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SUPLEMENTO

El tiempo de trabajo, divino tesoro

Pablo Anino

JORNADA LABORAL

El tiempo de trabajo, divino tesoro

Pablo Anino

Frente a la falta de futuro para la juventud, frente a la desocupación estructural y ante las jornadas extenuantes en trabajos donde se deja la vida, la propuesta de reducción de la jornada laboral a 6 horas diarias y 30 horas semanales, sin reducción salarial, y el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados se orienta a mejorar las condiciones de vida del conjunto de la clase trabajadora. Argentina tiene una de las jornadas legales de trabajo más extensas del mundo: las 8 horas diarias, 48 horas semanales. Esa regulación legal no se modifica hace casi un siglo a pesar de que “cambió el mundo”, avanzó la productividad, se produce cada vez más en menos tiempo de trabajo ¿Cuántos puestos se pueden crear con la reducción de la jornada en las grandes empresas? La necesidad de una reorganización productiva sobre nuevas bases. Hacer honor al legado de los mártires de Chicago.

El tren ingresa en el andén de la estación Independencia de González Catán. Las imágenes muestran como Candela Salazar se desvanece y cae entre dos vagones. Ese día no había comido. El sistema capitalista que devora a diario la vida, la energía, de la juventud parecía que se la llevaba para siempre a sus veinticuatro años. Un milagro la dejó con algunas lesiones, pero con “una nueva oportunidad de vivir”. Candela pudo relatar que hacía dos meses estaba sin empleo. Previamente, para intentar compartir tiempo con su beba de dos años, había encarado un emprendimiento de venta de comidas con el cual le quedaban $4.000 por semana. No alcanzaba.

Ese tren debía conducirla a un encuentro con amigas para ver si se le abría una puerta laboral: tareas de cuidado los fines de semana y feriados en un hogar de chicos. El salario: $35.000 o $40.000 por mes. Es decir, arañar la línea de indigencia y cobrar menos de la mitad que la canasta de pobreza, según las mediciones que difundió el INDEC esta semana [1].

“Yo creo que están todos en la misma”, responde Candela ante la pregunta del periodista Ernesto Tenembaum en relación a qué pasa con sus amigos [2]. Cobran muy poco. Los que ganan un poco más están con horarios rotativos. Cuenta que la mayoría tiene un sueldo de $40.000 o $50.000 como mucho. Así es la vida de la juventud. Rebotar de un trabajo a otro. Unos meses como repositor externo en grandes cadenas de supermercados. Otros meses haciendo tareas de limpieza tercerizados. Otros pedaleando horas y horas para las aplicaciones de entrega a domicilio. Changas aquí y allá. O sufrir en los “call centers” esa guerra de guerrillas cotidiana que desatan las empresas por cada minuto o segundo para ir al baño o para descansar. ¿Estudiar? Muy difícil, con un esfuerzo terrible. Una vida sacrificada para el enriquecimiento de unos pocos.

Según estimó La Izquierda Diario, la precarización extrema alcanza al 70 % entre la juventud. En el caso de los asalariados comprende a los que cuentan con al menos una de las siguientes condiciones: no tienen descuento jubilatorio, no tienen derechos laborales en relación de dependencia como aguinaldo, vacaciones pagas, días por enfermedad, obra social o estabilidad en el puesto de trabajo o cuyo salario es menor al Salario Mínimo, Vital y Móvil. Entre los no asalariados, la estimación incluye a los cuentapropistas con salarios insuficientes (menores al salario mínimo) y trabajadores familiares sin remuneración [3].

El régimen capitalista argentino solo tiene como horizonte el empobrecimiento generalizado y la fragmentación de la clase trabajadora siguiendo el criterio de divide y reinarás. En paralelo a la desocupación que arroja a la pobreza a millones de habitantes, cada vez es más extendido el fenómeno de trabajadores y trabajadoras asalariados formales que son pobres y de los que llegan apenas a fin de mes a condición de dejar la vida en el trabajo.

La política oficial y de la oposición de convertir los planes sociales en “trabajo genuino” en realidad busca transformar a la clase trabajadora desocupada que se organiza en el movimiento piquetero y en organizaciones sociales en mano de obra barata y precarizada bajo control de las empresas o de los barones del conurbano que manejan los municipios. En el primer caso, el resultado evidente es ofrecer fuerza de trabajo barata y subsidiada en beneficio de la ganancia capitalista.

