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Red Internacional

Los inmigrantes siguen llegando por miles rumbo a Estados Unidos y han desbordado a las autoridades migratorias, quienes improvisaron un campamento en el Puente Internacional entre Coahuila y Texas, reteniéndolos para deportarlos masivamente.

Diana Bruja PalaciosMaestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Lunes 20 de septiembre | 23:06

Ante el cruce multitudinario y la retención de aproximadamente 13 mil migrantes en un campamento provisional bajo el Puente Internacional entre Coahuila y Texas, el gobierno de Joe Biden –quien prometiera un enfoque más humano para la migración– comenzó una deportación masiva vía aérea de inmigrantes varados en la frontera, principalmente haitianos, pero también cubanos, venezolanos y nicaragüenses, sin permitirles siquiera revisar su petición de asilo.

Ya desde este domingo salieron tres vuelos de Texas con dirección a Haití acelerando la expulsión de decenas de migrantes de regreso a su país de origen. Inherente a esta expulsión aérea, el gobierno estadounidense decidió cerrar sus fronteras con Ciudad Acuña, negando el paso tanto a vehículos como a personas que cruzan a pie, para frenar la migración masiva; sin embargo, los migrantes cruzaron por las aguas del Río Bravo en flujo constante, algunos con niños en sus hombros siendo ahí perseguidos, hostigados y detenidos por la patrulla fronteriza.

Por otra parte, en la ciudad Del Río, Texas, unos 60 migrantes rompieron el cerco que impedía su paso y se dispersaron por la zona, lo cual originó una cacería y persecución en su contra por parte de la Border Patrol para detenerlos, llevarlos a San Antonio u otras ciudades texanas y, posteriormente, deportarlos a sus países donde padecen más hambre y más miseria debido a las políticas capitalistas de los países imperialistas como EE. UU.

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Estados Unidos, a través del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), explicó este fin de semana que su estrategia para “acelerar el ritmo y aumentar la capacidad de los vuelos de expulsión a Haití y otros destinos en el hemisferio dentro de las próximas 72 horas” consta, también, del envío de 600 agentes y funcionarios fronterizos adicionales al sector de la ciudad Del Río con el objetivo de gestionar las solicitudes de asilo con “mayor velocidad”, lo que garantiza también más represión y deportaciones en contra de los inmigrantes.

Y es que la lentitud para tramitar esas solicitudes, a veces de más de 14 meses, ha hecho que el campamento crezca, tanto porque siguen llegando nuevos inmigrantes como porque ahí terminan los inmigrantes deportados a territorio mexicano.

Además, las autoridades estadounidenses, lejos de llevar adelante el enfoque humanitario prometido en esta nueva administración, han mantenido los campos de refugiados y de detención donde están hacinados a miles de inmigrantes mujeres, hombres y menores con y sin compañía.

Subordinación a la política antiimigrante estadounidense: la norma en México

En días pasados, los tres órdenes del gobierno mexicano, en reunión con funcionarios estadounidenses y elementos de la Border Patrol, acordaron frenar el paso de los autobuses foráneos que transportan migrantes a la frontera de Coahuila con Texas, situación que llevan adelante agentes del Instituto Nacional de Migración y elementos del Ejército Mexicano, reteniendo hasta 69 camiones llenos de migrantes en un día, principalmente haitianos, que avanzan camino a Ciudad Acuña y Piedras Negras.

Al respecto, sobre la crisis migratoria, durante la mañanera el presidente mexicano leyó la carta que le envió a su homónimo estadounidense, donde lo conmina a actuar “con urgencia y prontitud” a que invierta en los programas que ha propuesto para Centroamérica como Sembrando Vida, así como que puedan aplicarse de inmediato a Guatemala, Honduras y El Salvador.

Desde luego es necesario ordenar el flujo, evitando el desorden, la violencia y garantizando los derechos humanos; sin embargo, no debemos quedarnos sólo en la aplicación de medidas de contención y menos de carácter coercitivo. AMLO [1]

Las y los inmigrantes que se quedan en el campamento del Puente Internacional señalan que el agua, la comida, los insumos sanitarios escasean, por lo que deben regresar a México para abastecerse de esto que se les niega en el lado estadounidense; sin embargo, han sido víctimas de ataques donde, denuncian, son los mismos policías quienes les quitan los pocos y hasta únicos recursos económicos que llevan consigo. Así los obligan a vivir en la miseria, los dejan sin sustento para comprar lo mínimo indispensable y los exponen a más enfermedades, obligándolos a dormir en el piso, exhaustos en condiciones inhumanas.

Por otra parte, una política antimigratoria más es la que llevó adelante el titular del Instituto Nacional de Migración (INM), Francisco Garduño Yáñez, que propuso conservar una mesa de diálogo permanente con el gobierno de Haití para establecer las medidas que “atiendan” la situación de los miles de inmigrantes que transmigran rumbo al sueño americano; pero manteniendo la política del retorno asistido imitando al país imperialista estadounidense.

¡Fronteras abiertas!

Ambas políticas, estadounidense y mexicana, resultan en políticas racistas y xenófobas contra los inmigrantes, aprobando medidas migratorias basadas en represiones violentas a cargo de sus cuerpos militares, con discursos de odio que abonan al resentimiento en contra de las personas que vienen huyendo de las consecuencias que impone el imperialismo estadounidense, responsable de la pobreza, la violencia, la explotación, los gobiernos inestables en el continente americano, y cuyas acciones son reaccionarias para las personas que salen huyendo de sus lugares de origen por la situación en que los mantienen los gobiernos subordinados y dependientes del imperialismo, como el de Haití y el de México.

Y ya que ellos, los administradores de los negocios capitalistas: el gobierno de Biden y sus subordinados como AMLO, siguen organizándose en contra de los inmigrantes, trabajadores, comerciantes, campesinos, profesionistas desarraigados, que están en busca de una vida digna, es urgente que las y los trabajadores nos unamos para exigir derechos plenos para todos ellos, quienes pertenecen a una clase internacional que viene huyendo de las situaciones más lamentables en sus propios países, de lo cual es responsable el imperialismo estadounidense. Se requiere, además, de la unidad de todos los sectores y organizaciones democráticas para que triunfe esta lucha por mejoras en las condiciones de vida de las personas más pobres del mundo. ¡Exigimos que los militares regresen a sus cuarteles y paso libre de todas y todos los migrantes!






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