×
×
Red Internacional

ANIVERSARIO LUCTUOSO DE LEÓN TROTSKY.El encuentro de Breton y Trotsky en México

La siguiente ponencia fue leída en la presentación del libro "El encuentro entre Breton y Trotsky en México”, en las instalaciones de la Casa Museo León Trotsky, en Coyoacán, Ciudad de México el pasado 27 de agosto de 2016.

Martes 30 de agosto de 2016 | 01:01

En 1947 el rabino comunista Jacob Taubes, amigo de Walter Benjamin, discípulo de Carl Schmitt y rival de Gershom Scholem, publicó una enigmática tesis doctoral sobre la tradición apocalíptica en donde se interpreta a Karl Marx como el último realizador de la tradición radical de los profetas. De la tesis de Taubes extrajimos las siguientes palabras, que contienen una hermosa alusión a León Trotsky, y pueden servir como apertura para el comentario de este libro que recoge las huellas plenas de promesas de dos peregrinos que se cruzan en México. Dichas palabras, a decir de Taubes, quieren explicar “la esencia trágica de la auténtica revolución”.

Sin embargo, se revela asimismo la esencia trágica de la auténtica revolución En la medida en que ésta aspira al télos absoluto, debe ir más allá de toda forma. Y aun así la u-topía sólo puede hacerse realidad en una topía. El principio revolucionario impulsa incansablemente de forma en forma. Toda realización pone en peligro la pretensión absoluta del télos. Así, a partir del carácter absoluto de la aspiración, se alcanza la situación de la revolución “permanente”. La intranquilidad del principio se comunica a sus agentes. Impulsa a los profetas y apocalípticos de sitio en sitio. Los numerosos peregrinajes de Jesús causan grandes dificultades a los exégetas. Tampoco se verían las cosas con profundidad si se dijera que los eternos peregrinajes de los revolucionarios modernos se deben sólo a las órdenes de deportación de a policía. Tras los primeros planos racionales y las legalidades momentáneas se oculta un destino.1

Para Taubes, el tiempo del mundo no es sino la pausa abierta momentáneamente entre dos eternidades: la eternidad de la creación y la eternidad del fin de los tiempos. El tiempo de nuestro mundo corre fatalmente hacia la muerte, pero la posibilidad de la vida auténtica aparece en los entresijos del tiempo del mundo, en pequeñas experiencias de lucha, organización, encuentro con la comunidad y revelación de la belleza que son entradas de la eternidad donde se actualiza el pasado más allá del pasado y emerge la premonición de un futuro diferente de nuestro futuro. Dichos momentos actualizan la promesa de una justicia y una vida radicalmente digna cuya posibilidad parece siempre recusada en este mundo –nuestro mundo-, y marcan la posibilidad de un interdicto de la ley del mundo: el nomos que organiza las relaciones entre los seres humanos, pero también el nomos de la naturaleza. Ésa es la estructura fundamental de la sensibilidad apocalíptica, heredada por la tradición revolucionaria, que impulsa trágicamente a sus cultores a una peregrinación eterna de lugar en lugar y de proyecto en proyecto; que le s impide conformarse con su tiempo, y los obliga una y otra vez a recusar la ley que organiza ese tiempo, y que es ley de muerte, en nombre de una ley de vida, siempre irrealizable en su totalidad, pues remite a la eternidad.

Esa apertura al infinito de una posibilidad de vida humana dignificadora e inesperada caracteriza también al surrealismo, y por ello su arte celebratorio de la luz secreta que vive en cada individuo fue entendido por sus practicantes como un hecho político. “Toda la ambición del surrealismo estriba en proporcionar al método dialéctico posibilidades de aplicación que en modo alguno se dan en el campo de lo consciente más inmediato”,2 escribió Breton en el Segundo manifiesto del surrealismo, uno de los muchos documentos compilados en este libro magnífico que demuestra que a mejor investigación académica no siempre se hace en las universidades ni tiene necesariamente que ver con el academicismo; este libro, la mejor recopilación sobre el encuentro mexicano de Breton y Trotsky, fue realizado por un equipo generoso de sabios jóvenes que participan de la universidad invisible de la militancia y la conspiración, y tiene un rigor y un grado de cuidado que debería causar la envidia de los investigadores de nuestras universidades. Los editores de este libro saben que construir conocimiento es fundamental si se quiere transformar el mundo, y por ello son rigurosos. Hay que celebrar este libro porque nos entrega, puesta en práctica, una concepción militante del saber y del trabajo artesanal del investigador.

Y es que, como dice Trotsky en el borrador del Manifiesto por un arte revolucionario independiente, en el arte, la ciencia y “la búsqueda del ideal social bajo su forma más elevada” hay algo “parcialmente irreductible” a las condiciones económicas de la vida .3

La revelación momentánea y parcial de la eternidad de la que hablaba Taube ocurre en estos ámbitos nombrados por Trotsky, y permite que ellos traduzcan “aspiraciones distintas, fundamentales, capaces de reaccionar sobre la base de la necesidad material y de proporcionar algunos elementos contrarios de apreciación”.4 Por ello debe garantizarse la libertad en la creación. Esa libertad es condición de posibilidad para el descubrimiento de los proyectos inesperados de mañana. A decir de Trotsky, es el único antídoto contra lo que él llama “fatalismo”. Porque en el delirio del arte, a decir de Trotsky y Breton, aparece el fruto de un “azar precioso” que es, en realidad, “una manifestación más o menos espontánea de la necesidad”.5

Algo parecido había escrito Mariátegui quince años atrás, en una serie deslumbrante de artículos en defensa del carácter revolucionario de la imaginación y la necesidad política de la fantasía, que vuelve explícita la posibilidad que ha madurado “en la entraña oscura de la historia”,6 y por ello puede ser más realista que lo que usualmente llamamos “realismo”: no habla sólo de la realidad positiva, gris y chata de lo que la realidad ha sido, sino de la realidad potencial que se hace manifiesta en este presente y estas condiciones.