Lejos de esta perspectiva de pauperización estructural, de gestión de la pobreza sin tener miras de acabar con ella, la propuesta de reducción de la jornada laboral y el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados busca elevar las aspiraciones, las condiciones de vida de las mayorías y favorecer la unidad de la clase obrera.

Casi un siglo igual

Mientras un sector importante de la población está desocupado, subocupado y sometido a la misma miseria de no llegar a fin de mes, los que logran cubrir los consumos mínimos están sometidos a jornadas laborales interminables que le consumen los cuerpos (aunque, también resulta evidente que muchos de los que no llegan a fin de mes sufren jornadas extenuantes). Según registros del INDEC, la población sobreocupada, es decir la que trabaja más de 45 horas a la semana, supera a un cuarto del total de los ocupados: en 2020, el promedio fue 24 %; en 2021, pasó a ser el 27 %. Es decir, la recuperación económica exhibe una mayor intensidad laboral que recae sobre los cuerpos de una parte importante de los ocupados.

Argentina tiene una de las jornadas laborales legales más largas del mundo: 48 horas semanales. Esto supone como máximo 8 horas de trabajo en 6 jornadas con un día de descanso. Esta conquista de las 8 horas ya alcanza casi un siglo sin modificación desde que se implementó en 1929 a través de la Ley 11.544. No obstante el atraso económico y la dependencia en la que está inserto el país en la esfera mundial, y la decadencia de las últimas décadas, desde aquel 1929 hasta la actualidad, en estas tierras se desarrollaron la industria automotriz, la petrolera, la siderúrgica, se incrementó enormemente la productividad agropecuaria, se producen satélites, se amplió el aparato científico, entre otros avances en el desarrollo de las fuerzas productivas, pero… la jornada laboral legal sigue intacta como hace casi un siglo atrás.

La reducción de la jornada legal de trabajo a 6 horas y 5 días a la semana (30 horas semanales) sin rebaja salarial implica, en los hechos, una recuperación del 33 % en el salario por hora trabajada para todos los que actualmente tienen una jornada de ocho horas diarias. Por ejemplo, quien hoy tiene un salario de $100.000 con ocho horas diarias, recibe en promedio $625 por hora [4]. Con la reducción de la jornada laboral a seis horas diarias, el pago por hora pasaría a ser $833. Esto es lo que pone nervioso al gran capital.

Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas

La recuperación económica que experimentó la economía argentina en 2021 con el extraordinario crecimiento de 10,3 %, si bien no cambia las tendencias más profundas al estancamiento del Producto Interno Bruto (PIB) y del producto por habitante imperante hace una década, exhibe resultados que alegran los bolsillos y las cuentas bancarias de las grandes empresas. Se trata de un crecimiento que profundiza la desigualdad preexistente entre asalariados y empresarios.

Los números oficiales del INDEC grafican la situación [5]. Sin considerar el sector público, el Excedente de Explotación Bruto, una suerte de aproximación a la masa de ganancias empresarias, aumentó su participación en la riqueza generada en el país desde el 48 % en 2016 al 54 % en 2021. La contraparte es el retroceso de la Remuneración del Trabajo Asalariado que redujo su participación en la riqueza desde el 42 % en 2016 al 34 % en 2021. Esa riqueza generada es un producto de la naturaleza y del trabajo humano. Pero la clase capitalista sustenta su ganancia en el no pago de una parte del trabajo realizado por la clase trabajadora. Este es el mecanismo que le permite apropiarse e incrementar su riqueza. En 2021, en el sector privado, los números macroeconómicos indican que el trabajo pago mediante los salarios constituyó el 39 % del total de la jornada laboral y el trabajo no pago el 61 % restante, el que se queda el empresario.

Visto desde otro ángulo, en términos anualizados, cada puesto de trabajo reportó $732 mil a las ganancias empresarias: esto es lo que cada trabajador aportó, sin saberlo, al enriquecimiento de la clase capitalista. Utilizando las estadísticas para lograr un cálculo aproximado de lo que Karl Marx definió como tasa de explotación, se llega a que la tasa de explotación fue de 160 % en 2021: por cada $1 pagado por salario la clase capitalista obtuvo $1,6 de ganancia. Desde 2016, la clase empresaria mejoró notablemente las condiciones para realizar sus ganancias: el primer salto se observa con el regreso del FMI de la mano de Mauricio Macri en 2018; el segundo durante 2021 con el Gobierno de Alberto Fernández.

