Internacional

EL TRUMPISMO DE SALIDA

Con argumentos delirantes, Trump incluyó a Cuba como patrocinador del terrorismo

A nueve días de dejar la Casa Blanca y tras haber promovido el asalto al Capitolio, el presidente Donald Trump volvió a poner a Cuba en la lista de países “patrocinadores del terrorismo”.

Martes 12 de enero

Ya no cabe duda de que hasta último momento el magnate norteamericano seguirá dando noticias trascendentes. Este lunes, cuando aún no cesan las repercusiones por el histórico asalto al Capitolio que él promovió, y a solo nueve días de abandonar la presidencia, hizo saber que metió a Cuba en la lista de estados patrocinadores del terrorismo, de la que Obama la había quitado en 2015.

El responsable del anuncio fue su secretario de Estado, Mike Pompeo quien indicó que “Con esta acción, una vez más haremos responsable al Gobierno de Cuba y enviaremos un mensaje claro: el régimen de los Castro debe poner fin a su apoyo al terrorismo internacional y a la subversión de la justicia estadounidense”.

El jefe de la diplomacia estadounidense esgrimió argumentos verdaderamente insólitos para justificar el retorno de la isla a dicha lista: “brindar apoyo repetidamente a actos de terrorismo internacional al otorgar refugio seguro a terroristas”.

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La acusación viene de la negativa de La Habana a extraditar a diez líderes de la guerrilla colombiana del Ejército de Liberación Nacional (ELN), que hace unos años viajaron a la isla para mantener negociaciones de paz con el Gobierno de ese país, siguiendo la metodología que se usó para los reaccionarios acuerdos de paz con las FARC firmados en noviembre de 2016.

Tras fracasar las conversaciones el Gobierno colombiano, increíblemente, exigió a Cuba la entrega de los negociadores del ELN. La excusa de que el grupo se atribuyera un atentado contra la escuela de la Policía en Bogotá, no tenía ningún sentido porque los ataques eran mutuos y en el marco de una guerra, por lo demás asimétrica favorable al ejército. Un ejército, no está demás recordarlo, especialmente terrorista, financiado y entrenado desde hace décadas por Estados Unidos, que actúa en connivencia con grupos paramilitares y policías para realizar todo tipo de crímenes, incluso contra objetivos civiles.

Basta con ver las cifras de dirigentes sociales y ex miembros de las FARC asesinados tras los acuerdos de 2016, para ver quiénes son los que siembran el terror.

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En su diatriba contra Cuba, Pompeo agregó que la Administración de Trump siempre se encargó de “contrarrestar su interferencia maligna en Venezuela y en el resto del hemisferio occidental”, utilizando de paso ese tipo de palabras que parecen copiadas a algún pastor evangélico.

No contento del todo, el funcionario acusó al Gobierno cubano de haber “alimentado, alojado y brindado atención médica a asesinos, fabricantes de bombas y secuestradores, mientras muchos cubanos pasan hambre, no tienen hogar y no tienen medicinas básicas”.

La pandilla de Trump y sus acólitos no solo hace acusaciones irrisorias, sino que culpan a sus víctimas de los crímenes que ellos mismos comenten. La mención a las penurias que sufre el pueblo cubano en materia de alimentos, vivienda y salud, no puede ser leído de otra forma que una vil provocación. Como si en ello no incidiera de forma primordial el bloqueo económico que Trump reforzó ni bien llegó a la Casa Blanca y que llegó a incluir insumos médicos durante la pandemia de Covid-19.

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Por su parte, el pasado 30 de noviembre, el ministro cubano de Exteriores, Bruno Rodríguez, había denunciado una "maniobra" de Estados Unidos para devolver a Cuba a la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, con la que consideró busca "complacer a la minoría anticubana en la Florida". En esa oportunidad también dijo en su cuenta de Twitter que Estados Unidos "garantiza refugio e impunidad a grupos terroristas que actúan contra Cuba desde su territorio", lo cual no solo está probado y documentado, sino que los propios gobiernos yanquis lo han reivindicado por ejemplo en el emblemático caso del terrorista Luis Posada Carriles.

La inclusión de un país en la lista negra de terrorismo implica trabas al comercio y otras sanciones, pero como sobre Cuba ya pesa el mencionado bloqueo, el objetivo de la misma es probablemente político más que económico. Como mostró el ataque al Capitolio, y anteriormente sus acusaciones de fraude y sus recursos a la Justicia, Trump está tratando de “retirarse golpeando” para seguir acaudillando la importante base social y electorado que lo apoya.

Las encuestas muestran que un 70% de los votantes republicanos opina que les robaron las elecciones y un 45% aprueba el asalto a la sede del Parlamento producido el pasado 6 de enero. Esta importante base de apoyo, que son varias decenas de millones de personas, incluye al anticastrismo concentrado en el sur de la Florida y otros lugares del país. De ahí que esta nueva medida tenga más de “golpe propagandístico” que consecuencias reales, aunque no faltan quienes especulan que podría complicar las posibilidades de que Joe Biden reanude rápidamente los acercamientos con La Habana.

En todo caso, tal “complicación” no sería una herencia que le deja Trump, sino consecuencia de la propia política exterior de la nueva administración demócrata, de la que más allá de gestos y un discurso menos confrontativo no se esperan cambios significativos en los grandes asuntos geopolíticos como la guerra comercial con China o el acuerdo nuclear con Irán. En el caso de las relaciones con Cuba, tampoco hay mayores expectativas, pero no se puede descartar que retome al menos parte del camino que abrió Obama con el “deshielo” en las relaciones bilaterales y el relajo parcial de algunas de las más brutales restricciones que impone el bloqueo económico. Como señalamos en otros artículos, a ese escenario apuesta la burocracia gobernante en Cuba para avanzar en su plan de reformas pro mercado.

Repudiamos la nueva medida de Trump, que se inscribe en la larga cadena de agresiones que tanto republicanos como demócratas han perpetrado contra Cuba, y exigimos el inmediato levantamiento del bloqueo, el fin de la injerencia contra estados soberanos y la devolución de la base de Guantánamo que sigue manteniendo ilegalmente y es parte del dispositivo militar-terrorista que EE. UU. tiene desplegado a nivel mundial.






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