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Clase, moralidad y capitalismo en Parásitos

Parásitos, a pesar de su rareza, se ha convertido en un éxito entre público y crítica, siendo la primera película surcoreana nominada a un Oscar. La clave es que muestra sin fisuras la relación parasitaria entre los ricos y la clase obrera.

Clara Mallo

Madrid | @ClaraMallo

Sábado 18 de enero | 09:37

La última película del director coreano Bong Joon-Ho, Parásitos (Gisaengchung) no ha dejado indiferente a nadie. Ganadora de la Palma de oro en el festival de Cannes esta semana, cuando la Academia desvelaba las candidaturas a los Óscar, Parasite sorprendía con nada menos que seis nominaciones: mejor dirección, película extranjera, guion original, película internacional, edición y diseño de producción. Solo con el peso de esta lista podríamos definir que es una buena película, pero quien la haya visto seguramente pensará que esta definición no expresa lo que es Parásitos.

En los lugares donde se ha estrenado ha sido un éxito, en España tan solo un mes tras su estreno en octubre ya había recaudado más de un millón de euros en taquilla gracias a sus 250.00 espectadores. Si no conociéramos todos estos datos y sólo leyéramos su sinopsis, viéramos su cartel y supiéramos su origen coreano pensaríamos no en una de esas películas de éxito sino más bien en una de aquellas buenas películas pero con pase en pocos cines de la ciudad y éxito limitado de espectadores. Entonces, ¿qué tiene de especial Parásitos? ¿por qué la gente está tan fascinada por esta extraña película surcoreana? Es muy probable que tenga que ver el modo en cómo retrata la opresión de clase.

Empecemos por el título. Parásitos habla de qué entendemos como un parásito, de ese discurso que como diría Owen Jones trata de demonizar a la clase obrera y criminaliza a aquellos que lo único que intentan es sobrevivir en su día a día. Eso sí, echando mano de las tácticas más sofisticadas que la inteligencia de la calle puede ofrecer. Habla de cómo el sistema en el que vivimos empuja a una parte importante a vivir en condiciones materiales tan malas que se llega a posiciones en las que no queda opción que quebrantar la ley, la moralidad y lo correcto, o morir de hambre. Sin embargo, la definición exacta de parásito no es esta, es la de un organismo que vive a costa de otro. No se trata de una cuestión de moralidad, de buenas o malas intenciones, sino de una posición en la sociedad. Es algo sencillo, pero si no lo definimos correctamente podemos confundirnos a la hora de identificar un verdadero parásito. La película desafía al espectador para que piense quién es realmente el parásito en la relación entre los pobres y los ricos.

La película muestra a dos familias: los Parker, familia de un empresario de éxito cargada de buenas intenciones y los Kim, una familia de trabajadores, laboriosos e inteligentes, pero que son tachados de parásitos porque se ven obligados a aprovecharse de los demás para encontrar trabajo. A través de la relación entre ambas familias, Bong Joon-ho comienza a mostrar las enormes desigualdades sociales entre aquellos que se mantienen de manera permanente en el borde del precipicio y aquellos que pueden permitirse que su única preocupación sea cómo cultivar su espíritu.

Las buenas intenciones además encuentran sus contradicciones en un mundo marcado por las desigualdades sociales. Esto es en lo que se apoya Bong Joon-Ho para mostrarnos a los verdaderos parásitos de la sociedad. Todo ello mediante mecanismos complejos. El modo en que nos hace llegar a las conclusiones es bastante retorcido. Su manera de identificar los parásitos en el capitalismo y el arte con que se desgrana esta idea garantiza el éxito de la cinta. La hiladísima trama, la simbología, los juegos de humor, la realidad, la franqueza y un poquito de terror hacen que un buen tema adquiera el rango de maestría.

La polarización social y la desigualdad en la que se basa el sistema y que pretende mostrarnos Bong Joon-Ho es permanentemente disfrazada a través de distintos mecanismos. En las ciudades incluso el propio urbanismo ayuda a ello, así es difícil que las vidas de los capitalistas se crucen con las de los trabajadores. Ellos viven en otros barrios, van a otras escuelas, disfrutan de otro tipo de vacaciones, se mueven de otra manera por la ciudad, compran en otros supermercados o cuentan con alguien que les haga la compra y tienen sus propios hobbies. Todo ello oculta esas desigualdades y al mismo tiempo ayuda a profundizar en ellas. Por tanto, en el mundo capitalista es improbable que los caminos de familias como los Kim y los Parker se crucen. El único caso se da en cuestiones de empleo entre clases, en el ámbito doméstico, por ejemplo, como cuando se contrata a alguien como tutor, chófer o como trabajador de labores domésticas. Entonces hay momentos en que las dos clases se acercan lo suficiente como para sentir el aliento del otro. En esta película las dos clases se ven arrastradas a una situación en la que el más mínimo desliz de la posición de clase puede conducir al conflicto. Esta tensión es la esencia de la película y se expresa en uno de los diálogos entre el señor y la señora Parker. Él le dice sobre el nuevo chófer de la familia que “me gusta, pero en ocasiones parece estar al límite de cruzar la línea”.

Esta idea la expresaba el director en una entrevista:

“En la sociedad capitalista de hoy en día hay rangos y castas que son invisibles a los ojos. Los mantenemos disfrazados y fuera de la vista, y despreciamos superficialmente las jerarquías de clase como una reliquia del pasado, pero la realidad es que hay líneas de clase que no se pueden cruzar. Creo que esta película muestra las inevitables grietas que aparecen cuando dos clases sociales se rozan entre sí en una sociedad cada vez más polarizada.”

Parásitos captura la relación parasitaria entre los capitalistas y los trabajadores. De algún modo, a través de esta tensión generada entre ambas clases cuando se cruzan, también pronostica la lucha de clases.






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