El retroceso de las condiciones de vida tiene expresión en la caída del poder de compra: en el sector privado registrado alcanza al 20,4 % (diciembre 2021 versus octubre de 2015); en el sector público el 27,1 % (diciembre 2021 versus octubre de 2015) y entre los informales un valor similar del 27,6 % (pero la caída se observa en un período más corto, diciembre 2021 versus octubre de 2016, que es cuando comienzan las estadísticas oficiales). Alberto Fernández no cumplió con la promesa de revertir la pérdida salarial operada durante el Gobierno de Mauricio Macri. Por el contrario, la caída siguió, aunque de forma menos acentuada.

Reducción de la jornada y reparto en las grandes empresas

En Argentina, en el período 2015-2019, las estadísticas del Ministerio de Trabajo dan cuenta de la existencia de un promedio de unas 600 mil empresas del sector privado que emplean trabajadoras y trabajadores registrados (formales). Entre esas empresas, existen unas 12 mil que son categorizadas como grandes: representan apenas el 2 % del total de las compañías que figuran en las estadísticas. La aplicación de la reducción de la jornada laboral legal de trabajo a 6 horas y 5 días a la semana (30 horas semanales) y el reparto de las horas de trabajo permitiría crear en lo inmediato más de un millón de puestos de trabajo en esas 12 mil grandes empresas del país [6].

Es decir que su aplicación en aquellas empresas que detentan el control sobre los recursos estratégicos para la producción y circulación de mercancías en el país exhibe un enorme potencial. De este modo, se puede absorber gran parte de la desocupación que en el cuarto trimestre de 2021 fue estimada en alrededor de 1,5 millones de personas ¿Cómo se llega al resultado de más de un millón de nuevos puestos de trabajo? El resultado surge de aplicar la intensidad laboral que estima la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) para todos los trabajadores ocupados a los asalariados del sector privado registrado que están empleados en esas grandes empresas.

Las mediciones de intensidad laboral que realiza la EPH del INDEC indican que entre los ocupados coexisten realidades diversas: el 13 % (promedio 2021) está subocupado, en tanto trabaja menos de 35 horas semanales; un 55 % es ocupado pleno, lo cual implica que trabaja entre 35 y 45 horas semanales; y un 27 % es sobreocupado, lo que significa que trabaja más de 45 horas semanales. Considerando estas intensidades se realizan dos supuestos. El primer supuesto es que para los ocupados plenos la intensidad laboral promedio se ubica en la mitad del rango de horas trabajadas: implica que trabajan un promedio de 40 horas semanales. El segundo supuesto es que los sobreocupados trabajan en promedio lo que indica el límite inferior del rango: implica 45 horas semanales. Aplicando esa intensidad laboral a los 3,2 millones de puestos de trabajo privados registrado (formales) que surgen de las estadísticas del Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial (OEDE) del Ministerio de Trabajo, se llega a que se pueden generar más de un millón de puestos de trabajo nuevos [7].

En el cuadro de arriba se presentan los resultados de la aplicación de la reducción de la jornada laboral y el reparto de las horas trabajadas en las grandes empresas por cada rango de intensidad laboral. Se estima que existen 1,75 millones de ocupados plenos que trabajan un promedio de 40 horas en las grandes empresas. Esto da un total de 70 millones de horas semanales trabajadas que repartidas en jornadas de 30 horas permitirían la generación de 583 mil puestos nuevos. A su vez, se estima que existen 860 mil sobreocupados que trabajan un promedio de 45 horas semanales. Esto da un total de 39 millones de horas semanales trabajadas que repartidas en jornadas de 30 horas permitirían generar otros 430 mil puestos nuevos. En total, se podrían generar más de un millón de puestos nuevos.

La aplicación de la reducción de la jornada laboral y el reparto de horas en el resto de las empresas que no son grandes, pero también en el empleo público, permitiría absorber toda la desocupación, es decir garantizar trabajo genuino a quienes hoy no tienen más alternativa que recurrir a los planes sociales para mal sobrevivir en la miseria.

