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Red Internacional

A pesar de las tensiones, EEUU y México mantienen acuerdo en lo fundamental: la subordinación económica del patio trasero del imperialismo yanki.

Yara VillaseñorSocióloga y latinoamericanista - Militante del MTS - @konvulsa

Sábado 26 de marzo | 01:39

A pocos días de cumplirse un mes de la invasión militar rusa a territorio ucraniano, la conmoción internacional se mantiene frente al mayor conflicto de seguridad en Europa desde la posguerra y sus posibles escenarios.

El gobierno de Putin ha avanzado en controlar la región del Donbass a cambio de una gran inversión de recursos humanos, políticos y militares que no aseguran aún hoy una resolución que le sea favorable de la guerra. Las negociaciones están sobre la mesa, en lo que podría ser un nuevo Minsk más favorable a Rusia.

Ucrania, por su parte, en un escenario de destrucción de importantes ciudades y con cientos de miles de refugiados, ha increpado a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) por no intervenir directamente, aunque muchos gobiernos -como el de Estados Unidos- han votado enviar ayuda monetaria y militar con valor de varios millones de dólares.

En Europa, la guerra ha significado la excusa perfecta para el rearme imperialista, como demuestra la decisión del gobierno alemán de destinar más de cien mil millones de euros a la seguridad nacional, en búsqueda de ocupar un rol más protagónico en la política de seguridad del continente, un plano donde Francia y el Estado Español venían tomando la delantera.

El conflicto ha generado un contundente cierre de filas a favor del bando EEUU-OTAN, que se mantiene en una enérgica insistencia para que China se mantenga neutral mientras se desarrolla la guerra. En el caso mexicano, el ejecutivo y los portavoces del gobierno condenaron la invasión rusa y la injerencia de cualquier país sobre otro, omitiendo cuestionar la política de subordinación que impone EEUU a latinoamérica y a México como su patio trasero.

Esa posición, sin embargo, decantó distintas reacciones entre las cámaras legislativas y los partidos del Congreso, lo que llevó al surgimiento de dos grupos de trabajo parlamentario. Uno se presenta como el “grupo de amistad México-Rusia” (conformado por el Partido del Trabajo e integrantes del PRI, el Morena y el PAN), contrapuestos al grupo de trabajo de “amistad con EEUU”, encabezado por las declaraciones del PAN que se ha posicionado tajantemente a favor de Ucrania y el bando de la OTAN.

Es claro que el posicionamiento de AMLO, y las declaraciones de Ebrard como canciller -que insisten en repudiar la invasión-, expresan una línea de tensión entre el gobierno mexicano y el de la Casa Blanca. Este distanciamiento ya se había expresado con las declaraciones de AMLO frente a la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y frente a la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuestionando el bloqueo a Cuba y el injerencismo norteamericano.

También frente al veto de Rusia en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para no condenar la invasión militar rusa a Ucrania. En gran medida, el surgimiento de los “Amigos de Rusia” favorece esta ubicación de AMLO, a la par que le permite mostrar “pluralidad” democrática en su gobierno. No obstante, eleva la tensión frente a al claro objetivo de EEUU y la OTAN de aislar políticamente a Rusia, presionando por romper todo vínculo y apoyo diplomático y económico a la potencia del este europeo.

Por si fuera poco, EEUU viene confrontando al gobierno de AMLO debido a la Reforma eléctrica, cuestionada por el gobierno del norte, aun tras el espaldarazo de Ken Salazar, embajador de EEUU en México, a la misma, pues días después reafirmó lo que declaró el gobierno Biden: la reforma eléctrica estaría mejor en el archivo y su existencia pondrá en riesgo la inversión estadounidense en México. De ahí que la 4T apueste a su acuerdo con el PRI para limar los aspectos más “problemáticos” de la Reforma.

Es importante evidenciar que, a pesar de esto, la ubicación de AMLO frente a Estados Unidos es en realidad como una moneda de dos caras: mientras se distancia de Washington en política exterior y frente a aspectos como la participación del sector público en sectores estratégicos de la economía, mantiene la subordinación económica a EEUU vía el T-MEC y el rol de país “tapón” frente a la migración proveniente de Centroamérica y otros países, reforzando la militarización del país y el rol de las guardias fronterizas como réplicas de la border patrol en territorio nacional. Las recientes declaraciones de AMLO asegurando que México “no es colonia de nadie”, contrastan con la realidad de patio trasero que se mantiene en país.

De ahí que la retórica y ubicación “soberanista” de AMLO encuentro un fuerte muro limítrofe cuando se trata de las exigencias de Biden frente a la cuestión migratoria, el narco y la corrupción de funcionarios involucrados con el crimen organizado. No en balde los 3 mil kilómetros de frontera con el principal imperialismo mundial.

En este panorama, hace falta una posición que cuestione la relación de subordinación económica de México a los intereses imperialistas, así como los pactos que mantiene la 4T con el empresariado nacional y extranjero. Solo una posición de independencia de clase, plantada desde un firme antiimperialismo y desde el internacionalismo socialista, como sostenemos desde el Movimiento de las y los Trabajadores Socialistas, puede cuestionar consecuentemente la subordinación la imperialismo y plantearse la ruptura con los tratados de expoliación y sujeción económica y con la Casa Blanca, que impone sus intereses por la vía de “presionar” económicamente o imponerse con la bota militar.

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