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SUPLEMENTO

China y la guerra de Ucrania: entre la alianza con Rusia y la dependencia de Occidente

Juan Chingo

CHINA

China y la guerra de Ucrania: entre la alianza con Rusia y la dependencia de Occidente

Juan Chingo

Desde que comenzó la agresión rusa en Ucrania, China se encuentra transitando una cuerda floja geopolítica, tensionada entre sus necesidades políticas de oposición al orden mundial diseñado por EE. UU. que comparte con Rusia y su fuerte dependencia comercial y tecnológica con Occidente que explican su cautela en el escenario internacional.

Equilibrismo diplomático

Si hay una palabra que define la actitud china desde el inicio de la guerra en Ucrania es la cautela. Políticamente, debe compaginar su apoyo a Rusia con su tradicional principio de respeto a la soberanía nacional y la integridad territorial, que la invasión rusa viola claramente. Así, Pekín no ha apoyado explícitamente la intervención de Moscú, pero tampoco la ha calificado nunca de "invasión". El presidente Xi Jinping dijo a su homólogo ruso Vladimir Putin que la República Popular apoya a Rusia "en la búsqueda de una solución negociada" y que Estados Unidos ha subestimado las consecuencias de la expansión de la OTAN hacia el este. Sin embargo, Xi también dijo que hay que respetar la soberanía y la integridad territorial de todos los países. Este elemento es una cuestión sensible para Pekín. Por un lado, las invasiones extranjeras que China sufrió entre los siglos XIX y XX, incluida la rusa, son una herida siempre presente en la conciencia nacional. Por otra parte, la República Popular China es especialmente hostil a los movimientos independentistas porque teme que sean utilizados –quizá con el apoyo de una potencia rival como Estados Unidos– para romper su territorio o negarle la reconquista de Taiwán. La reciente y fuerte vigilancia y represión a la que son sometidos tanto Xinjiang como Hong Kong muestra la importancia de la cuestión.

Mas preocupante, la prolongación de la guerra podría perjudicar indirectamente los intereses internos y externos de la República Popular, incluyendo las ya precarias relaciones con Estados Unidos y Europa y la imagen general de las nuevas rutas de la seda. Esto, al mismo tiempo que el gobierno chino quiere mantener la cooperación con Moscú (sin elevarla a una verdadera alianza) para satisfacer las necesidades energéticas nacionales y reforzar el arsenal militar del Ejército Popular de Liberación mediante la compra de armas y tecnología rusas. Todo esto, en el marco del bloque geopolítico con el Kremlin, que considera crucial para rechazar las tácticas de contención estadounidenses en el Indo-Pacífico.

Todos estos elementos la conducen a una postura ambivalente o de neutralidad interesada, equivalente a hacer vagos llamamientos a una solución pacífica, sin dejar de apoyar en general la posición rusa y culpar a Estados Unidos y sus aliados de avivar el conflicto y por otro lado acatar en su mayor parte las sanciones en la práctica mientras las deplora en principio. Dicho de otra manera, podríamos decir que China intenta exponerse lo menos posible, equilibrando su asociación estratégica con Rusia con la necesidad de no romper del todo con Estados Unidos y de mejorar las relaciones con la Unión Europea (la Comisión Europea ha anunciado una cumbre Bruselas-Pekín para el 1 de abril).

La guerra de Ucrania perjudica más que beneficia a China

Aunque la guerra de Ucrania ocupa el centro de la escena, esto no ha eliminado los importantes desafíos que estaban ocupando a Pekín antes del inicio de este conflicto. La República Popular está confrontada a grandes problemas económicos relacionados con el estallido de la burbuja inmobiliaria, las dificultades para avanzar hacia un nuevo modelo de crecimiento más equilibrado y sustentable a lo que se suma en los últimos días un recrudecimiento de la pandemia de COVID 19. Frente al creciente problema de deuda, Xi intenta imponer algo de disciplina fiscal a la economía nacional, en lugar de estimularla sin cesar mediante el endeudamiento. Por primera vez en años, muchos gobiernos locales han revisado los objetivos presupuestarios de los ingresos por venta de tierras, e incluso hay medidas de ajuste para los funcionarios estatales, algunos de los cuales han visto reducida su paga mensual en un tercio en los últimos meses. Una fuente de potenciales tensiones sociales. En este marco, cuanto peor sea la guerra ruso-ucraniana para la economía mundial, más complicada será la ya difícil transición económica china.

China se beneficia de la guerra ruso-ucraniana en dos cuestiones clave. Por un lado, Pekín gana influencia a medida que Rusia se debilita y se aísla y, por tanto, depende más de la buena voluntad china. Esta puede utilizar esta influencia para obtener mejores condiciones en los acuerdos sobre recursos naturales, comprar armamento más avanzado del que Rusia ha estado dispuesta a vender hasta ahora y avanzar en su programa de internacionalización del renminbi, en el que Rusia ha sido un socio dispuesto. Por ejemplo, con respecto a los productos y las materias primas rusas que la mayor parte del mundo rechaza –y dado que Europa se ha comprometido a reducir su dependencia de la energía rusa lo antes posible–, China conseguirá importar de Moscú a precios reducidos. Además, el declive de la influencia estadounidense en Oriente Medio, evidenciado por la negativa de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos a hablar con Joe Biden, permite a Pekín aumentar su influencia en esa región. La segunda es que cuanto más se centra Estados Unidos en Europa, menos se dedica al Mar de China Meridional y el Asia-Pacífico, donde la República Popular se sigue mostrando agresiva ante una posible anexión de Taiwán.