La escena del crimen

La tasa de ganancia, la posibilidad de aumentar la riqueza de los dueños del mundo, está determinada por la cantidad de horas de trabajo que cada empresario logra extraer a las trabajadoras y trabajadores por encima del tiempo en que se produce el equivalente al salario. La fuerza de trabajo de la clase obrera tiene una particularidad fantástica, decía el marxista francés Daniel Bensaïd: al ser consumida por el capitalista, crea valor por encima de lo que cuesta reproducir su vida [8]. El capitalista paga al obrero, a la obrera, lo que cuesta reproducir su vida (aunque a esta “medida social” en Argentina cada vez le hacen más el “ole”), pero dispone de su tiempo todo lo que la lucha de clases le permite.

Para garantizar ese robo cotidiano de horas de trabajo las empresas manipulan, distorsionan al extremo, los límites legales de las 8 horas diarias y 48 semanales en la medida que la relación de fuerzas se los permite en cada lugar de trabajo. En la planta alimenticia que Kraft Mondelez tiene en General Pacheco, provincia de Buenos Aires, se trabaja cuarenta y ocho horas a la semana. Y a veces más debido a la necesidad de hacer horas extra. El turno noche pisa la fábrica todos los días: es que la semana comienza el domingo a las veintidós horas cuando ingresan a trabajar y concluye a las seis de la mañana del sábado siguiente. En la planta de Toyota de Zárate desde enero se implementó un nuevo régimen de trabajo pactado con el mandamás del SMATA, Ricardo Pignanelli: trabajar los sábados se convirtió en obligatorio. No son excepciones, el fenómeno es generalizado.

Bensaïd dice que Karl Marx como un investigador, como una suerte de Sherlock Holmes, siguió el rastro de ese crimen cotidiano, ese robo de trabajo no pago que hacen los empresarios. La escena del crimen son las fábricas, las oficinas, todos los lugares donde se contrata trabajo ajeno ¿Cuánto tarda un obrero automotriz en producir el equivalente a su salario? En las empresas alimenticias ¿en cuántas horas de trabajo se producen las galletitas, las golosinas, necesarias para cubrir las remuneraciones de las trabajadoras y trabajadores? Son secretos guardados bajo siete llaves por las grandes corporaciones.

Probablemente, las estadísticas de INDEC estén contabilizando como sobreocupados a trabajadoras y trabajadores de Kraft Mondelez y de Toyota. Pero también a muchos jóvenes que pedalean horas y horas. O los pesqueros y mineros que exhiben la mayor de cantidad de horas trabajadas por puesto de trabajo en todo el país. El capital consume el cuerpo, las energías vitales de las obreras y obreros. El tiempo de trabajo es un divino tesoro para enriquecer a los dueños de todo.

Karl Marx graficaba muy bien el malestar que genera esa situación: “en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado” [9].

Contra ese destino, la reducción de la jornada laboral y el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados abre un horizonte para mejorar la vida de las mayorías que habitan el país. Permitiría que las y los jóvenes como Candela Salazar no estén condenados a la desocupación. No solo eso. La reducción de la jornada adquiere un sentido más profundo en la necesidad de aumentar el tiempo libre del que disponen trabajadoras y trabajadores, no sólo para sus propias vidas (por ejemplo, para desarrollar las artes o el ocio recreativo), sino también para que puedan ejercer funciones de carácter colectivo, como de control y gestión de la economía y la vida social ¿por qué la clase trabajadora debería aceptar no disponer de tiempo más que para ser objeto de explotación?

Trabajadores pobres

El sociólogo francés Christian Topalov es sus estudios de la urbanización capitalista analiza los efectos del estatuto de mercancía de la fuerza de trabajo que el trabajador ofrece en el mercado de trabajo [10]. Dice que se produce una contradicción entre el valor de cambio de la fuerza de trabajo (el salario que pagan los empresarios) y las necesidades de los trabajadores.

