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Red Internacional

Como maestro, asistí al mitin convocando por organizaciones de mujeres, entre ellas, mis compañeras de Pan y Rosas, sumándome al reclamo de decenas de mujeres que exigen justicia ante los asesinatos a manos de la policía contra la vida de las y los trabajadores, migrantes y pobres. #FueElEstado

Jueves 1ro de abril | 12:26

Cuando nos enteramos que cuatro uniformados, entre ellos una mujer policía, habían asesinado a una mujer en Tulum, cundió la indignación. El mismo domingo en la mañana cuando tibiamente comenzó a difundirse la información, vi como mis compañeras se pusieron al frente de organizar una acción urgente en la representación de Quintana Roo.

Pero ante la conmoción, de inmediato pensé que debía sumarme activamente: comencé a llamar a mis compañeras maestras, a comunicarme a través de las redes sociales, en los grupos de WhatsApp del magisterio, para contarles lo que había pasado y organizar la rabia.

En nuestra agrupación docente, nos dividimos rápidamente las tareas entre quienes podíamos asistir presencialmente y quienes, por razones de salud o resguardo, no podrían estar presentes, pero si activos apoyando en compartir fotos, videos, testimonios y la misma acción, a través de Facebook, donde llegamos también con la transmisión en vivo, a más de 100 grupos docentes y trabajadores de todo el país.
Como en la revolución mexicana, las redes sociales se convirtieron en nuestros propios “ferrocarriles digitales”.

Bloque Negro, la prensa y un “llamado al orden”

Ya en la actividad, las convocantes iniciaron un mitin donde se replicaba en muchas participaciones la misma conclusión, #ElEstadoEsResponsable y #PoliciaAsesina ¡Abajo la política anti migratoria servil a Estados Unidos! Destaco que, centralmente, se dieron lugar allí las organizaciones de mujeres de la izquierda, esas mujeres que no se toman vacaciones a la hora de luchar.

Te invitamos a ver el video: Mitin en CDMX contra la brutalidad policial y por #JusticiaParaVictoria

Resonaron en mis oídos las voces de compañeras de Izquierda Revolucionaria, de Izquierda socialista, MAS mujeres, las compañeras de Kenia Hernández (defensora de derechos humanos presa ilegalmente por la 4T) mis compañeras de Pan y Rosas México, las Feministas con voz de maíz, entre muchas otras, la madre de Lesvy Osorio (joven asesinada en la UNAM).

Sin embargo, el invitado especial del día, ausente en la persistente lucha de las mujeres y que no me esperaba encontrar, estaba ahí: una increíble cantidad de medios de prensa y comunicación, televisoras internacionales y nacionales; al fin, dando el reporte de esta numerosa manifestación de la bronca organizada.

¿Y cómo no?, pensé después, si estamos hablando de la recreación de lo que significó en el 2020 el asesinato a manos de la Policía racista de EEUU, del joven afroamericano George Floyd, que ahora se repite con una mujer migrante con visa humanitaria, una joven madre salvadoreña que huyó de la violencia en su país, y halló la muerte en el nuestro a manos de quienes nos dicen que están para cuidarnos.

Pero la reacción de la prensa volvió a mostrarse ajena a la violencia patriarcal y capitalista, cuando llegaron apenas seis jóvenes del llamado “Bloque Negro” y como abejas a la miel, todas la cámaras y reflectores pasaron a mostrar cómo intentaban -sin éxito- quebrar las vallas que tenían cercada la casa de representación de Quintana Roo como forma de protesta ante la intimidación del gobierno. Esto en sí mismo no es nuevo, los medios de prensa lamentablemente han hecho lo mismo en cada ocasión que nuestras compañeras salen a las calles.

Y así sean cientas de miles -como el 8 de marzo- lo que difunden es a los pequeños sectores, sus pintas, lo que ellos llaman: “actos vandálicos que atentan contra la propiedad privada”. Pequeñas acciones que les sirven para invisibilizar y desviar la atención de los 11 feminicidios por día, las miles de desaparecidas, las cientas de muertas por abortos clandestinos, casi por consigna, la lucha por dar luz a la violencia permanente de la precarización laboral que, en las mujeres, es superior a la nuestra.

Sin embargo, esta vez no fue igual, tanto coraje ocasionó el accionar de los medios amarillistas buscando la nota para continuar con la criminalización al movimiento de mujeres, que una joven mujer que estaba participando con el testimonio sobre el feminicidio de su hermana el cual sigue impune, los exhortó con toda su rabia, así como también a las mujeres encapuchadas, llamó al orden, con el grito de:
“¡Esto para ustedes es un show, pero nos están matando, yo tenía la expectativa de que todo el país se enterara de que mataron a mi hermana… sigue sin tener justicia y ustedes solo vienen a ver un espectáculo!”…

Y es que es tan obscena ya la manipulación de la información en nuestro país, la misma que genera esa polarización en la opinión pública que solo sirve al gobierno y los políticos al servicio de los de arriba, para seguir sosteniendo y reproduciendo la violencia hacia las mujeres en todas sus formas, que este fuerte reclamo bastó para que los medios, regresaran nuevamente al mitin y prestaran atención a lo verdaderamente relevante.

Pasados varios minutos, como era de esperarse, en cuanto se fueron las 6 jóvenes del bloque negro que no lograron desviar la atención de lo realmente importante, también la mayoría de la prensa se retiró.

Esta manifestación, pero también el movimiento de mujeres en general, me hace pensar en la imperiosa necesidad de que, como trabajadores docentes y hombres, debemos pelear permanentemente junto a nuestras compañeras, para que más trabajadores, estudiantes y docentes, sin importar su género, abracen la lucha por #NiUnaMenos, por todos y cada uno de sus derechos. ¡Necesitamos unirnos contra este sistema patriarcal y capitalista!

Debemos ser miles en las calles dándoles el show de sus vidas a quienes perpetúan la opresión patriarcal que tiene su cara más letal en los feminicidios, es urgente que acompañemos a las mujeres que, a su paso, hacen temblar la tierra, haciendo difícil ya para las líneas editoriales de la burguesía acallar esta lucha o confundir a la gente.

*docente de la agrupación magisterial Nuestra Clase




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