Mundo Obrero México

COVID- 19 PRECARIZACIÓN CULTURA

Enfrentar la pandemia trabajando para la Secretaría de Cultura

"Al no tener acceso al servicio de salud es un gran problema, pues la “beca” que nos otorgan no nos da la oportunidad de pagar todos nuestros gastos y además darnos el lujo de acceder a médicos particulares". Compartimos el testimonio de una trabajadora de la cultura, frente a la contingencia sanitaria.

Miércoles 1ro de abril de 2020 | 19:38

Cuando se escucharon las primeras noticias del coronavirus en México, una de mis primeras preocupaciones fue no tener derecho a contar con seguro médico. A los integrantes del programa Promotores Culturales Comunitarios, no se nos considera trabajadores aunque cumplamos con un horario (en ocasiones rotativo), tengamos un jefe directo del cual dependamos y cobremos una remuneración económica por nuestras labores. Elementos con los que bien se podría comprobar la relación laboral.

Sin embargo no firmamos ningún contrato, y por supuesto corremos el riesgo de ser echados si nuestros coordinadores consideran que no cumplimos con el perfil. Nos consideran meros beneficiarios de un programa, por lo que no contamos con ningún tipo de prestación laboral, somos “becarios”, el rostro de la precarización.

Mi segunda preocupación fue que nuestras funciones se conformaban en su mayoría de tratar con muchas personas, principalmente niños y adultos mayores, los más vulnerables frente a la pandemia. Al ser un virus tan contagioso, la posibilidad de enfermar también era alta y el no tener acceso al servicio de salud es un gran problema, pues la “beca” que nos otorgan no nos da la oportunidad de pagar todos nuestros gastos y además darnos el lujo de acceder a médicos particulares.

Conforme fueron avanzando los casos a lo largo del país, mis compañeros hacían comentarios nerviosos sobre lo preocupados que estaban por la situación. Nuestros coordinadores llamaron a una junta de emergencia para decirnos que por parte de la Secretaría de Cultura de la CDMX se suspendían las actividades en campo. Nos miramos intrigados cuando nos dieron la indicación de hacer “trabajo desde casa” pues no quedaba claro cómo hacer trabajo comunitario desde nuestros hogares. Pero la principal preocupación era otra, ¿Qué sucedería con el programa? ¿Nos garantizarían que seguiría funcionando? ¿Cómo podrían asegurar que no nos dejarían sin ingresos en medio de la pandemia?

Incertidumbre

Tentativamente, nos dijeron que a finales de abril se restablecerían las labores en calle, sin embargo nada garantiza que para esas fechas el virus esté controlado.

El sub secretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell ha declarado en numerosas ocasiones que el periodo podría alargarse dependiendo de qué tanto se expanda el virus. Lo que genera las interrogantes de ¿en qué condiciones regresaremos a trabajar? ¿Qué garantías nos ofrecerán para resguardar nuestra seguridad?

Estos temores que cargamos sobre nuestros hombros, no tendrían razón de ser si no tuviésemos que sobrevivir a base de empleos precarios. Si, como se dijo en incontables veces durante la mañanera de AMLO, se impulsara la creación de trabajos reales, no simulaciones de empleos en lo que incluso se nos prohíbe mencionar la palabra “trabajo”. Si existiera la posibilidad de acceder a un empleo en el que se reconozca la relación laboral, se nos basifique (al ser trabajadores al servicio del Estado) y con seguridad social para poder atendernos cuando enfermemos y no tener que elegir entre ir a un médico particular o llegar a fin de mes.

La mayoría de los integrantes del programa, somos jóvenes egresados de la universidad, madres solteras, freelancers, que ante la falta de opciones laborales dignas, nos vemos en la necesidad de sacrificar el contar con prestaciones laborales para poder acceder a un salario medianamente decente, que aun así no alcanza para poder cubrir en la totalidad nuestros gastos. Es una completa aberración que el estado sea nuestro empleador y no se nos reconozca como trabajadores.

¿Qué podemos hacer?

Frente a la emergencia nacional que ha provocado la pandemia los “beneficiarios” de todos los programas sociales debemos exigir, no solo que se nos reconozca como trabajadores del Estado y poder acceder a las cada vez más precarias prestaciones que aún perduran.

También debemos pedir la creación de comisiones de higiene gestionadas por los mismos trabajadores para garantizar condiciones seguras para poder trabajar en caso de que se activen nuevamente las funciones en campo.

Esta situación visibiliza un problema profundo, en condiciones tan precarias, estamos en riesgo constantemente, no se trata de simplemente regresar a la normalidad una vez terminada la pandemia, debemos exigir que se nos reconozca como trabajadores y contar con todas prestaciones necesarias.

La única manera de conseguirlo es organizándonos entre los miembros del programa y unir fuerzas con otras campañas, como Queremos Trabajo Digno, la campaña que levantaron los trabajadores estatales para pedir basificación y que a algunos les valió el despido injustificado de instituciones como el DIF, a pesar de que una de las trabajadoras estaba embarazada y con lucha organizada se conquistó su reinstalación.

Solamente mediante la unión y organización de diferentes sectores podremos arráncarle derechos laborales al Estado, tan negados bajo la 4T, nunca nos han regalado nada hay que hacer oír nuestras voces.






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