Cultura

El santo homo-erótico de la Iglesia católica

El pasado 20 de enero se celebró el día de San Sebastián y sectores de la comunidad sexogenérica no dejaron pasar esta fecha para compartir imágenes de diferentes artistas visuales del llamado “santo de la homosexualidad”.

daniel sputnik

@daniel_sputnik

Martes 24 de enero de 2017

El pasado 20 de enero se celebró el día de San Sebastián y sectores de la comunidad sexogènerica no dejaron pasar esta fecha para compartir imágenes de diferentes artistas visuales del llamado “santo de la homosexualidad”. En este texto analizaremos un poco de la iconografía que este personaje de la iglesia católica tiene sobre nuestra comunidad, en el arte, los derechos y la transgresión además de cómo un icono religioso se convierte en un símbolo de prácticas de erotismo.

Nacido en Milán en el año 263 hijo de militares y nobles se mudaría a Roma para unirse al ejército, debido a su talento, sería llamado a unirse al equipo de guardaespaldas del emperador romano Diocleciano, esto según la historia oficial. Investigaciones de historiadores de la universidad de Sevilla no descartan, según evidencias, una muy probable relación amorosa y clandestina entre el Emperador y Sebastián, algo que la iglesia católica en su afán por relegar a la comunidad sexodiversa niega rotundamente.

Mandado matar por el mismo Emperador y probable amante bajo las acusaciones de practicar el cristianismo y la conversión a la misma fe, fue condenado a morir a punta de flechas; interpretación visual que hasta el día de hoy se sigue explotando como icono de diferentes prácticas erótico afectivas de la diversidad.

Entre los años 527 y 565 se cree que se realizó la primera obra donde se retrataba dicha condena de muerte; desde esas fechas a San Sebastián se le ha plasmado atado a un poste de madera, totalmente desnudo, solo con un taparrabo y una mirada donde pareciese extasiado por la divinidad del dios o bien por alguna especie de placer sexual, según las interpretaciones claro.

Para inicios del siglo pasado, en 1907 vemos una de las primeras interpretaciones modernas de este santo, de la mano del fotógrafo Fred Holland Day; retratando a un joven moreno, de ondulado cabello castaño y una musculatura muy marcada para su época. Así se comienza con las interpretaciones eróticas, mostrándolo con una expresión de sumo placer sexual y una ligera erección que se deja ver, de manera planeada a través de su diminuto taparrabo; algo muy atrevido para la época.

Llegamos a la década de los 60 y Kishin Shinoyana da una muestra de su fotografía y propia interpretación del santo que protagoniza este texto, esta vez con las manos atadas sobre la cabeza nos da una alusión a las prácticas sadomasoquistas sumado a un modelo con vello corporal, algo nuevo en las alusiones a San Sebastián.

Ya encarrerada la lucha por los derechos de la sexodiversidad en 1980 los artistas plásticos Pierre et Gilles, famosos por sus collages que retratan el cuerpo desnudo recrean la escena de la muerte de San Sebastián, esta vez, ya de manera abiertamente homosexual no solo hacen referencia a la diversidad, sino también lanzan una fuerte crítica a la homofobia en la marina; con un mayon blanco y sombrero de marino lo retratan frente a un fondo donde mezclan flores, mar, barcos, objetos marinos y palomas blancas; otra de sus interpretaciones ya en este siglo es un Sebastián sin playera y lleno de tatuajes de rosas rojas y con rosas blancas en cada lugar donde las flechas se incrustan en su cuerpo, acompañado con una corona de espinas a manera de aureola, en vez del clásico taparrabo se observan unos jeans morados a medio abrir, con cadenas, símbolos de la paz y joyería de fantasía; esto en representación a la tentación sexual, como protesta hacia la violencia sexodiversa y la superficialidad de muchos miembros de la diversidad.

Por último ejemplo, encontramos el de Ted Fusby en 2001, pintor que retrata a este santo totalmente desnudo y con el famoso piercing “príncipe Alberto” (perforación semicircular donde la pieza de metal entra por la uretra y sale por el área del frenillo del prepucio).

Si bien la Iglesia Católica no reconoce a San Sebastián como el santo de la homosexualidad es interesante como lo hemos adoptado no como una figura de culto religioso, sino como un icono de la sexualidad, erotismo y violencia hacia la comunidad LGBTTTQIA y más aún, es tema de reflexión cómo un personaje de una de las instituciones capitalistas más poderosas, como lo es Catolicismo, puede ser objeto de tantas y tan variadas interpretaciones para reflejar la sexualidad e inquietudes de un colectivo que entre muchos agresores directos, la iglesia sigue siendo una de las principales amenazas hacia nosotros.






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