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Red Internacional

Cuatro jóvenes originarios de San Luis Potosí se dirigían a trabajar a Tonalá, en la Zona metropolitana de Guadalajara. Desde el 26 de julio no se sabe de ellos.

Emilia Macías@EmiliaMacas1

Martes 17 de agosto | 16:05

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Israel Andrade de 20 años; Jorge Rodríguez de 24; Calep Adonai de 18 y Alan Michel de 23, viajaban en una camioneta Ford Ranger, color rojo con logotipos de la empresa Mantenimiento y Soluciones Industriales. A pesar de que la Comisión de Búsqueda de Jalisco y de San Luis Potosí han emitido fichas de búsqueda, no se sabe de ellos.

Según las autoridades, los cuatro salieron de San Luis Potosí rumbo a Tonalá el 26 de julio pero nunca llegaron. El último lugar donde los vieron fue en Lagos de Moreno.

Esta nueva desaparición grupal nos recuerda episodios como los ocurridos en Jalisco en 2018 con la desaparición de tres estudiantes de cine o, sin ir más lejos, en mayo pasado, cuando tres jóvenes hermanos fueron secuestrados y ejecutados en Zapopan.

Desde la supuesta guerra contra el narco que comenzó Felipe Calderón (2006), la juventud y las mujeres hemos sido carne de cañón de la misma. Después de 3 años de militarizar el país como estrategia “de guerra”, el INEGI reportó que entre 2007 y 2009 el asesinato pasó a ser la principal causa de muerte entre jóvenes de entre 15 y 29 años. La narrativa construida por las instituciones para justificar el juvenicidio, de la mano de estigmatizar y criminalizar a la juventud de estratos populares y pobres, que señalan a la víctima de participar en actividades ilegales, naturalizan la violencia y represión, situación que persiste hasta hoy en día.

Con la puesta bajo control militar de tareas estratégicas (como seguridad, aduanas y puertos), las promesas de López Obrador por desmilitarizar el país se ven cada vez más lejanas. Las condiciones de vida son cada vez más precarias para los y las jóvenes, dejando a miles sin trabajo, sin educación, salud o vivienda derivado de las políticas de "austeridad republicana" y del manejo de la crisis sanitaria.

Puede ser que el caso de Israel, Jorge, Calep y Alan tenga otras respuestas, pero pertenecen a las filas -que cada vez se hacen más largas- de una juventud que tiene que trabajar en vez de estudiar, que trabaja 8, 10 y hasta 12 horas, seis y siete días a la semana, con turnos rolados y sin estabilidad, con horarios de entrada pero no de salida.

Con programas como “Jóvenes Construyendo el Futuro” o “Pilares”, que normalizan la precarización laboral, queda claro que este gobierno no tiene nada qué ofrecer a una juventud a la que lanza sin ningún reparo al desempleo, a la precarización, a la violencia y, en el contexto actual, al riesgo de contraer covid-19 ya sea en la fila de producción o derivado del regreso a clases forzado.

Desde la Agrupación Juvenil Anticapitalista denunciemos las políticas de muerte que arrebatan vidas obreras; te invitamos a organizarte con nosotres para pelear por una vida digna, así como exigir verdad y justicia para nuestrxs desaparecidxs a través de la conformación de comisiones de investigación y búsqueda independientes, la desmilitarización inmediata del país así como el desfinanciamiento de corporaciones como la Guardia Nacional.

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