Esa contradicción se vive de manera aguda en nuestro país. Esta realidad de trabajadores que no llegan a cubrir con su salario la canasta de pobreza es captada en las mediciones del Observatorio de la Deuda Social de la Argentina de la UCA: en 2010, los trabajadores pobres fueron el 18 % de la población ocupada mayor de 18 años; en 2021, esa cifra se elevó hasta el 28 %. En 2021, el porcentaje más alto se observó entre quienes tienen un subempleo estable: 58,2 % son ocupados pobres. Pero el porcentaje también se elevó en la última década entre quienes tienen un empleo pleno: en este segmento, los trabajadores pobres pasaron de ser el 8,1 % en 2010 a explicar el 12,6 % en 2021 [11].

Topalov analiza la contradicción antes señalada a partir de desagregar el valor de la fuerza de trabajo, es decir lo que se necesita para llegar a fin de mes, en cuatro componentes. El primer componente son los valores de uso producidos por el consumidor mismo: aquí se puede considerar la elaboración de la comida en la casa, las tareas de cuidado de menores y adultos mayores, el mantenimiento de la vivienda que realizan sus propios habitantes. El segundo componente son los valores de uso gratuitos proporcionados por los servicios públicos como, por ejemplo, la educación o la salud. El tercer componente son las mercancías compradas gracias a los subsidios públicos: podrían considerarse, entre otras, las compras con la Tarjeta Alimentar. El cuarto componente son las mercancías compradas gracias al salario.

Aunque para una realidad muy lejana, en tiempo y condiciones materiales, a la de la Argentina actual, el análisis de Topalov es útil para desarmar ese sentido común grande como el Aconcagua que se repite en los medios de comunicación, entre los libertarianos, la derecha de Juntos por el Cambio y hasta permea a sectores del Frente de Todos: que los que reclaman por sus derechos frente al Estado que los hambrea, que los expulsa del sistema, no quieren trabajar. ¿No será, al revés, que trabajan mucho en tareas de cuidado de menores y adultos mayores, en preparar la comida para les pibes en los comedores, haciendo changas y, sin embargo, no les alcanza para vivir? Eso le explicó, semanas atrás, Vivi, integrante del Polo Obrero de Hurlingham, a un pedante “periodista” de A24 que ni siquiera supo reconocer los oficios que la compañera le explicaba que tenía su familia, con los cuales, aun así, no lograban llegar a fin de mes.

Avance tecnológico: un producto colectivo

La propuesta de la reducción de la jornada laboral a 6 horas diarias y 30 horas semanales, junto con el reparto de las horas trabajadas entre ocupados y desocupados, tiene por fundamento recuperar para el beneficio de las mayorías trabajadoras los resultados de los avances tecnológicos y en el desarrollo de las fuerzas productivas. En los Grundrisse, Karl Marx explicaba que los grandes avances de las fuerzas productivas (los ferrocarriles, las máquinas, hoy podríamos agregar la producción robotizada, la inteligencia artificial) son un producto de la acción humana mancomunada, de la industria humana. Es el conocimiento general (general intellect) el que controla el proceso de la vida social [12].

Gracias a la maquinización, y más recientemente al enorme desarrollo tecnológico, cada vez se produce más en menos tiempo. La tendencia histórica es al aumento de la productividad [13]. Pero se presenta una aparente paradoja: la reducción en el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir bienes y servicios no se traducen en una reducción de la jornada laboral, en más tiempo libre para toda la humanidad. Por el contrario, las maquinarias, los robots, los desarrollos tecnológicos en general, si bien son el resultado de la industria humana, del conocimiento colectivo, bajo el sistema capitalista, sus beneficios se los apropian unos pocos: son utilizados por los empresarios para aumentar la disciplina laboral, reducir los tiempos muertos y extraerle al trabajador todo el tiempo de trabajo que pueden.

Las condiciones materiales están dadas para que todo el mundo viva mejor. Por eso, la cooperación humana expresada en máquinas y nuevas tecnologías debe liberarse de las trabas que le impone la propiedad privada de los medios de producción y de cambio: los resortes estratégicos de la economía, como las grandes agroindustrias, las principales siderúrgicas y automotrices, los puertos, los latifundios, el sistema bancario, deberían pasar estar bajo el control y la gestión del colectivo de trabajadores para potenciar su desarrollo y ponerlos al servicio de las necesidades sociales.

