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Red Internacional

La afiliación de Espino al Morena causó gran descontento, las disputas internas se profundizan hacia la carrera presidencial.

Fotos de redes sociales

En días previos, Manuel Espino Barrientos, ex dirigente nacional del Partido Acción Nacional (PAN) y anterior titular del Servicio de Protección Federal (organismo integrado a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana) bajo la 4T, anunció su afiliación al Morena y su intención de competir por la gubernatura de Durango en el 2022.

Según Espino, su integración a Morena surge de su interés por “fortalecer al partido y aportar”, con la intención de “ser un militante activo” y “hacer un cambio verdadero”. Como era de esperarse, su afiliación causó revuelo y descontento entre la militancia del partido de gobierno.

Manuel Espino tiene una larga trayectoria en la política nacional. No solo es conocido por haber estado al frente de la dirigencia nacional del PAN y por su militancia en el blanquiazul de más de tres décadas (que no fue suficiente para evitar que lo expulsaran en 2010). También es fundador de los movimientos “Volver a Empezar” (simpatizante del PAN) y “Ruta 5” (una iniciativa nacional ciudadana supuestamente “laica y progresista” ligada a los masones y que busca “reformar el ejercicio del poder”). Ha sido cuestionado -incluso dentro de dicho partido- por sus vínculos con la organización de extrema derecha, el Yunque.

Además de ser presidente de Ruta 5, también lo fue de la Organización Demócrata Cristiana de América y ha enfrentado escándalos por sus declaraciones anti derechos, repudiando el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción para parejas homoparentales.

Como si el Morena no estuviera ya plagado de derechistas antiderechos, Manuel Espino se suma a las filas de los conservadores Tatiana Clouthier (actual secretaria de economía, que renunció tras la designación de Espino como presidente del PAN), Germán Martínez (actual senador y ex director del Instituto Mexicano del Seguro Social), Gabriela Cuevas (actual senadora), Patricia Durán (presidenta municipal de Naucalpan de Juárez, Edomex) y Alfonso Durazo (actual gobernador de Sonora); todos militantes de décadas en el panismo.

Estos nombres se suman a las decenas de ex priistas y ex perredistas que inundan el Morena, mismos que primaron en las elecciones de este año al ocupar 93% de los aspirantes por parte del partido oficialista.

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Además del reciclado conservador, hay que lidiar con la competencia interna

Por si fuera poco, la semana pasada se hizo público un video de Paco Ignacio Taibo II, escritor y director del Fondo de Cultura Económica, polemizando con el dirigente nacional del Morena, Mario Delgado, en plena sesión virtual del Consejo Nacional del partido. En este video, subido a redes por el académico John Ackerman, se observa a Taibo II increpando a Delgado frente a su incapacidad de liderar el partido, alentándolo a renunciar, y señalando a Ricardo Monreal, senador y presidente de la Junta de Coordinación política del Senado, de ser un “activista permanente en las luchas internas y grillas”, así como de apoyar candidaturas anti Morena en las últimas elecciones (candidatos de la coalición opositora Va por México).

Estas disputas se hacen públicas a pocos meses de la consulta por revocación de mandato, en la que AMLO ha declarado que de no haber una alta participación popular, dejará el ejecutivo; y en el marco de las próximas elecciones a gubernatura en el 2022 (que renovará gobernadores en estados donde no gobierna el Morena actualmente, como Aguascalientes, Durango, Tamaulipas, Oaxaca, Hidalgo y Quintana Roo). Aunque, por supuesto, la mira ya está puesta en la carrera presidencial hacia el 2024. Para esta última, son evidentes las tensiones entre Marcel Ebrard, Claudia Sheinbaum (visible favorita de AMLO) y de Ricardo Monreal, los tres principales candidateables por el Morena.

A pesar de los señalamientos de Taibo II, las primeras declaraciones públicas de Delgado pidieron a los presidenciables “no caer en politiquerías” y “aguantarse la carrera presidencial para priorizar la reorganización del partido y salir a las calles”, formando comités de defensa de la cuarta transformación. Su preocupación es aparentar, hacia afuera, un partido unificado, pero a todas luces las “tribus” dentro del Morena y el descontento que genera la integración de militantes de la oposición conservadora, están volviendo infranqueables las fisuras internas.

Además, aun tras haber avanzando nacionalmente al conquistar 11 de las 15 gubernaturas en juego en junio pasado, y tener la mayoría en 19 congresos estatales así como en la Cámara de Diputados, el Morena aun no logra resolver su falta de cuadros políticos y fuerza militante para nutrir un aparato que ha logrado sostener de forma pragmática y con alianzas endebles y muy cuestionables con sectores conservadores.

Así mismo, aun debe recomponerse de la derrota en la Ciudad de México, misma que evidenció la debilidad de la dirigencia del partido y dejó ver que la disputa por las clases medias y el progresismo ilustrado (atravesado por fenómenos como el movimiento feminista, ecologista y ansioso por una democracia que preserve los derechos humanos y las garantías individuales) aun no está resuelta.

El propio Taibo II señaló en su intervención en el Consejo Nacional del Morena que la 4T enfrenta un “riesgo de paralización”, y sin resolver medidas polémicas como la designación de candidatos electorales preservando medidas democráticas elementales, este riesgo se incrementa.

Precísamente, hacia el 2022, la designación de candidatos mediante consultas, un método cuestionado pues se basa en la popularidad y permite la participación de gente ajena a la militancia del partido, también favorece el nepotismo y los “dedazos”, medidas características del priísmo y que opacan los procesos de participación política.

Urge una alternativa política sin burócratas y sin patrones

Paradójicamente, cual bomba de tiempo, el pragmatismo que permitió a AMLO construir un bloque electoral que le valió más de 32 millones de votos y la entrada a la presidencia del país, es el principal riesgo que enfrenta hacia el 2024. El fortalecimiento del ala conservadora y la integración de sectores afines a "la mafia del poder" ha reforzado que el voto que depositaba esperanza en la prometida transformación antineoliberal, se convierta en un voto "con la nariz tapada" y bajo la lógica del "mal menor".

Además, empuja la agenda progresista del Morena tras bambalinas, poniendo trabas a promesas de campaña como la legalización del aborto a nivel nacional (cuyo camino abrió la despenalización) o la legalización de la marihuana.

Es evidente que al priorizar el pacto con los empresarios y la derecha conservadora, el Morena continúa demostrando que su interés en los sectores populares es más bien electoral, y que el "gobernar para pobres... y ricos" de AMLO en realidad significa priorizar las ganancias empresariales, los planes del imperialismo y destinar migajas a los de abajo. Urge una alternativa política propia para los trabajadores, las mujeres y la juventud, sin burócratas y sin patrones, que se apuesta a enfrentar los planes de los capitalistas y acabe de fondo con las penurias de las grandes mayorías.

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