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Red Internacional

Álvarez-Buylla y Luciano Concheiro anunciaron la desaparición del Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC) y la creación del Sistema Nacional de Posgrados (SNP) para problemáticas sociales, mientras siguen sin resolver de fondo las secuelas neoliberales en materia de ciencia y tecnología.

Arturo RendónAcadémico de la agrupación Nuestra Clase

Miércoles 7 de julio de 2021 | 23:39

La directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), María Elena Álvarez-Buylla, anunció la desaparición del Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC), en un evento que se llevó a cabo el 30 de junio pasado. ¿Por qué ocurrió este cambio? Las razones que presentó la autoridad en boca de Álvarez-Buylla son las siguientes:

"(En el PNPC) se priorizó la visión productivista y la competencia, el centralismo y la evaluación cuantitativa de los programas, además de que se desvincularon los posgrados de las prioridades de investigación en humanidades, ciencias, tecnologías e innovación que necesita el país".

Por otro lado, Luciano Concheiro, Subsecretario de Educación Superior, afirmó que se busca “formar profesionales que aporten soluciones a las problemáticas del país, como la violencia hacia las mujeres, el deterioro de la biodiversidad, la salud y la desigualdad tecnológica, entre otras”.

Acusar al Conacyt de productivista es completamente cierto, pero ¿esto qué significa? Además, sobre los últimos cambios que el gobierno de la 4T ha hecho en materia de ciencia y tecnología, cabe también preguntarse, ¿es posible esperar algo distinto?

Naturaleza del PNPC

El productivismo del PNPC es resultado de la política neoliberal de Carlos Salinas de Gortari, quien creó este programa en 1991 de la mano del Conacyt y de la Subsecretaría de Educación Superior de la SEP. Estos esquemas generaban competencia al funcionar sobre la base de un sistema de estímulos que iban destinados “a quien fuera más productivo”. Se les daban a los académicos que produjeran más cantidad de artículos, investigaciones, proyectos, revisaran tesis, impartieran conferencias, etc. Independientemente de si estos aportaban algo nuevo al conocimiento o no, cuyo resultado más nefasto ha sido la precarización laboral de miles de docentes, quienes al no tener estabilidad laboral no tienen las condiciones para competir.

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Además, el PNPC estaba destinado a estimular los posgrados (maestrías, doctorados y posdoctorados) que consideraba que generaban ganancia en el pleno sentido económico, sin importar si esto iba acorde a las necesidades sociales, ya que más bien se formaban profesionistas de alta especialización para que trabajasen en el mercado laboral. Donde por supuesto las más favorecidas por lo general son las empresas privadas, quienes se beneficiaban de estos técnicos y científicos de gran preparación, muchas veces a costa de terribles condiciones laborales.

El nuevo sistema

Así es como se anunció la creación del Sistema Nacional de Posgrados (SNP), que va a sustituir al PNPC. Da la imagen de ser muy progresivo que se diga que el nuevo sistema “va a dirigido a solucionar problemáticas sociales”; sin embargo, eso no puede resolverse solamente a partir de promesas de cambio, sino que implica una política radicalmente distinta que ponga la educación, la investigación y la ciencia al servicio de los intereses y necesidades de los trabajadores y el pueblo, así como resolviendo las carencias presupuestales con impuestos progresivos a las grandes fortunas. Junto a esta perspectiva -la cual es contraria a la que sostiene el gobierno desde su asunción- la realidad es que las acciones de los funcionarios de la 4T apuntan a otra cosa de lo que ahora declaman.

Por ejemplo, el nuevo reglamento del Conacyt no prioriza que los recursos se inviertan en investigación, sino que les deja más dinero a los altos funcionarios como Gertz Manero. Otro ejemplo de esta contradicción entre lo que se dice y se hace, es que se habla de formar profesionistas que atiendan problemas como el deterioro de la biodiversidad. No obstante, la austeridad republicana hizo que el propio Conacyt, junto con la UNAM y el IPN desembolsaran 12 mil millones de pesos para ser inyectados en la refinería de Tula, Hidalgo, que procesa combustibles fósiles contaminantes que destruyen los ecosistemas.

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Todo esto podría indicar que el SNP puede terminar siendo una reedición del PNPC, pero bajo un discurso “humanista”. Esto es, que no cuestione la continuidad a la destrucción del medio ambiente y se mantenga la precarización laboral de la mayoría de los docentes e investigadores. Y es que el sistema productivo de la ciencia y tecnología no se está cambiando de fondo: las grandes empresas siguen siendo las beneficiarias de la investigación científica y tecnológica como lo muestra la inversión en los megaproyectos.




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