En honor a las mártires de Chicago

El 1º de Mayo de 1886, enarbolando la consigna de “8 horas de trabajo, 8 horas de descanso y 8 horas para la recreación”, se organizó una enorme huelga que congregó a miles de asalariados en las grandes ciudades de los Estados Unidos. En Chicago la huelga paralizó el transporte y los piquetes se extendieron por toda la ciudad. La policía reprimió durante días las movilizaciones. Incluso reprimió un mitin pacífico. Cuando se dispersaba la multitud una bomba estalló donde estaban las fuerzas policiales dejando varios muertos y heridos. Sin pruebas detuvieron y condenaron por el hecho a ocho trabajadores que, aquí no hubo casualidad, eran los organizadores de la huelga. De ellos, cinco fueron condenados a muerte, dos a cadena perpetua y uno a quince años de prisión.

El planteo de reducción de la jornada laboral sin reducción del salario y reparto de las horas de trabajo claramente afecta a las sagradas ganancias que la clase capitalista defiende con uñas y dientes. Pero su implementación ni siquiera insumiría, en términos contables, toda la ganancia que obtienen actualmente. Pero no se trata de un problema contable. La jornada de las 8 horas de trabajo se conquistó con luchas históricas de la clase trabajadora, pero nunca logró poner fin a la desocupación. El ejército industrial de reserva es una necesidad del capitalismo.

La existencia de ese ejército de desocupados crónicos e indigentes, es una suerte de amenaza latente, una soga al cuello, que las empresas agitan como extorsión contra los que sí tienen empleo para obligarlos a agachar la cabeza frente al deterioro del poder de compra del salario, las jornadas extenuantes, la mayor intensidad en el ritmo de producción u otros cambios regresivos en las condiciones laborales. Y, claro, también para buscar imponer una contrarreforma laboral más amplia. Es lo que esgrimen, en cuanta oportunidad tienen, desde Juntos por el Cambio y los libertarianos. Por su parte, el gobierno del Frente de Todos, que rechaza de palabra reformas laborales, deja que avancen por la vía de los hechos, lugar por lugar, como ocurrió con el reciente cambio en el régimen laboral de Toyota.

La propuesta de reducción de la jornada laboral también apunta, como se dijo, a recuperar el poder de compra del salario en tanto se plantea sin rebaja salarial, lo cual implica, en los hechos, una recuperación del 33 % en el salario por hora trabajada para todos los que actualmente tienen una jornada de ocho horas diarias. Además, está indisolublemente ligada al planteo de que nadie gane menos que lo que cuesta la canasta familiar, que ATE Indec estimó en $145 mil para el mes de marzo. Asimismo, comprende la obligatoriedad de registración de los trabajadores, la estabilidad laboral con la incorporación a la planta permanente bajo el convenio más favorable de cada rama para terminar con toda forma de precarización.

Bajo estos requisitos, la reducción de la jornada laboral exige no solo, obviamente, una lucha organizada de la clase trabajadora, sino que incluso su conquista parcial hará necesario un control de los trabajadores en los lugares de trabajo para evitar las previsibles maniobras patronales. Arrebatar ese divino tesoro que es el tiempo de trabajo de la mano de los explotadores es un paso clave en la perspectiva de poner el conjunto de las fuerzas productivas al servicio de quienes producen y no las revés, como ocurre en el capitalismo.

El horizonte de conquistar una reorganización social integral de las fuerzas productivas en función de las necesidades sociales y donde la jornada de trabajo tienda a reducirse al mínimo necesario gracias al desarrollo de la ciencia y de la técnica, y donde desaparezca la desocupación y el trabajo precario, requiere el poder de los trabajadores y la derrota de la clase capitalista (los capitalistas individuales podrán integrarse en esa nueva sociedad de acuerdo a sus capacidades, sin explotar trabajo asalariado). Pero el planteo que hace la izquierda no exige a los trabajadores que sea tomado en su perspectiva final, pero sí clarifica las perspectivas de la lucha propuesta. En las vísperas de un nuevo 1º de Mayo este planteo hace honor a los mártires de Chicago.


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NOTAS AL PIE

[1Para el mes de marzo, la canasta básica alimentaria, utilizada para mediar la indigencia, fue valorada en $39.862 para un hogar de cuatro integrantes. La canasta básica total, utilizada para medir la pobreza, costó $89.690 para un hogar de cuatro integrantes. Informe disponible en: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/canasta_04_22D58A77C6D4.pdf.

