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Red Internacional

Los intentos por cooptar e institucionalizar el movimiento de las disidencias sexogenéricas, no son nuevos. Gobiernos y empresarios buscan darle un cauce institucional al cuestionamiento a la normatividad cis-heteropatriarcal y a la exigencia de sexualidades y cuerpos libres de opresión y explotación.

Jueves 30 de junio | 15:33

En la Ciudad de México, más de 250 mil personas tomamos las calles este 25 de junio para reivindicar las demandas y derechos de la comunidad LGBTIQAP+. Mientras un sector condicionó el avance de la marcha a la llegada de la jefa de gobierno -y aspirante a la presidencia en 2024-, Claudia Sheinbaum, otro la denunció por hacer proselitismo y buscar montarse en la marcha para su carrera electoral.

Luego de que el Comité Organizador invitara a la Jefa de Gobierno del a CDMX a dar las palabras para el inicio de la marcha, acallando voces como la de la activista Natalia Lane, sobreviviente de transfeminicidio, ésta comenzó dos horas más tarde debido al retraso de Sheinbaum, lo que le valió múltiples críticas en redes sociales y abucheos al momento de arribar al Ángel de la Independencia al grito de: “no es campaña, no es campaña”.

“Ya vamos a iniciar. Hay que recordar que esta marcha es nuestra, es de la sociedad civil y es de la diversidad, no podemos esperar más”, expresó la diputada trans Salma Luévano ante lo que calificó como una gran falta de respeto al movimiento.

En la marcha también participaron alrededor de 140 carros alegóricos, en su mayoría de empresas y grandes corporativos haciendo pinkwashing, es decir, apropiándose de la lucha y las demandas del movimiento LGBTIQAIP+ para promover sus marcas y mercancías de manera oportunista, invisibilizando el carácter transgresor y disidente del movimiento por la liberación sexual. En redes sociales se denunció que elementos de la policía ponderaban el tránsito para estos carros por encima de las familias, infancias y contingentes diversos que reventaron el Paseo de la Reforma.

“Pese a que nuestro contingente ya había sido considerado en la cuarta posición, vivimos momentos de riesgo y discriminación debido a la falta de empatía e inclusión, la carencia de organización y comunicación por parte de los organizadores." denunciaron en un comunicado integrantes del Movimiento de Personas con Discapacidad.

Cooptación –histórica- del movimiento LGBTIQAP+

Una situación parecida ocurrió en Sonora, el Estado de México y otros estados del país, donde desde hace años la marcha del orgullo es organizada por colectivos LGBTIQAP+ y la sociedad civil junto con empresarios, gobiernos y partidos del régimen. Resulta desagradable que aquellos que la mayoría del año niegan los derechos sociales, humanos y laborales más básicos para las disidencias sexogenéricas desde los congresos y gobiernos, se pinten de “incluyentes” y “aliades” en el mes del orgullo.

No se trata de un hecho nuevo ni aislado, sino de una política implementada por los Estados y organismos financieros internacionales durante las décadas de la ofensiva neoliberal, luego de que las revueltas de Stonewall, el movimiento de mujeres y contra la guerra de Vietnam en los años 60’s y 70’s, cuestionaron a los regímenes capitalistas y la moral patriarcal que imponen por medio de las Iglesias y las instituciones del Estado, sobre las clases pobres y trabajadoras en todo el mundo.
Como explica Andrea D’Atri en su libro “Pan y Rosas: Pertenencia de género y Antagonismo de Clase”:

"La cooptación alcanzó cifras indiscutibles: según la información de la OECD, en 1970, las ong’s de los países latinoamericanos recibieron 914 millones de dólares; en 1980, la cifra ascendió a 2.368 millones de dólares y en 1992, rondó los 5.200 millones. Es decir que, en veinte años, el dinero destinado a las ong’s se incrementó en más de un 500%" . [1]

Toda esta cantidad de recursos económicos y políticos han sido utilizados desde hace décadas para mantener a raya al movimiento LGBTIQAP+, y evitar a toda costa que vuelva a tomar un carácter anticapitalista y contestatario, como sucedió en décadas previas. Tienen un gran miedo de que las personas LGBTIAQP+, unamos nuestra lucha a la del movimiento feminista, ambientalista, migrante y campesino, pues ya saben de lo que nuestro orgullo es capaz de hacer si, además, lo unimos a la fuerza estratégica de la clase obrera internacional que es la más feminizada, racializada y diversa en la historia.

Por un orgullo combativo y anticapitalista

La crisis económica y sanitaria demostró que este sistema no tiene más que miseria y barbarie para ofrecernos a las grandes mayorías. Aunque en algunos países como México, hemos conquistado con de años de lucha derechos democráticos como el reconocimiento legal a las identidades tras o el matrimonio igualitario en diferentes estados, seguimos enfrentando la violencia patriarcal, los discursos y crímenes de odio impulsados por la derecha y sectores ultraconservadores; mientras que aquellos gobiernos que se dicen "progresistas", siguen sin reconocer los plenos derechos para las infancias trans y negando el cupo laboral para personas trans y disidentes.

Lo que pasó en la CDMX es una muestra de que hay posturas críticas dentro del movimiento LGBTIQAP+, incluso dentro de las propias filas del Morena. En medio de los contingentes empresariales y el pinkwashing, destacó un bloque independiente y anticapitalista dentro de la marcha encabezado por: Michoacán Responde al VIH, Colectivos Michoacán es Diversidad, Convince, Luz por nuestros muertos, Red Mexicana de Personas que viven con VIH-SIDA, Pan y Rosas, La Batucada Combativa, Agrupación Juvenil Anticapitalista, Nuestra Clase, Izquierda Revolucionaria, Queremos Trabajo Digno, entre otras. Desde este bloque nos pronunciamos por la independencia política del movimiento y el reagrupamiento de aquellos sectores y organizaciones disidentes, que de opongan al uso del movimiento con fines electorales, que luchemos en contra de la violencia patriarcal, por la defensa de los derechos humanos y laborales también para las disidencias sexogenéricas.

Muches en 2018 confiaron en que Morena y AMLO iban a ser el cambio que tanto prometieron, sin embargo, sus propios militantes transodiantes como la ex diputada Lilly Téllez y sus cuestionables alianzas políticas con el PES y sectores eclesiásticos, nos alertan que no es ese el camino que debemos seguir. Pero nuestra rabia y orgullo disidentes tienen un potencial superior, no sólo para conquistar ciertos derechos y concesiones bajo los límites de este sistema, sino para encender las llamas contra este sistema capitalista y patriarcal desde sus raíces, y sobre sus ruinas y avances tecnológicos construir un mundo nuevo y libre donde nadie tenga que ocultar quien es en un closet.

Te puede interesar: ORGULLO LGBTI. En todo el mundo, organicemos la lucha socialista por la liberación sexual

[1] D’Atri, Andrea. "Pan y Rosas. Pertenecía de Género y Antagonismo de Clase en el Capitalismo". Ediciones Las Armas de la Crítica. Argentina, 2004.




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