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El secuestro de la libertad creativa en el arte

Bajo el capitalismo, la mayoría de la producción artística se somete a su mercado, a los grandes monopolios y no existe una creación artística libre, autónoma ni que abogue por una transformación radical del orden existente.

Martes 22 de junio | 11:21

La creación artística es condicionada por un determinado desarrollo histórico, a cada época corresponden distintas formas de producirla. Con el paso del tiempo y de los fenómenos sociales también cambia el concepto del arte. Esto, como tal, no limita su carácter creativo, las personas no pueden sino encontrar el material para su creación artística en el medio social en el que viven, al intervenir un objeto y darle una nueva forma, al imprimirle su propio sello, su rasgo particular, están también creando. En este sentido toda creación auténtica se convierte en un objeto artístico y abona a su cultura y transformación de la misma.

Las épocas con mayor intensidad social han hecho surgir grandes vanguardias artísticas. Los llamados “ismos” en la primera guerra mundial con su profundo rechazo a la guerra y a la cultura burguesa son un ejemplo de ello, hablamos del surrealismo por mencionar alguno. Es decir, muchas veces, el arte ha estado de la mano de propuestas liberadoras, se ha posicionado en clave política ante injusticias, e inclusive, ha tenido un papel activo en momentos álgidos de la lucha de clases. Un ejemplo de eso es el muralismo mexicano y su contenido combativo y popular.

Una situación latente que hay que tomar en cuenta es que, en el capitalismo, la fuerza de trabajo se vuelve una mercancía, es ahí donde lo personal de la obra de arte deja de tener interés. Lo impersonal (cuando la obra de arte se convierte en mercancía) toma el valor. Al modo de producción sólo le interesa la obra de arte en medida en que entra al proceso de distribución y circulación, no le interesa el valor de uso propio del producto del artista. Diego Bruno explica esta situación con esta frase: “Así como el obrero no puede ser un artista como obrero porque el mismo ha sido reducido a una mercancía, de la misma manera un artista no puede ser artista plenamente porque le es más difícil y tortuoso subsistir sin ser captado por las leyes del mercado”.

Teniendo como punto de referencia que, el arte, para desarrollarse libremente y generar una transformación debe estar fuera de condicionamientos, vemos que dentro del capitalismo esto se vuelve una tarea nada fácil.

El artista está sometido a gustos, preferencias, ideas y nociones estéticas de quienes influyen en el ámbito artístico. En la medida en que se producen obras de arte destinadas a un circuito comercial que las absorbe, el artista no deja de prestar atención a las exigencias de este mercado, algunos por mera sobrevivencia y otros por mantener sus privilegios.

Dichas exigencias afectan muchas veces, tanto el contenido como la forma de una obra de arte, poniendo por consiguiente limitaciones al artista, ahogando su potencial creativo, su individualidad y haciendo de la obra, un objeto de perpetuación ideológica que reproduzca en el imaginario colectivo la idea de que el status quo se encuentra en perfectas condiciones.

Por lo ya mencionado, el gran mercado artístico (monopolio del espectáculo, galerías élite de arte, enormes comercializadoras de arte) funciona hoy como un disciplinador de la libertad creativa, dirigiéndola y condicionándola según las necesidades del negocio artístico, el mercado capitalista, por su propia naturaleza, no reconocerá el valor, el esfuerzo y compromiso impregnado en cada producción artística. Es por ello que en estos tiempos la obra creativa autentica implica un profundo cuestionamiento a esta lógica de producción y distribución, una potente protesta y, dada la crisis de la sociedad burguesa, el arte no puede mantenerse al margen, quienes pueden producirlo seguirán como artistas, quienes no, tendrán que emplearse en otros rubros.

Para que sin importar su estilo, las diferentes expresiones de cultura puedan desarrollarse, es necesaria la lucha más general contra el régimen económico-político-social que aleja a las amplias capas de la población del arte crítico, propositivo, que exprese la realidad de un acontecimiento y no que lo falsee; es necesaria la coordinación de las y los trabajadores del arte y la cultura para que no nos nieguen las posibilidades humanas de una actividad libre y creativa y/o de posicionarnos políticamente ante la opresión y explotación capitalista

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Los artistas, como el conjunto de los trabajadores explotados, debemos organizarnos en clave anticapitalista por el libre desarrollo de la actividad creadora, optando por la ruptura con la ideología dominante y buscando por todos los medios la emancipación plena de la humanidad.






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