Mundo Obrero México

REZAGO Y DESERCIÓN ESCOLAR

El estrés de las clases en línea

Estudiantes de todos los niveles han expresado nerviosismo y angustia ante el casi nulo aprendizaje educativo, lo que aporta al rezago y la deserción.

Diana Bruja Palacios

Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Miércoles 20 de enero | 14:19

La educación a distancia –con sus diversas modalidades– debe entenderse como un acompañamiento y no como la sustitución de las clases presenciales. Estudiantes de todos los niveles han expresado el cambio drástico de sus hábitos alimenticios, de sueño y de estudio causados por el estrés de la crisis sanitaria y económica, que deriva en cefaleas intensas y problemas de salud más graves.

Existe un alto incremento de contagios, que ya cuenta con 143 mil muertes y más de 1.6 millones de inoculados, según cifras oficiales; recordemos que el estrés baja las defensas indispensables para nuestra salud, pues son las que nos protegen de posibles infecciones. Si disminuyen los leucocitos o glóbulos blancos, aumenta el riesgo de contagio.

Para las madres, padres, tutores y docentes no es muy diferente. Por más que, siendo adulto tengamos mayor capacidad de resiliencia y logremos mantener la concentración durante el proceso de aprendizaje-enseñanza, en la vía de los hechos, se nos exige que “apoyemos” a nuestros hijos o estudiantes (según sea el caso, hay quienes hacemos ambas cosas, pues somos madres y profesoras) con la elaboración del material audiovisual, grabando videos, sacando fotografías, entregando evidencias de cada asignatura; cargándonos de más trabajo y sin seguridad sanitaria ni económica, incrementando el estrés constante en el que ya vivíamos.

Ante esto, estudiantes, docentes, madres y padres de familia, ya presentan enfermedades relacionadas con el cansancio extremo, la fatiga, la ansiedad y el ánimo depresivo que se manifiestan en llanto, incertidumbre, problemas cardíacos o neuronales, acrecentado con esta modalidad educativa que exige alcanzar los aprendizajes esperados impuestos por la autoridad federal, en este caso la SEP, sin que aporte a mejorar la calidad de vida ni personal ni colectiva.

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Tutores y docentes asumen el costo financiero

El cierre obligado de las escuelas por la crisis sanitaria llevó al uso masivo de Internet, que cada familia debió asumir por más que haya miles de personas despedidas por la crisis económica profundizada por la pandemia, pero que se reflejaba desde antes con el llamado a la “austeridad republicana” donde algunos altos funcionarios prefirieron despedir a los trabajadores en lugar de reajustar su salario de cientos de miles de pesos.

Para las y los trabajadores de nuestra clase es necesario doblar turno que permita cubrir los gastos personales, familiares, pero también los laborales sin que el Estado, a través de la autoridad federal, ni los grandes empresarios asuman su responsabilidad, pues es su obligación garantizar todos los insumos y herramientas necesarias que permitan llevar adelante esta nueva modalidad, toda vez que impusieron la educación a distancia.

Con el incremento del estrés ante el riesgo latente de quedar desempleados por la crisis económica actual, los recortes a nuestros salarios, el aumento de las jornadas laborales que atenta contra nuestro contrato colectivo de trabajo, ¿por qué las y los obreros, profesores, madres y padres o tutores, estudiantes, además debemos asumir el costo financiero para resolver un asunto que es, meramente, responsabilidad de Estado?

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Repensemos el sentido de la educación

Recapacitemos que la educación es una base formativa fundamental de la sociedad, por lo que el gobierno está consciente de los problemas educativos, sólo que la educación pública no es su prioridad. Somos los expertos educativos (docentes de base), junto con el resto de la comunidad escolar, quienes debemos definir, democráticamente, qué hacer frente a la situación actual.

Nuestro objetivo no debe implicar meter más estrés en las vidas de los estudiantes, tampoco debiera ser que logren los aprendizajes esperados de un plan y programa de estudios que poco tienen que ver con la realidad actual.

En su lugar podríamos llevar a cabo actividades de contención donde las autoridades les otorguen libros de poesía, novelas, cuentos, música de calidad, material suficiente para que tengan actividades artísticas como pintura, dibujo, que escriban textos donde plasmen sus inquietudes ante esta realidad, que expresen cómo sobreviven, por ejemplo, y qué salidas deben enfrentar ante los problemas que están intentando resolver desde sus hogares.

Que dichas actividades sean para los que puedan y que no se discrimine a quienes no lo logren; sobre todo, que no sea un pretexto para ponerles una calificación que no representa, absolutamente, ni su nivel de inteligencia ni sus aprendizajes alcanzados, pues ningún estudiante debería ser en estas circunstancias.

Así mismo, para terminar con la simulación, exijamos Internet gratuito, aparatos suficientes para cada estudiante, condonación del pago de la luz eléctrica, pero también subsidios para las familias más precarizadas, ilegalización de los despidos durante la pandemia y salarios dignos.

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