evitar un golpe de calor), y frente a la voracidad sin escrúpulos de los empresarios y la custodia de sus ganancias ejercida por el gobierno "progresista", exijamos: prohibición inmediata a trabajar con altas temperaturas, planes de obras públicas bajo control obrero y no bajo control irracional de administración o patronal, reparto de las horas sin rebajar salario, y la jubilación temprana y menos paro joven; trabajemos menos, trabajemos todas. ¡Ni un crimen patronal más! ¡Nuestras vidas valen más que sus ganancias!




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