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Red Internacional

Para las niñas y adolescentes, las labores domésticas, el embarazo y la violencia, son factores que determinan la ausencia del derecho a la educación, que se suman a la precarización y los altos costos de vida para las familias trabajadoras así como al raquítico presupuesto a la educación.

Jueves 16 de diciembre de 2021 | 18:06

En México hay 1,642,129 niños y niñas de entre 12 y 17 años que no asisten a la escuela. Si bien las causas son diversas, el 11% no lo hace porque debe hacerse cargo de tareas domésticas o cuidar a algún familiar, por embarazos, porque se casó. Lo que es sorprendente es que el 45%, no asiste a la escuela porque no quiere o porque no le gustó.

Si se trata de casi la mitad de niños, niñas y adolescentes en esta situación, es claro que no podemos hablar de simple “falta de voluntad”, pues responde a una realidad generalizada.

Es evidente, además, que estas situaciones tienen el mismo impacto para los hombres que para las mujeres en este rango de edad. Aunque es algo que podemos intuir, las cifras son espeluznantes, en el caso de quienes dejaron los estudios por casarse o juntarse, el 90% son mujeres; cuando se trata del cuidado de familiares y labores en el hogar, el 92% son mujeres; en los casos en los que el impedimento es un embarazo, el 93% de quienes dejan la escuela, son mujeres.

Según información arrojada por la Encuesta nacional sobre el uso del tiempo libre, el otro 89% de niños, niñas y adolescentes de entre 12 y 17 años que no estudian, en el 19% de los casos se debe a que no tienen los recursos necesarios, en el 9% a que trabajan, el 5% porque no tienen una escuela a una distancia accesible.

Estas cifras hablan de una realidad brutal para las mujeres desde corta edad, donde la ausencia del derecho a la educación básica para las mujeres, está profundizada por el mandato patriarcal.

No solo son las consecuencias de la precarización laboral que en las familias trabajadoras obligan a niños, niñas y adolescentes a trabajar para complementar el ingreso de sus padres y madres, la falta de infraestructura o la incapacidad de las familias para costear uniformes, transporte y comida para que sus hijos e hijas puedan asistir a la escuela -y el hecho de que las escuelas no garantizan estos aspectos básicos para hablar de educación gratuita.

Es también la realidad de violencia sexual, la falta de educación sexual integral, no sexista ni heteronormada en los distintos niveles educativos y el hecho de que el aborto no sea un derecho garantizado por el Estado en cada clínica y hospital del país.

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Además de que las tareas domésticas y de cuidados siguen recayendo en las mujeres, sin importar su edad, cuando estas labores deberían ser responsabilidad de los patrones, que se ahorran todos los gastos de la reproducción del trabajo -es decir la comida, el lavado de ropa, de la casa, y todas aquellas tareas que permiten al trabajador poder asistir a su centro de trabajo día con día.

Así como la precarización laboral, que recae más cruentamente sobre las mujeres, pues somos contratadas para los trabajos peor pagados y con menos derechos laborales, cargamos con la brecha laboral y además cumplimos dobles jornadas laborales, en el trabajo y en el hogar; la ausencia del derecho a estudiar, es también parte de la violencia patriarcal.

Para garantizar el derecho a la educación, organicémonos por aumento al presupuesto educativo, para que existan becas universales que cubran todos los gastos de la canasta básica sin importar la edad, para que se construyan escuelas suficientes y dignas, sin condiciones de hacinamiento, para que los y las trabajadores de la educación -donde la gran mayoría son mujeres- tengan salarios dignos.

Pero luchemos también por educación sexual no sexista ni heteronormada desde la educación básica y en todos los niveles, por aborto libre, legal, seguro y gratuito, porque las tareas domésticas sean garantizadas por los patrones y el Estado y contra la violencia patriarcal.

Para que ninguna niña, adolescente, ni joven, se quede sin el derecho a estudiar por el simple hecho de ser mujer.


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