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El SITUAM alza la voz contra las medidas securitaristas de rectoría

La rectoría de la Universidad Autónoma Metropolitana plantel Iztapalapa (UAMI) quiere imponer torniquetes y plumas automáticas con el pretexto de mayor seguridad, el sindicato argumenta que esto es una violación del Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) e impulsa asambleas y mítines.

Alex Osorio

México

Martes 18 de julio de 2017 | 22:16

La rectoría de la UAMI quiere avanzar en medidas de corte privatizador de la educación utilizando como pretexto la inseguridad que se vive dentro y fuera de las instalaciones. La medida concreta es la puesta en pie de torniquetes y plumas automáticas.

El Sindicato Independiente de Trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (SITUAM) ha visto en esta medida, no solo una violación al CCT sino un ataque a la educación pública y desde la semana pasada ha llamado a sus agremiados a asamblea.

Desde el sábado pasado, Rosana Guevara, la secretaria general del SITUAM, denunció la puesta de plumas automáticas. Este lunes desde las 7 horas los trabajadores clausuraron estas plumas y, en punto de las 11 horas realizaron un mitin frente a rectoría para posteriormente entregar un documento al secretario de la unidad, Miguel Ángel Gómez Fonseca.

El SITUAM tiene un acierto al reaccionar al ataque que implica la posible pérdida de trabajo para más de cien familias que se sostienen de los puestos de vigilancia y evidencian la negativa de rectoría para abrir más plazas de vigilancia argumentando que no hay dinero. Contradictoriamente la rectoría gasta millones en botones de pánico, drones para sobrevolar las canchas universitarias y personal de confianza -que funge como golpeadores al servicio de rectoría- dedicados a hostigar activistas y trabajadores; de nada han servido para atacar de raíz la inseguridad que se vive.

Por ello, consideramos que este ataque no se puede ver de manera local, por el contrario, la puesta en pie de torniquetes y plumas automáticas se instala en un contexto de ataque a la educación pública. Empezando por el brutal ataque a la educación básica cristalizado en la reforma educativa y terminando con el aumento en el porcentaje de rechazados del conjunto de las universidades públicas.

La dirección del sindicato actúa con reflejos, pero la movilización y simpatía entre la comunidad “UAMera” cobra poca fuerza a partir de dos problemáticas: en primer lugar, confiar en que si bien la puesta en pie de los torniquetes constituye una violación al CCT, esto será argumento suficiente para impedir su instalación, cuestión que deja con la guardia baja al sindicato y desplaza en segundo plano la necesidad de seguir impulsando la organización de los agremiados para enfrentar este ataque. Lo anterior, deja como único plan de acción el boicot a la construcción de los torniquetes y no la organización de los agremiados por departamento y unidad académica en perspectiva de hacer efectiva la huelga por violaciones al CCT.

En segundo lugar, que se vea como un ataque que solo se enmarca en el ámbito laboral a partir del robo de la materia de trabajo para los vigilantes y separar el contexto nacional de ataque a la educación pública y a los sindicatos. Esto porque le quita todo el potencial que podría tener una gran campaña democrática en defensa de la educación pública encabezada por el sindicato, dónde se apueste a tejer lazos con el estudiantado de la UAMI para enfrentar a la rectoría y sus planes, que no les preocupa resolver en lo más mínimo las problemáticas que enfrenta la comunidad universitaria.

La seguridad no se resuelve con torniquetes

En el tema de seguridad tampoco podemos abstraernos de un contexto nacional marcado por el discurso de mayor seguridad que maneja el gobierno, expresado en la militarización del país a partir de la guerra contra el narcotráfico.

¿Mayor seguridad para quién? Si son nuestras hermanas, madres, primas y amigas las que sufren el feminicidio que se disparó a nivel nacional a partir de la militarización del país. Soy ellas las que terminan en redes de trata dónde siempre están inmiscuidas las fuerzas militares, federales y estatales. Si somos nosotros, los jóvenes, los que somos criminalizados y perseguidos en nuestros barrios mientras diputados y senadores coludidos con el narcotráfico, son respaldados por la “justicia” para ricos e indultados.

La inseguridad y el narcomenudeo no se van a vencer ni con la confianza en las fuerzas represivas del Estado, ni con medidas como torniquetes y plumas automáticas. Se tiene que ir más allá, es necesario profundizar en un debate incómodo para la rectoría de la UAM: la legalización de las drogas para enfrentar el narcomenudeo y la organización de profesores, trabajadores y estudiantes para discutir propuestas para recuperar los espacios que están abandonados en la UAM, es decir, llenar la misma de actividades políticas, culturales, deportivas, etc. Que hasta el final pondrían en jaque no solo la impotencia de las medidas de seguridad que plantea la rectoría de la UAM sino la antidemocracia que se vive en esta universidad expresada en la unilateralidad de las decisiones que se toman y que le cuestan millones a la UAM.






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