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Red Internacional

Reforma Educativa. El “repliegue táctico” de la CNTE y las tareas del movimiento magisterial

El retroceso del movimiento magisterial ha permitido al gobierno pasar nuevamente a la ofensiva, frente a lo cual necesitamos una política para defendernos y reorganizar nuestras fuerzas.

A pesar del importante debilitamiento del movimiento magisterial que significó el retroceso de la lucha en la Ciudad de México y posteriormente el regreso a clases en Oaxaca, el viernes pasado los maestros de Chiapas definieron en asamblea estatal continuar con el paro de labores iniciado el 15 de mayo, en demanda de la abrogación de la reforma educativa.

En ese marco, en su Asamblea Nacional Representativa de este sábado, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) acordó continuar con el movimiento a través de distintas modalidades, de acuerdo con las posibilidades de cada estado, expresándose de esta manera el “repliegue táctico” del movimiento definido por la Coordinadora la semana pasada.

El problema es que como parte de este denominado “repliegue”, el levantamiento del paro en Oaxaca genera un escenario adverso para Chiapas, -donde el movimiento dio importantes avances de combatividad y formas de organización, pues la deja totalmente aislada frente a las amenazas de represión del gobierno.

En el fondo, dicho repliegue es el resultado de una política conservadora de la dirección de la CNTE, producto de sostener que en las mesas de diálogo se podía resolver lo que debía conquistarse en las calles, depositando más confianza en las negociaciones con el PRI que en el potencial de los trabajadores y sectores populares unidos y organizados. Es también el resultado de que, en los hechos, las direcciones sindicales que se reclaman “opositoras” abandonaron al magisterio y no convocaron al Paro Nacional, cuando en amplios sectores de sus bases predominaba el sentimiento de apoyar activamente a los maestros.

El gobierno a la ofensiva

Tras utilizar las mesas de negociación con la CNTE para “administrar el conflicto” y desgastar la lucha magisterial, el gobierno aprovecha el retroceso del movimiento para pasar a la ofensiva, con miles de despidos, persecución y acoso en las escuelas. Es parte de esto el avance del PRI entre sectores de padres de Oaxaca, la realización de “Foros” (que no resuelven nada) para simular una consulta sobre el nuevo modelo educativo y mayor represión, como ocurrió en la madrugada de este domingo con el desalojo del plantón magisterial en el zócalo de Oaxaca, así como el reposicionamiento del secretario de educación, Aurelio Nuño, que desapareció de escena después de la masacre de Nochixtlán.

En este contexto es que Nuño sigue repitiendo que no habrá diálogo con la CNTE si no hay regreso a clases en todos los estados y que, en ese supuesto “diálogo” basado en amenazas y despidos, no se tocaría el tema de la abrogación o de modificación alguna de la reforma educativa.

A lo anterior se suma el anuncio de recortes al gasto en educación, salud, cultura, ciencia y tecnología para destinar mayor presupuesto al pago de la deuda, mientras se preservan los sueldos millonarios de los altos funcionarios y se prepara la privatización de la educación pública de la mano del programa Escuelas al CIEN.

A reorganizar nuestras fuerzas

A lo largo de casi cuatro meses, cientos de miles de trabajadores de la educación salimos a las calles en unidad con padres de familia y sectores populares para luchar por la abrogación de la reforma educativa, con paros en varios estados y numerosas muestras de solidaridad nacional e internacional.

Si una importante lección podemos sacar de esta lucha, es que para echar abajo la reforma necesitamos una política propia de los trabajadores, independiente del Congreso y de sus partidos, que quieren contener nuestro descontento llamando a no crear inestabilidad al régimen al cual pertenecen. Necesitamos una política de confianza en la unidad magisterial, obrera y popular, para alcanzar una fuerza mucho mayor que la que pudimos conseguir hasta ahora, soldando la unidad de nuestras filas incluso más allá de la CNTE, incorporando a los padres como sujetos con voz y voto para decidir junto a las bases magisteriales el rumbo del movimiento, y apelando a la solidaridad de los sindicatos que se reclaman democráticos para movilizarse junto a nosotros y organizar el paro nacional.

Todo sin depositar un gramo de confianza en el gobierno ni en las instituciones del régimen, como ahora que la CNTE explora la “vía legislativa” para impulsar una iniciativa ciudadana de la mano del PRD.

Durante el curso del movimiento, desde la Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase propusimos el impulso de un Encuentro Nacional de sindicatos, organizaciones y sectores en lucha para discutir un plan de acción unificado y ponerle fecha al paro nacional; mientras para la Ciudad de México propusimos realizar una Asamblea Metropolitana para soldar las tendencias a la unidad entre maestros de todos los niveles de educación básica, padres de familia y vecinos que se expresaban en las delegaciones y regiones, y decidir desde abajo, mediante la discusión democrática, los pasos a seguir. l

Sin embargo, el resultado de la política que ha tenido la dirección de la CNTE, hoy nos aleja de la posibilidad del paro nacional, y ante el retroceso general de la lucha y la amenaza de represión sobre Chiapas, es necesario que los sectores que nos mantenemos activos nos dotemos de una política independiente que no deposite ninguna confianza en el Congreso, retomando las propuestas de Asamblea Metropolitana y Encuentro Nacional para reorganizar nuestras fuerzas, defendernos frente a la represión, recomponer el movimiento y discutir de conjunto un plan de lucha nacional.

Para el triunfo del movimiento es decisiva la incorporación de más sectores de trabajadores a esta lucha. Desde los sindicatos que son parte de la Nueva Central de Trabajadores hasta los que son afiliados a la Unión Nacional de Trabajadores, el Sindicato Minero Metalúrgico, el sindicato independiente de los jornaleros de San Quintín, los diversos movimientos obreros de la frontera de Ciudad Juárez, junto al apoyo de las organizaciones de derechos humanos, los intelectuales democráticos, el movimiento estudiantil y de mujeres, las organizaciones sociales y de izquierda, son las fuerzas que necesitamos activar en las calles para derribar, junto al magisterio, la reforma educativa.


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