[2La entrevista completa se puede escuchar acá: https://ar.radiocut.fm/audiocut/candela-salazar-radio-con-vos/.

[3Camila Chiappero y Clara López (5/8/2021), “Informe especial: más del 70 % de les jóvenes trabajan en condiciones de precarización extrema”. Disponible en: https://www.laizquierdadiario.com/https-carga-laizquierdadiario-com-Informe-especial-mas-del-70-de-les-jovenes-trabajan-en-condiciones-precarizacion-extrema.

[4Se hace el supuesto de que se trabaja 4 semanas de 40 horas al mes.

[5INDEC (12/04/2022), “Cuenta de generación del ingreso e insumo de mano de obra. Cuarto trimestre de 2021”. Disponible en: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/cgi_04_225023F8C53A.pdf.

[6Según parámetros del Ministerio de Desarrollo Productivo (que conduce Matías Kulfas), las grandes empresas son aquellas que facturan más de $1.928 millones anuales en el sector construcción; más $1.439 millones en los servicios; más de $5.495 millones en el comercio; más de $7.047 millones en la industria y la minería; más de $1.626 millones entre las agropecuarias. Es decir, se trata de empresas con mucha espalda. Pero en la categoría de empresas que son consideradas MIPyMES (es decir que facturan menos que los niveles indicados) no se encuentran simplemente quioscos, almacenes, panaderías o pequeños talleres, sino que también figuran empresas con facturaciones millonarias.

[7En realidad, las estimaciones subestiman la potencial creación de puestos de trabajo, en tanto que en el rango de sobreocupados hay una parte (probablemente la mayor) que trabaja más de 45 horas semanales. Por otro lado, no se considera la potencial creación de puestos de trabajo en el rango de los subocupados que trabajan más de 30 horas semanales porque no se puede distinguir en las estadísticas del INDEC.

[8Daniel Bensaïd, Marx ha vuelto, Buenos Aires, Edhasa, 2011.

[9Karl Marx, Manuscritos Económicos y filosóficos de 1844. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/manuscritos/man1.htm.

[10Topalov, Christian (1978), La urbanización capitalista: algunos elementos para su análisis, Buenos Aires, Mimeo, UBA. Versión digital: https://leerlaciudadblog.files.wordpress.com/2016/05/topalov-la-urbanizacic3b3n-capitalista.-algunos-elementos-para-su-anc3a1lisis.pdf.

[11Observatorio de la Deuda Social Argentina (diciembre 2021), “Crisis del empleo, pobreza de ingreso y privaciones sociales estructurales. Argentina urbana 2010-2021”. Disponible en: https://wadmin.uca.edu.ar/public/ckeditor/Observatorio%20Deuda%20Social/Presentaciones/2021/2021-Observatorio-Informe_Resumen_7Dic_Divulgacion.pdf.

[12“La naturaleza no construye máquinas, ni locomotoras, ferrocarriles, electric telegraphs, selfacting mules, etc. Son éstos, productos de la industria humana: material natural, transformado en órganos de la voluntad humana sobre la naturaleza o de su actuación en la naturaleza. Son órganos del cerebro humano creados por la mano humana; fuerza objetivada del conocimiento. El desarrollo del capital fixe revela hasta qué punto el conocimiento o knowledge social general se ha convertido en fuerza productiva inmediata, y, por lo tanto, hasta qué punto las condiciones del proceso de la vida social misma han entrado bajo los controles del general intellect y remodeladas conforme al mismo. Hasta qué punto las fuerzas productivas sociales son producidas no solo en la forma del conocimiento, sino como órganos inmediatos de la práctica social, del proceso vital real”. Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858, volumen 2, México, Siglo XXI, 1972, p. 230. Los términos en inglés son del original.

[13Nos referimos a tiempos históricos largos. El panorama actual muestra una economía mundial donde prima el estancamiento desde la salida de la crisis de 2008-2009, ahora agravado por las dificultades de la economía post pandémica. La tendencia al estancamiento de la productividad del trabajo puede hallarse incluso antes, desde la década de 1970.
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Pablo Anino

@PabloAnino
Nació en la provincia de Buenos Aires en 1974. Es Licenciado en Economía con Maestría en Historia Económica. Es docente en la UBA. Milita en el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Es columnista de economía en el programa de radio El Círculo Rojo y en La Izquierda Diario.
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