Géneros y Sexualidades

El Círculo Rojo

¿De qué hablamos cuando hablamos de Tinder?

Aplicaciones, perfiles y las relaciones entre las personas como un “mercado de deseo”. Columna de Cultura en El Círculo Rojo, programa de La Izquierda Diario que se emite los jueves de 22 a 24 por Radio Con Vos, 89.9.

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Viernes 9 de abril | 08:58

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· Durante algunos días circuló en las redes sociales el perfil de un usuario de Tinder con las características que no acepta para matchear (darle me gusta) con una mujer en la aplicación: “no dolidas”, “no psicólogas”, “no fundamentalistas del pañuelo verde o celeste”. El perfil se viralizó con críticas y burlas, con razón, pero hay algo en el debate que puede escaparse.

· El usuario, aunque nos caiga mal, está usando las reglas que utiliza el sistema. Son mucho más comunes de lo que creemos los perfiles (sobre todo de varones) que advierten en sus perfiles “no gordas”, “depiladas” o mujeres que no sean “complicadas”.

· La aplicación Tinder funciona, por definición, con filtros (edad, género, preferencias sexuales) y tiene su propio algoritmo que se va construyendo en base a la gente que a una persona le gusta y no le gusta. Y, sobre todo, funciona en un entorno social.

¿Quién pone las reglas?

· Cuando nació Tinder en 2012, la idea atractiva de la aplicación era que la tecnología iba a cruzar gente que, de otra forma, no se hubiera conocido. Pero la realidad es que no se formaron un montón de parejas de gente muy diferente entre sí.

· Porque Tinder, igual que otras aplicaciones, convive en una sociedad en la que las relaciones sexoafectivas ya tienen una especie de reglas, por ejemplo, el ideal de amor romántico (tenés que formar una pareja) o la monogamia. Con esto se combinan problemas como la cosificación o la sexualización de los cuerpos (sobre todo los de las mujeres).

· Las aplicaciones no funcionan de forma aislada, y los cambios en las relaciones interpersonales no tienen tanto que ver con la tecnología sino con cambios en la vida de las personas. Esos cambios son más complicados y llevan más tiempo y muchas veces tienen que ver con movimientos o debates sociales, como el movimiento de liberación sexual de los años ‘70, el derecho de las mujeres a divorciarse, que el matrimonio haya perdido peso, entre otros.

· En una entrevista publicada en la revista Almagro, la investigadora Florencia Pavoni recorre varios de estos temas en su trabajo Técnica y Afectividad

· Las aplicaciones, organizadas alrededor de reglas que ya funcionan en la sociedad, muchas veces exacerban un problema o lo dejan en evidencia. Pero es bastante raro que en la virtualidad pase algo que no que existiera ya en un encuentro presencial.

· La lógica del mercado invadió también las relaciones entre las personas. Una de las características más destacadas es la idea de tener un montón de gente para “elegir libremente” en cualquier momento y lugar. Eso, a su vez, genera la sensación de que estamos disponibles para un encuentro todos los días, todo el tiempo.

· La socióloga Eva Illouz trabaja sobre estos temas hace muchos años y sugiere que existe lo que ella llama “mercado sexual” o “mercado del deseo”, que no es otra cosa que la mercantilización metiéndose en todas partes.

Elegir como en el supermercado

· ¿Cómo funciona en las redes sociales y aplicaciones? La historia que se cuenta (tu perfil) y la imagen que se muestra en las aplicaciones son lo que las personas tienen para intercambiar en un mercado (el “mercado del deseo”).

· Hoy se calcula que casi el 50 % de las personas jóvenes (entre 18 y 30 años) usaron o usan aplicaciones para conocer gente, algo que no suena muy extraño porque trabajamos muchas horas y el tiempo de ocio es poco.

· La vorágine de la vida contemporánea nos empuja, en general, a encuentros que “rindan”, que funcionen relativamente rápido (ni hablar ahora que vivimos entre restricciones y encierros por la pandemia)

· Es lo que explica mucho del éxito de estas aplicaciones, que para 2024 se calcula que alcanzarán un valor proyectado de 8.400 millones de dólares a nivel global.

En las pantallas

Tres recomendaciones sobre las aplicaciones en las pantallas.

· Hang the DJ es un episodio de Black Mirror. La premisa es una aplicación de citas, su particularidad es que las personas saben desde el comienzo la duración de la relación: 45 minutos o 18 años. Lo interesante es la pregunta que se hace: ¿es posible salir del algoritmo?

· The One es una miniserie. En esta historia, una app “matchea” personas en base al perfil genético. Aunque suene distópico, si observamos el peso que tienen los discursos sobre los perfiles, la ficción no se aleja tanto de la realidad.

· Her es una película de Spike Jonze de 2013. En esta historia ambientada en un futuro cercano, el protagonista escribe cartas de amor y de amistad porque la gente dejó de hacerlo. Al mismo tiempo, después de una ruptura amorosa, comienza una relación con un sistema operativo. Suena futurista pero habla mucho de la relación que tenemos con la tecnología.

· En Tinder o en un bar los problemas y las cosas que nos gustan son parecidas. Quizás lo más interesante sea reflexionar sobre lo que queremos: que las relaciones entre las personas se parezcan más a la libertad y tengan más que ver con el deseo, y menos con eso que nos dicen que podemos elegir libremente como en un supermercado.






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