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Red Internacional

Precarización e informalidad. Cuando el sueldo de una jornada laboral no alcanza

Los dobles empleos son cada vez más precarios, por lo que generan una mayor jornada laboral.

Lunes 19 de septiembre | 18:51

De abril a junio de este año, en México hay por lo menos 3.1 millones de personas que tienen dos trabajos distintos, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), lo cual representa 5% de las y los trabajadores.

Del total mencionado, 1.8 millones de mexicanos que trabajan en un segundo empleo, como trabajadores independientes, la mayoría concentra en el sector terciario. Esta cifra puede aumentar, pues dos millones de personas están en búsqueda de trabajo, de las cuales 365,000 tienen la intención de encontrar otro empleo, lo cual implica otra jornada laboral.

En cuanto al sueldo, el 65% de los mexicanos con dos ocupaciones laborales reciben un salario mínimo o menos en su segunda ocupación, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, con datos hasta el primer trimestre de 2022.

¿Cuál es la causa de los dobles trabajos? La precarización laboral, pues los trabajos que se han generado antes y durante la pandemia han sido más precarios, lo cual implica que las prestaciones son nulas. Por un lado, aunque aparentemente se incrementó el salario, se definió por la Conasami de manera unilateral y sin diálogo entre sectores sobre las propuestas de incremento, de lo que quedó excluida la base trabajadora, y aunque aumentó se reduce con la inflación, reflejada en el alza de precios.

Este aumento solo aplica para 6 millones de trabajadores, y quienes tienen trabajos precarizados, con una simulación laboral (honorarios, becarios o beneficiarios de programas sociales), sin estabilidad laboral, no alcanzaron estos beneficios. En otros casos, puede ser una forma de ahorro, pero tiene la misma causa, es decir, al no alcanzar los sueldos, siquiera alcanza para tener un respaldo en caso de algún gasto extra.

Lo anterior implica la existencia de empleos que no cubren la canasta básica, sino que son complementarios a otro trabajo y al darse en la informalidad, autoempleo, etcétera, son lo menos estables por su duración. Al respecto, cabe agregar que según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) en el segundo trimestre del 2022 el empleo informal superó en tres veces al empleo formal, alcanzando un 55.7%, de la población empleada en el país.

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La precarización también ha implicado reducciones de la jornada laboral, sin embargo, sin garantizar un sueldo que alcance, puede ser que se trabaje menos, pero el salario es menor. La precarización también implica inestabilidad en el empleo, por lo que las y los trabajadores buscan preservar sus ingresos, en casos de algún despido o terminación del contrato. Por ello, se han incorporado a la informalidad, en donde a costa de laborar más tiempo, adquieren ingresos para completar los sueldos fijos, sin embargo, sin la certeza de cuánto serán sus ingresos.

Doble jornada: trabajamos más de 8 horas

Lo anterior implica un aumento de las horas laboradas, pues partimos de que según la legislación éstas deben durar 8 horas reglamentarias por día, sin embargo, hay que precisar aunque alrededor de 26 millones de trabajadorxs basificados tienen jornadas de 35 a 48 horas semanales -según el INEGI, en la ENOE de febrero -, a por lo menos 16 millones de esos mismos trabajadorxs les exigen laborar más de lo permitido, sin pago de horas extras.

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Además, no se garantiza el derecho a por lo menos un día de descanso, ya que se pueden superponer los horarios de uno y otro trabajo.

Tampoco cabe descartar el caso de trabajadores que estén laborando más de dos jornadas. Pero un caso especial es el de las mujeres que, aunado a las dobles jornadas de explotación, viven una triple opresión realizando trabajo doméstico no remunerado.

Una jornada y salario para cubrir nuestras necesidades

La política en materia laboral de la 4T se ha concentrado en la reforma laboral de 2019, la que no garantiza plenos derechos laborales, ni el reconocimiento de la relación laboral frente a las simulaciones de contratos, no prohibió el outsourcing, profundiza la corporativización (injerencia del Estado en los sindicatos) y tiene mecanismos de control de los sindicatos, pero no de las patronales. Mientras que los Centros de Conciliación y Arbitraje priorizan los arreglos sin que se favorezcan a las y los trabajadores. Las instituciones laborales tampoco garantizan la reinstalación en caso de despido.

Por lo anterior, más allá de la legislación, el primer paso es la organización de la clase trabajadora para imponer las condiciones laborales, se requiere luchar por la prohibición del trabajo precario -aquel que niega derechos laborales-, salario digno que alcance para cubrir a la canasta básica y las necesidades de las familias, así como la reducción de la jornada de un solo empleo a seis horas, por cinco días, sin reducción de sueldo ni prestaciones.




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