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Red Internacional

Educación y elecciones. Delfina Gómez se va de la SEP: ¿qué deja?

La dirigencia nacional del Morena anunció que la Secretaria de Educación del gobierno federal, Delfina Gómez, resultó ganadora en la encuesta para definir quién sería la candidata o candidato de ese partido en las elecciones por la gobernatura del Estado de México, que se realizarán el próximo año.

La encuesta consistió en 4 mil 500 entrevistas telefónicas a habitantes de la entidad (cuya población es de 17 millones), en las cuales el 37.1% se manifestó a favor de la titular de la SEP; el 11.9% por el alcalde con licencia de Ecatepec, Fernando Vilchis; el 9.6% por el senador Higinio Martínez; y el 7.3% por el Director General de Aduanas, Horacio Duarte. Los perdedores aceptaron el resultado.

En la carrera por la presidencia hacia el 2024, la elección en el Edomex es clave, al tratarse de la entidad más poblada del país y uno de los últimos reductos —el más importante— del priísmo en decadencia, que la gobierna sin “alternancia” desde 1945.

Cabe recordar que no es la primera vez que Delfina Gómez contiende por el cargo. En el 2017 perdió la elección por un estrecho margen ante el actual gobernador priísta, Alfredo del Mazo, lo que dio lugar a denuncias de fraude que no prosperaron y el Morena acató el resultado. En este momento, las encuestas de intención de voto favorecen al partido guinda en 19 puntos porcentuales por arriba del PRI.

Su legado en la Secretaría de Educación Pública

La funcionaria asumió como Secretaria de Educación el 16 de febrero de 2021, en pleno confinamiento decretado a causa de la pandemia. Sustituyó a Esteban Moctezuma, luego de desempeñarse como Coordinadora de los Programas de Desarrollo del gobierno federal en el Estado de México. Antes fue senadora, diputada federal, presidenta municipal de Texcoco, directora y maestra de primaria.

En septiembre de ese mismo año, el Instituto Nacional Electoral (INE) sancionó con 4.5 millones de pesos al Morena por la retención forzada durante tres años del 10% del salario de 550 empleados del muncipio de Texcoco, cuando Delfina Gómez era alcalde, recursos que habrían sido utilizados para la operación de su partido y su campaña a diputada federal en 2015. Sanción que fue ratificada en enero pasado por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

La primera medida destacada que adoptó como titular de la SEP fue decretar —como parte de la imposición de la “nueva normalidad” exigida por los empresarios—, el regreso a clases presenciales sin que las escuelas contaran con insumos ni condiciones sanitarias seguras para hacer frente a la pandemia. Lo cual repercutió en miles de contagios de docentes, alumnxs y sus familiares, que hasta el momento se siguen negando y ocultando por parte de las autoridades responsables, a las que no les importó atentar contra la salud y la vida de las comunidades escolares y del pueblo trabajador en su conjunto.

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Esto se hizo con la supuesta intención de abatir el rezago educativo y la deserción escolar. Sin embargo, no hubo mayor presupuesto, recursos humanos ni materiales para brindar una verdadera atención integral a lxs alumnxs y en la mayoría de las escuelas, como de los hogares pobres del país, sigue habiendo múltiples carencias.

De tal manera que el rezago y la deserción son ahora peores que nunca. La “revaloración” del magisterio siguió siendo retórica. Les cerraron las puertas del Palacio Nacional y de la SEP a los representantes de la disidencia magisterial representada por la CNTE, mientras se mantuvo la alianza del gobierno federal con los charros de la cúpula del SNTE. Los cuales están aprovechando los mecanismos impuestos por la reforma laboral decretada por AMLO para legitimarse en las delegaciones y secciones sindicales, donde sigue sin haber una verdadera democracia de las y los trabajadores.

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A la par, continúan cesados casi cien docentes del Colegio de Bachilleres de Jalisco por oponerse a la reforma educativa de Peña Nieto y la represión contra lxs que protestan continúa, como vimos recientemente en Tabasco y Michoacán.

