Política Internacional

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El covid-19, el actor inesperado en la ruta electoral estadounidense

Mucho se juega en las próximas elecciones estadounidenses, pero ¿Podrán superar la pandemia?

Yara Villaseñor

Socióloga - Militante del MTS @konvulsa

Lunes 4 de mayo de 2020 | 17:07

Mucho se juega en las próximas elecciones estadounidenses. Con un Donald Trump que ha fortalecido la polarización política durante sus cuatro años de gobierno, el caos del manejo de la crisis sanitaria por parte de su administración configura un escenario complejo para la contienda electoral.

Antes de la pandemia, la principal carta de Trump para su reelección era la recomposición de la economía estadounidense, en el marco de la extensión de una recesión mundial que abría la cortina para que la depresión entrara por la ventana y golpeara a los principales mercados mundiales.

Pero esta fortaleza relativa no pude ser capitalizada pues la carrera electoral hoy está puesta en cuestión en función del desarrollo de la curva de contagio del coronavirus, que tiene su principal epicentro en Estados Unidos.

Las políticas de Trump, desde sus irrisorias declaraciones, como que el cloro/desinfectante combate al virus, que generó cientos de intoxicaciones, hasta el racismo de la lógica que conduce su respuesta frente a la crisis, ignorando todas las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud o de países como China, han coadyuvado a ennegrecer un panorama de por sí oscuro.

Casi 30 millones de despidos en menos de un mes, saturación de hospitales, miles de trabajadores de la salud, en su mayoría mujeres, contagiados, decenas de miles de muertos, mayoritariamente negros y latinos.

Por parte del partido demócrata, el peso de Sanders fui superado por el respaldo del stablishment a Joe Biden, que muy probablemente será el próximo candidato a la presidencia compitiendo contra Trump. Aunque Andrew Cuomo, alcalde de Nueva York, viene posicionándose como una figura que se ha jugado a implementar algunas medidas drásticas para enfrentar la pandemia, como la construcción de hospitales, aun no está dicho que pueda desplazar a Biden.

Y es que detrás de los roces entre los dos pilares del bipartidismo estadounidense, se encuentra la competencia con China, que cada vez parece pisar más los talones de un país que no volvió a engrandecer, como presumía Trump en su slogan de campaña. Con el acelere por cerrar la etapa de contagio y mayor crisis sanitaria, el gobierno chino ahora se juega a aparecer como la potencia mundial que acudió al auxilio de occidente para manejar la pandemia, inundando el mercado de mascarillas y material sanitario para cubrir el desabasto de decenas de países, entre ellos, varias potencias.

Ahora, además, China comienza a reactiva su economía, particularmente decenas de plantas con capital estadounidense y europeo que, en múltiples ciudades, laboran para generar ganancias a dueños extranjeros. Aun falta ver si la reapertura de sectores no esenciales de manera apresurada genera nuevos conflictos de la lucha de clases.

Al mismo tiempo, varios gobiernos como el de Inglaterra, la propia China y Alemania se regodean con promesas de avances en las investigaciones para descubrir una vacuna contra el covid-19, lo que podría profundizar las tensiones comerciales que parecen haber quedado suspendidas con la pandemia.

Aun no puede descartarse que las elecciones se pospongan, como ya sucedió en 15 estados con las primarias. Y, de realizarlas, significaría un verdadero desafío para poder echarlas a andar con la garantía de medidas sanitarias frente a la pandemia.

De ser así, además de tener que organizar los comicios, la línea de sucesión presidencial entraría en juego, con Mike Pence el vicepresidente, en primera fila para sustituir a Trump, seguido de Nancy Pelosi, presidenta del Senado.

En cualquier escenario, las “alternativas” políticas seguirán representando los intereses de los grandes magnates, por lo que se vuelve urgente que los y las trabajadoras que enfrentan hoy en primera línea la pandemia, así como sus consecuencias, se sumen a la tarea de construir una organización independiente, que levante un programa propio de la clase trabajadora multiétnica estadounidense y que busque invertir las prioridades, poniendo al frente el interés por las personas y no por las ganancias.






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