Es la realidad del sueño despierto que hoy somos capaces de soñar. Pues la reconstrucción completa y radical de la sociedad a la que aspiraba (y aspira) el comunismo tiene un objeto superior al de dar alimento y trabajo a los seres humanos; ella asume que la humanidad es algo más digna que una piara de cerdos que para ser felices sólo necesitan comida, lodo refrescante y sombra para conciliar el sueño (lo escribo con perdón de los cerdos: ellos seguro tienen una idea de la dignidad de la vida mucho más alta que nosotros).

El comunismo aspira a “una liberación de la creación intelectual de las cadenas que la atan” que permitirá “a toda la humanidad elevarse a las alturas que sólo genios solitarios habían alcanzado en el pasado”.7 El arte expresa “el derecho de la clase explotada a aspirar a un mundo mejor, todo sentimiento de grandeza e incluso de dignidad humana”.8

Por ello hay que luchar contra el totalitarismo que, bajo la forma estalinista, democrática imperialista o fascista, ha intentado domesticar la llamada “personalidad artística” y domar el inquieto impulso profético que permite a la humanidad entrever la eternidad y caminar hacia un orden social distinto. En esto también Mariátegui era tan radical como Trotsky y Breton. Hay que luchar por la emergencia de una nueva civilización que suplante la civilización en crisis en que hoy vivimos, donde la alienación del trabajador asume la forma de “un profundo crepúsculo hostil a la emergencia de cualquier especie de valor espiritual”.9 ¿Cómo no asentir con las siguientes palabras, con que Breton y Trotsky caracterizaran la situación del arte en tiempos de totalitarismo, pero que hoy tienen el carácter de un diagnóstico de época, capaz de iluminar la miseria de nuestro arte de profesionales que medran con presupuestos públicos y privados en busca de premios, bienales, becas…, burócratas de la provocación sin curiosidad ni compromiso con lo común que han traicionado aquella función profética que vuelve al arte necesario?

…Crepúsculo de lodo y sangre en el cual, disfrazados de intelectuales y de artistas, participan hombres que hicieron del servilismo un móvil, del abandono de sus propios principios un juego perverso, del falso testimonio venal un hábito, y de la apología del crimen un placer. El arte oficial de la época estalinista [y añado: también de las que la siguieron] refleja, con una crueldad sin precedente en la historia, sus esfuerzos irrisorios por disimular y enmascarar su verdadero rol mercenario.10

Por eso creo que hay que celebrar la salida de este libro, que le arrebata el surrealismo a sus exégetas más conservadores (en México y América Latina hubo muchos); que nos recuerda que el arte más noble hoy probablemente no está siendo hecho por los llamados “artistas”; que convoca al movimiento siempre inacabado de la construcción de una sociedad digna, la única donde será posible crear de verdad ese arte. Que hay que comprarlo, regalarlo, discutirlo, leerlo en voz alta, compartirlo en círculos de estudio… Leerlo sirve para recordar que el problema de la creación libre no es, en modo alguno, un problema de museo. Tiene que ver con las urgencias del presente. Y también con las del mañana.


1. Jacob Taubes, Escatología occidental, edición de Fabián Ludueña Romandini, Buenos Aires, Miño y Dávila, 2010, pp. 30-31.
2. El encuentro entre Trotsky y Breton en México, Buenos Aires, IPS, 2016, p. 70.
3. Ibid., p. 191.
4. Idem
5. Ibid., p. 192.
6. Vale la pena leer directamente a Mariátegui: “…la imaginación, generalmente, es menos libre y menos arbitraria de lo que se supone. La pobre ha sido muy difamada y deformada. Algunos la creen más o menos loca; otros la juzgan ilimitada y hasta infinita. En realidad la imaginación es asaz modesta. Como todas las cosas humanas, la imaginación tiene también sus confines. En todos los hombres, en los más geniales como en los más idiotas, se encuentra condicionada por circunstancias de tiempo y espacio. El espíritu humano reacciona contra la realidad contingente. Pero precisamente cuando reacciona contra la realidad es cuando tal vez depende más de ella. Pugna por modificar lo que vé [sic] y lo que siente; no lo que ignora. Luego, sólo son válidas aquellas utopías que se podrían llamar realistas. Aquellas utopías que nacen de la entraña misma de la realidad. Jorge Simmel escribía una vez que una sociedad colectivista se mueve hacia ideales individualistas y que, inversamente, una sociedad individualista se mueve hacia ideales socialistas. La filosofía hegeliana explica la fuerza creadora del ideal como una consecuencia, al mismo tiempo, de la resistencia y del estímulo que éste encuentra en la realidad. Podría decirse que el hombre no prevé ni imagina sino lo que ya está germinando, madurando, en la entraña obscura de la historia” (“La imaginación y el progreso”, en Mariátegui, Literatura y estética, ed. Mirla Alcíbiades, Caracas, Biblioteca Ayacucho, 2006, p. 79).
7. El encuentro de Breton y Trotsky en México, p. 193.
8. Ibid., p. 194.
9. Idem. Sobre la postura de Mariátegui en torno de este problema civilizatorio puede leerse su ensayo “El mensaje de Oriente” y las conferencias agrupadas bajo el título Historia de la crisis mundial.
10. Op. cit., p. 194.




Comentarios

DEJAR COMENTARIO


Destacados del día

Últimas noticias