El aumento salarial que prometió el presidente para “reconocer y dignificar” la labor de lxs docentes y que “por justicia” les corresponde, según la titular de la SEP, fue menor a la inflación. Es decir, continuará la pérdida del poder adquisitivo de las y los trabajadores de la educación, ya muy mermado durante los sexenios neoliberales.

Se mantuvo el régimen laboral de excepción para el magisterio, que condiciona el ingreso al servicio docente y la promoción dentro del mismo a las evaluaciones estandarizadas de la USICAMM, las cuales poco tienen que ver con nuestras condiciones y práctica. Evaluaciones con las que se justifica y fomenta la desigualdad salarial y la competencia entre maestrxs. Mientras se mantienen múltiples formas de contratación precarias, como ocurre con lxs docentes del PRONI.

En el ciclo que concluyó se extendió el calendario escolar sin ninguna justificación pedagógica, aumentando los días de trabajo, lo que atenta contra nuestro derecho, y de nuestras alumnas y alumnos, a un descanso suficiente y pretende repetirse el ciclo que viene.

Tras cancelar el programa de escuelas de “tiempo completo”, aumentarán las de “horario extendido”, con docentes contratados directamente por las madres y los padres de familia por 60 pesos la hora, lo que representa un brutal avance en la precarización laboral del magisterio.

Asimismo, Delfina Gómez dejó planteado un nuevo marco curricular, elaborado al margen de las y los docentes y del resto de las comunidades escolares, para el cual se implementarán periodos de “capacitación” en el próximo ciclo escolar que lo alargarán aún más.

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Delfina no nos representa

Ya ha quedado claro que la prioridad de los funcionarios del gobierno actual, como de los anteriores, no es mejorar la educación pública ni los derechos laborales y humanos del magisterio. Sino continuar haciendo carrera política y conquistando cotos de poder al amparo de sus cargos públicos, mostrándose como quienes mejor pueden administrar al Estado mexicano para garantizar la estabilidad que requieren los negocios de los grandes empresarios nacionales y trasnacionales.

La imagen de Delfina Gómez que han querido vendernos, como la de una maestra "honesta y trabajadora", no corresponde con la realidad de una funcionaria que es parte de la casta de políticos que acuerdan y aplican los planes antiobreros y anti populares que padecemos la mayoría de la población, mientras perciben salarios muy superiores a los de cualquier trabajador.

El hecho de ser mujer tampoco significó que favoreciera a un gremio mayoritariamente femenino. Son las mujeres trabajadoras quienes más padecen la precarización laboral y el ataque a los derechos sociales, como la salud y la educación públicas, impuestos por las funcionarias y funcionarios de los gobiernos en turno.

Para que exista un cambio positivo en la educación pública es necesario que ésta sea financiada por el Estado, pero gestionada democráticamente, bajo la dirección y control de las comunidades educativas. De lo contrario, se seguirán imponiendo al frente de la SEP a funcionarixs que no responden a los intereses ni necesidades de alumnxs y docentes, sino de los de arriba, como es el caso de las y los candidatos para suceder a Delfina Gómez que anunció AMLO.

Para que la conducción de la SEP y la definición de la política educativa nacional estén realmente en manos de quienes día con día hacemos valer con nuestro trabajo el derecho a la educación y del conjunto de la comunidad educativa, necesitamos organizarnos desde abajo, escuela por escuela, sección por sección y a nivel nacional.

Necesitamos unirnos como trabajadores de la educación de todos los niveles, buscando el apoyo de las y los trabajadores de otros sectores, como son las madres y padres de familia, para movilizarnos en defensa de la educación pública, de nuestros derechos laborales y por una educación que esté realmente al servicio de los trabajadores y del pueblo.

Para no quedar condenados a votar cada tanto por el "mal menor", entre los partidos patronales pseudoprogresistas o neoliberales, necesitamos construir nuestra propia herramienta política: un partido de trabajadoras y trabajadores revolucionario, que se proponga realmente transformar la educación y el sistema al que responde.




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