Sin embargo, para China, los aspectos negativos de la guerra empiezan a ser mayores que las ventajas, sobre todo porque el conflicto no parece llegar a su fin. Al desaparecer las posibilidades de una victoria rápida, Rusia está perdiendo la guerra de la información, lo que significa que Pekín sufre un daño colateral en su reputación al estar tan estrechamente asociada con Moscú. Por otro lado, la importación de trigo y petróleo baratos de Rusia no compensa el enorme aumento de precios en los mercados de materias primas provocado por la guerra. Un aumento de precios que, sobre todo en lo que respecta a los alimentos, podría pesar mucho en China si se interrumpen los envíos al Mar Negro y los agricultores ucranianos no siembran sus cosechas de primavera.

Además, lejos de distraer a los estadounidenses y a sus aliados, la agresión rusa podría convencer a Estados Unidos, junto con Japón, que ya ha reforzado su capacidad militar y sus relaciones con Taiwán, y Corea del Sur, que acaba de elegir a un presidente proamericano, de evitar un futuro escenario ucraniano para Taiwán.

Dependencia económica y prudencia geopolítica

China está haciendo todo lo posible para no sufrir los daños colaterales de las sanciones occidentales contra Rusia. Sus principales empresas han cumplido hasta ahora y probablemente seguirán haciéndolo por simple interés económico. La razón es sencilla: las empresas chinas tienen mucho más que perder que ganar por violar las sanciones. Para la mayoría de las empresas chinas, Rusia es un mercado demasiado pequeño para que el negocio merezca la pena el riesgo de quedar aisladas de los mercados desarrollados o de ser sancionadas.

Grafiquemos. Desde el punto de vista comercial, sus lazos comerciales con Estados Unidos, la Unión Europea y sus aliados en Asia son mucho más importantes que los que mantiene con Rusia. China exportó a Rusia unos 68.000 millones de dólares en bienes en 2021; sus exportaciones a EE. UU. y la UE juntas superan ampliamente el billón de dólares.

Pero –como he escrito en La ubicación de China en la jerarquía del capitalismo global– la fragilidad tecnológica de la superpotencia la hace aún dependiente de las principales potencias imperialistas, hoy unidas de forma inédita en las últimas décadas contra Rusia. Como bien señala Dan Wang, analista de Gavekal Research en una nota a sus clientes, esta dependencia tecnología lleva a China a practicar una “moderación geopolítica”:

Los EE. UU. y Europa no solo son los principales clientes de sus productos, sino que China también depende de otros para tres tecnologías críticas: chips, semillas y aviación... China ha estado tratando activamente de reducir su dependencia de Occidente, especialmente a medida que EE. UU. para restringir su acceso a tecnología crítica por motivos de seguridad nacional, como lo hizo con los controles de exportación contra Huawei Technologies. Pero a pesar de la inversión agresiva, pasará un tiempo antes de que China no necesite a Occidente, razón por la cual Wang considera que China practica la "moderación geopolítica" [1].

Mas ominoso aún, esta continua dependencia debería alentar la confianza de Occidente en la moderación geopolítica de China, ya que las sanciones contra Rusia han dado a China una pista de lo que podría enfrentar en una confrontación con Occidente. Como afirma Wang: “Si alguna vez se aplicaran sanciones similares a China, ya sea por apoyar a Rusia o atacar a Taiwán, serían devastadoras para la capacidad de China de seguir siendo una superpotencia manufacturera” [2].

Igualmente, la congelación totalmente ilegal de las reservas del banco central de Rusia, puede haber enviado también un poderoso mensaje a China, que posee algo así como 2-3 billones de dólares en forma de bonos del Tesoro estadounidense.

Esta dura realidad explica que, aunque China ha condenado retóricamente las sanciones impuestas a Rusia, la necesidad de preservar el acceso a estas tecnologías y el acceso a los mercados globales ha mantenido su respuesta contenida. En otras palabras, la "amistad sin límites" de Moscú y Pekín se choca con el límite infranqueable de la superioridad global del sistema imperialista mundial aun dominado por los Estados Unidos. En este contexto, mal que le pese a Putin, está claro que Pekín no morirá por Moscú.


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NOTAS AL PIE

[1“Why China Is Unlikely to Aid Russia”, Reshma Kapadia, The Barron’s Daily, 23/3/2022.

[2Íbidem.
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Juan Chingo

Integrante del Comité de Redacción de Révolution Permanente (Francia) y de la Revista Estrategia Internacional. Autor de múltiples artículos y ensayos sobre problemas de economía internacional, geopolítica y luchas sociales desde la teoría marxista. Es coautor junto con Emmanuel Barot del ensayo La clase obrera en Francia: mitos y realidades. Por una cartografía objetiva y subjetiva de las fuerzas proletarias contemporáneas (2014) y autor del libro Gilets jaunes. Le soulèvement (Communard e.s, 2019).
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