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Red Internacional

El Círculo Rojo. Elon Musk compró Twitter: ¿innovador o cosa de ricos?

¿Qué hacen los millonarios cuando quieren influenciar sobre la opinión pública? Antes compraban diarios, ahora compran redes sociales. Columna de Cultura en El Círculo Rojo, programa de La Izquierda Diario en Radio Con Vos FM 89.9.

Celeste Murillo@rompe_teclas

Viernes 29 de abril | Edición del día

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· Elon Musk compró Twitter por 44.000 millones de dólares. Uno de sus argumentos fue la libertad de expresión. Dijo en un comunicado: “La libertad de expresión es la base de una democracia y Twitter es la plaza pública digital donde se debaten asuntos que son vitales para el futuro de la humanidad”.

Debates de hoy, interrogantes para el futuro

· La libertad de expresión es un debate muy presente en las redes sociales. Uno de los últimos episodios fue cuando cerraron la cuenta de Twitter del expresidente de EE.UU. Donald Trump. En ese momento, no fue poca la gente que estuvo de acuerdo con esa decisión. El argumento era que Trump usaba su cuenta para difundir fake news y que alentó la toma del Capitolio de sus partidarios para desconocer el resultado electoral en enero de 2021 (ambas cosas ciertas).

· Pasó el pico del debate, Trump hizo otra red social, llamada Truth Social (la aplicación gratuita más descargada en EE.UU.). Pero una pregunta quedó en el aire: ¿está bien suspender una cuenta, incluso la de Donald Trump? ¿Por qué dejar en manos de una corporación esa decisión?

· Validar este tipo de decisiones genera problemas e interrogantes a futuro. ¿Qué vamos a hacer cuando suspendan la cuenta de una diputada de izquierda? ¿O un activista ambiental? ¿De un militante sindical opositor, a quien la dirigencia sindical acuse de mentir?

· Uno puede pensar que Musk compró la plataforma por capricho, que defiende la libertad de expresión o también que compró un montón de datos. Según una encuesta del Centro Pew, en 2021 el 23 % de las personas en EE. UU. usa Twitter y 7 de cada 10 se informa en la plataforma. Musk llega bastante tarde al negocio. Las plataformas más importantes son ya propiedad de un puñadito de grandes corporaciones, que discuten y definen qué es verdad o fake news o deciden quién es censurable.

Ayer y hoy: cosa de ricos

· En medio de un clima apocalíptico y nostálgico en Twitter leí una opinión interesante sobre la compra de Elon Musk. Jimena Valdez, que escribe un newsletter en Cenital, Burofax, dijo: “los viejos millonarios compraban diarios para incidir en el discurso público, los nuevos millonarios compran redes sociales”.

· Aunque Musk se vista de unicornio tecnológico espacial, está haciendo lo mismo que hace unos años hizo Jeff Bezos, dueño de Amazon, cuando compró el diario Washington Post. Y lo mismo que hizo William Hearst en la primera mitad del siglo XX.

· Hearst asumió la dirección de su primer diario a los 24 años (su padre, un empresario minero, lo había ganado en una apuesta). Antes de la Gran Depresión de los años 1930, llegó a tener 28 diarios, 18 revistas, programas de radio y agencias de noticias en todo el país.

· Su sueño era ser gobernador del estado de Nueva York pero no lo logró, tampoco le fue bien como candidato a alcalde de la ciudad. Llegó dos veces al Congreso con el Partido Demócrata a comienzos del siglo XX.

· A Hearst le encantaba hablar de libertad de expresión. Decía cosas como que “cuando se niega la discusión libre, las arterias de la democracia se enferman (...) la muerte de la República está a la vuelta de la esquina”. También le gustaba usar sus diarios para intervenir en política, dentro y fuera de Estados Unidos.

· Pero, ¿saben qué hizo Hearst cuando se enteró de que habían hecho una película sobre él y no como un homenaje? Le declaró la guerra.

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Donde muere la libertad de expresión

· Ciudadano Kane es una película de Orson Welles (el guión es de Herman Mankiewicz) que cuenta la historia de Charles Foster Kane, un magnate de los medios que muere en su mansión y se abre una investigación periodística para conocer su vida.

· Antes del estreno en 1941, se hizo una función privada. Una periodista que había trabajado para Hearst le avisó de la película.

· Hearst prohibió que se mencionara la película en sus diarios y medios afiliados (ni siquiera publicidad paga). Acusó a Welles de comunista. El FBI le abrió un expediente. Cuando se desclasificaron esos archivos, adivinen quién aparece como colaborador de la investigación: los amigos políticos de Hearst.

· Las grandes cadenas de cine se negaron a proyectar Ciudadano Kane y el estudio que produjo la película perdió plata. Pero la venganza es un plato que se come frío: Ciudadano Kane se transformó en un clásico del cine y si la ves y te da curiosidad, la primera entrada de Google va a decir “Basada en la vida del magnate de medios William Hearst”.

· La pregunta podría ser, ¿qué hará Elon Musk cuando alguien haga una película sobre él que no sea un homenaje? ¿Valdrá la libertad de expresión o le va a declarar la guerra?




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