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Red Internacional

Mientras las autoridades aseguran que los contagios por Omicrón “son leves” y que no ameritan hospitalización, la realidad en los hospitales púbicos es muy diferente. Es urgente unirnos y organizarnos.

Jueves 13 de enero | 14:40

En diferentes momentos, México ha ocupado el primer lugar en muertes y contagios entre el personal de salud, llegando a registrarse en la primera y segunda ola de la pandemia casi 4 mil fallecimientos y más de 200 mil contagios en el sector. Esta situación es indignante, sin embargo, no cambió para las siguientes olas de contagios y con la variante Omicrón, la situación no es menos complicada.

Desde el inicio médicos, enfermeras, paramédicos y trabajadores de la salud denunciamos la falta de insumos, infraestructura y recursos suficientes para atender la pandemia del SARS-CoV-2. Pese a la gravedad de a enfermedad y las precarias condiciones de trabajo que se mantienen para la mayoría del personal de salud pública, hemos sido las primeras líneas en atender a los enfermos con sistemas de salud desbordados y en crisis durante la emergencia sanitaria.

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Luchar contra la pandemia y también, contra la precarización

Además de cuidar la salud el pueblo pobre y trabajador, también hemos tenido que alzar la voz por la defensa de nuestros derechos humanos y laborales, sin que hasta la fecha, haya una respuesta satisfactoria por parte del gobierno y autoridades sanitarias. Han sido muchas las protestas desde el norte hasta el sur del país, así como el llamado del personal de salud en Palacio Nacional y las demandas son las mismas: equipo de bioprotección para todas y todos; medicamentos e insumos suficientes para atender a enfermos; basificación y el respeto a los derechos laborales de todo el personal de salud; etc.

Recordemos que en septiembre del año pasado, médicos despedidos de Oaxaca increparon al presidente López Obrador en su conferencia matutina, denunciando 2 mil despidos y miles más de trabajadores en la incertidumbre laboral durante la pandemia. En octubre pasado, trabajadoras y trabajadores de la Sección 36 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud (SNTSA) en Guerrero, se fueron a huelga por el adeudo de salarios y denunciaron un desfalco millonario al ISSSTE. En estos primeros días del año, trabajadores del INSABI protestaron en el Zócalo de la Ciudad de México, tras ser despedidos por medio de un mensaje de Whatsapp y quedar en la incertidumbre junto con sus familias.

Las protestas también se replicaron en Nuevo León, Chiapas, Ciudad de México, Estado de México y muchos estados más, pues la situación de la salud pública es crítica en todo el país, no solo por la pandemia, sino por el mal manejo de los gobiernos actuales y anteriores, que con la complicidad de las burocracias sindicales en los sindicatos en el sector, han priorizando que en todo momento las ganancias de los empresarios, por encima de la salud de la población.

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Cuarta ola en curso, es momento de unirnos

Mientras las autoridades federal y estatales aseguran que los contagios por Omicrón “son leves” y que no ameritan hospitalización, la realidad en los hospitales púbicos es muy diferente. En las primeras semanas del año vemos el alarmante aumento de contagios entre el personal de salud y la población, que se agudiza por la falta de pruebas masivas y gratuitas para la detección temprana de la enfermedad, así como por la negligencia de mantener las clases presenciales junto con otras actividades laborales no esenciales, lo cual implica el desplazamiento diario de millones de personas en el transporte público, de manera hacinada y sin “sana distancia” ni condiciones seguras para evitar los contagios.

No conforme con los riesgos de contagio en el ejercicio de nuestra labor, gran parte de las trabajadoras y trabajadores de la educación laboramos bajo esquemas de contratación precarios como los de honorarios, nómina ocho, autogenerados, capítulo 3000, outsourcing, etc. Han sido muchos médicos, enfermeras y personal de salud fallecidos por Covid, que nunca fueron reconocidos como trabajadores del IMSS, ISSSTE, SSA o INSABI, cuyas familias quedaron a la deriva tras sus muertes.

En esta nueva ola, las autoridades apuestan nuevamente por la reconversión hospitalaria para contener la pandemia, pero esta medida demostró ser insuficiente, pues en México hay un déficit de 140 mil médicos generales y 300 mil profesionales en enfermería que sigue sin ser cubierto. El personal contratado durante la pandemia, no cuenta con las prestaciones y estabilidad laboral que por ley corresponde, y muchos más seguimos laborando con contratos mensuales y sin seguridad social.

Por todo esto es urgente levantar la voz y organizarnos, pues nuestras vidas y labor son muy importantes para seguir cuidando la salud del pueblo trabajador. Médicos, residentes, enfermeras, trabajadoras sociales y de la salud, debemos impulsar asambleas democráticas en cada hospital, instituto, clínica y centro de salud, uniendo fuerzas entre sindicalizados y no sindicalizados, exigiéndoles a los delegados sindicales que rompan la pasividad y pactos con los gobiernos, y llamen a movilizarnos por nuestras demandas.

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