Sociedad

CORONAVIRUS Y NEOLIBERALISMO

El coronavirus desnuda la miseria de la salud neoliberal

La llegada de la pandemia ha permitido observar la magnitud del ataque neoliberal en un servicio tan esencial, con el desmantelamiento de la salud pública y el avance de la privatización en el sector.

Martes 24 de marzo | 16:50

Los servicios de salud públicos fueron de alta calidad durante varias décadas. Hospitales como el Centro Médico La Raza, por ejemplo, destacaban por los adelantos científicos y tecnológicos con los que contaban para garantizar la salud de la población trabajadora. Otros sectores contaban con hospitales destacados, del ISSSTE, de Pemex (en Ciudad de México) y del Ejército. Sin embargo, estos centros de salud se concentraban en la capital y algunas de las principales ciudades del país. Los habitantes de las ciudades pequeñas y el medio rural sufrían mucho para trasladarse y curarse.

Con el objetivo de mantener cierta legitimidad, los gobiernos en aquellos años mantuvieron un “Estado benefactor” que incluía una importante inversión en la salud pública, lo cual también fue resultado de importantes luchas que trabajadores de la salud protagonizaron en diferentes momentos. Pero, a partir de los años 80 y 90 del siglo pasado, la dependencia económica de los planes del imperialismo estadounidense se ve reflejada en la construcción y mantenimiento de la infraestructura hospitalaria.

El neoliberalismo se impone

La política neoliberal, que implicaba (e implica hasta la fecha) reducir el gasto público y, sobre todo, hacer pasar a manos de la iniciativa privada nacional y extranjera las miles de empresas estatales y paraestatales, al servicio de la “globalización económica”, afectó fuertemente los servicios de salud, sin abrir nuevos centros, modernizarlos y sin contratar más personal para una atención adecuada.

Así, los centros de salud públicos no cuentan con la capacidad para recibir y atender a miles de pacientes de múltiples enfermedades crónicas o padecimientos.

Al día de hoy, se estima que en México hay 97 camas cada 100 mil habitantes, y el presupuesto para salud es de los más bajos entre los países integrantes de la OCDE; asimismo, solo hay 2000 respiradores para hacer frente a la actual crisis.

Con este modelo, en los últimos 35 años se le dio cada vez más paso a la salud privada, a la cual solo tiene acceso quien la puede pagar, y a la que muchas familias se ven obligadas a recurrir para poder operarse o tratarse, endeudándose muchas veces con los bancos y sus intereses.

Dado que la propia forma de vida que imprime el sistema capitalista implica un fuerte desgaste, trasladarse en el transporte público, aguantar largas jornadas en centros de trabajos con ritmos agotadores y regresar en el tráfico, día tras día, es lógico que la población requiera servicios de salud de forma constante.

Con la llegada del neoliberalismo, a los trabajadores de la salud, poderosos en número y con fuerte respaldo en la población, se les imponen direcciones sindicales corruptas aliadas de los gobiernos en turno y de los empresarios. Durante décadas se ha perseguido a la oposición democrática en los sindicatos de las distintas dependencias del sector salud; no obstante, no ha dejado de haber movimientos y luchas importantes en los últimos años, con marchas en diferentes estados y sectores activos, incluso ligados a otros gremios como el magisterio; y más recientemente lo hemos visto, frente a la actual crisis sanitaria

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De esta forma, el presupuesto destinado a hospitales y centros de salud públicos ha sido cada vez menor. Las condiciones de trabajo de médicos, enfermeras y pasantes son cada vez peores y la cobertura de salud para la clase trabajadora ha disminuido de la mano de la proliferación de trabajos eventuales e inestables que no otorgan la prestación básica de contar con un seguro de salud gratuito.

El coronavirus pone en crisis a un sistema de salud decadente

La llegada de la pandemia que sacude el planeta, pone contra las cuerdas a un sistema de salud que ha sido paulatinamente desmantelado. La infraestructura existente y los recursos destinados a sector son claramente insuficientes para hacer frente a un virus de esta naturaleza. Eso se verifica en el desabastecimiento de insumos básicos (como gel antibacterial, cubrebocas) y la falta de pruebas de detección rapida.

Al mismo tiempo, la progresiva pérdida de derechos laborales en el periodo neoliberal significa que millones de trabajadores hoy día hayan perdido la posibilidad de contar con un seguro médico de calidad para poder atenderse si sienten síntomas de la enfermedad.

El Seguro Social (con cada vez menos cobertura) y el Seguro Popular que recientemente está siendo reemplazado por el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), tienen un personal limitado e insumos escasos que de por sí no puede atender la demanda de salud de la población en tiempo y forma adecuados. En una crisis de esta magnitud, el sistema de salud puede estallar.

Desafortunadamente el problema no se queda en el marco de los gobiernos neoliberales anteriores al gobierno actual. La política de “austeridad republicana” de López Obrador ha golpeado profundamente a un sistema de por sí decadente, el caso de las protestas de los padres de niños con cáncer, a quienes el sistema de salud no puede ofrecer medicamentos adecuados y suficientes caló hondo entre la gente.

El mismo Insabi, avanza muy lentamente en la centralización de todos los servicios estatales de salud, lo que tiene de fondo la crisis presupuestal del estado, ahora potenciada, por las tendencias recesivas que se desarrollan a nivel mundial. Esto explica un poco la actitud pasiva o retardataria del gobierno del Morena, en atajar la pandemia desde sus primeros síntomas, intentando detecciones tempranas entre los viajeros internacionales y, más necesario aún, organizando unsistema de testeo masivo en base al seguimiento de los casos ya detectados.

¡Todos los recursos a la salud pública!

Ante estas condiciones en las que se encuentran los servicios de salud, resulta urgente un giro de 180 grados que implique dedicar tantos recursos como sean necesarios a atender la emergencia sanitaria.

Es urgente centralizar todo el sistema de salud, público y privado, en un plan general para hacer frente a la pandemia y habilitar tantos lugares como sean necesarios (como hoteles y naves industriales sin uso) para atender a todo aquél que lo requiera.

Como decimos aquí, el Estado debe tomar medidas para contar con suficientes doctores y enfermeras, por medio de la inmediata basificación de quienes están en la primera línea enfrentando el covid 19: el personal médico, de enfermería, técnicos, de intendencia, incluyendo a residentes y a estudiantes que estén haciendo el servicio social, así como recontratar a todas y todos los despedidos del sector en años previos.

Al mismo tiempo, hay que garantizar el abastecimiento de tests de detección temprana, camas, ventiladores, respiradores, insumos de higiene, mascarillas, guantes y todo lo necesario para, en primer lugar, asegurar condiciones óptimas de los trabajadores de la salud y para poder atender a toda la población comenzando con la más vulnerable.

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Hay que romper con toda resignación. Es posible hacer frente a la pandemia, pero para ellos es necesario en primer lugar que se otorguen partidas extraordinarias al sector salud, que los trabajadores del sector puedan controlar su utilización, y que estas salgan de suspender inmediatamente el pago de la eterna deuda externa, cobrar impuestos a las grandes fortunas y ajustar el salario de los funcionarios y diputados.

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Solo así podremos disminuir al máximo la expansión del virus y sus consecuencias y asegurar la salud de la población que es lo más importante.






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