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Red Internacional

En estas elecciones se registraron muchas candidaturas encabezadas por mujeres, ¿Esto representa un cambio para el conjunto de las mujeres?

Joss Espinosa@Joss_font

Jueves 27 de mayo | 23:40

Los comicios a realizarse el próximo 6 de junio además de estar atravesados por la enorme cantidad de cargos que se renuevan y la violencia que se agudiza a medida que la fecha se acerca, también tienen como novedad la cantidad de candidaturas encabezadas por mujeres. Para las 15 gobernaturas que se disputan a nivel nacional, existen 46 candidaturas de mujeres para dicho cargo.

En torno a las elecciones de presidencias municipales, la cifra de candidatas mujeres es la más alta registrada en la historia de las elecciones de México, con 4 mil 171 candidatas.

Sumado a esto, el gobierno de AMLO ha puesto delante la paridad en las cámaras de diputados y en su propio gabinete. López Obrador, no ha escatimado en hacer gala de sus figuras femeninas en momentos claves, como las conferencias matutinas precedidas por estas figuras el 25 de noviembre o el 8 de marzo.

Esta “apertura” para las mujeres en el ámbito político, contrasta con la terrible realidad para las mayorías femeninas: once feminicidios al día, precarización laboral, falta de derechos como el aborto y un largo etcétera es lo que cruza a las mujeres trabajadoras y precarizadas día con día.

Por un lado, hay que reconocer que la presencia femenina en las elecciones ha sido una conquista histórica del movimiento de mujeres que nos ha precedido, desde la lucha por el derecho a votar y ser votadas. Y lo que no hay que obviar es que, este aumento actual de candidaturas femeninas también responde a la lectura que el régimen ha hecho de el movimiento de mujeres actual; de cierta forma, responde al espíritu de época de las miles que han salido a las calles para exigir un alto a la violencia y por la conquista de nuestros derechos.

Sin embargo, el problema se complejiza cuando esta expresión en las elecciones se quiere mostrar, tautológicamente, como un avance en abstracto para el conjunto de las mujeres.

El género nos une, la clase nos divide

Algo común para el feminismo institucional o liberal, es querer mostrar que dichas candidaturas, al estar encabezadas por mujeres representan per se las demandas del conjunto de las mujeres. Es la misma historia de siempre, pensar que, porque en los cargos de representación pública existan personajes que pertenecen a las llamadas “minorías” o sectores oprimidos, eso representa de facto a dichos sectores. Sin embargo, se ha demostrado que no es así: como el caso de Obama en EEUU, que más allá de ser negro, en su gestión aumentó la violencia racista o las deportaciones migrantes; o como las gestiones de mujeres a nivel internacional como Margaret Thatcher que aplico planes económicos durísimos contra la clase trabajadora, siendo las mujeres las principales afectadas.

Paradójicamente, con la entrada del neoliberalismo, mientras se extendía la idea de que las mujeres teníamos todo conquistado y la emancipación pasaba por una liberación individual para romper el “techo de cristal”, millones de mujeres estaban en los sótanos de la miseria, ya que eso que fue concebido como una “conquista cultural” ocultaba que dichos “avances” se dieron sobre la base de el ataque a los derechos de la clase trabajadora en su conjunto, sobre todo en los países subordinados al imperialismo como el caso de México.

Como menciona Celeste Murillo con respecto a este proceso:

«[Margaret Thatcher] No defendió la igualdad ni los derechos de las mujeres, pero encarnaba contradictoriamente el discurso feminista liberal, de romper el “techo de cristal”, que representaba (para ese feminismo) un avance para todas las mujeres. Aunque contrariaba a muchas feministas, pocas advirtieron que su llegada al poder coincidía con el momento en que la mayoría de ellas se retiraba de las calles para refugiarse en ONG y ministerios. Parecía que el feminismo ganaba una “batalla cultural”, pero en realidad, emprendía el abandono de la lucha política por cambiar la sociedad de raíz y acabar así con la alianza capitalismo-patriarcado. [1]»

¿Pero eso que tiene que ver con las elecciones en México? Más allá de las diferencias que dichos ejemplos puedan tener con los próximos comicios, lo que muestran es que, más allá del género o la identidad de quienes encabecen las candidaturas o cargos, lo que dichas figuras defienden es el programa de sus partidos que, en el caso de las distintas variantes en México, todas y cada una de ellas defienden la política de la clase burguesa.

Por un movimiento de mujeres independiente y anticapitalista

A partir del emerger del movimiento de mujeres a nivel nacional -e internacional-, las distintas variantes de los partidos en el congreso han intentado colgarse la bandera del feminismo.

Por un lado, el Morena que, con una mano muestran a las figuras femeninas y se llenan la boca con promesas de avanzar con el derecho al aborto, y con la otra reprime a movilizaciones de mujeres, como lo mostro el 28 de septiembre o el pasado 8 de marzo.

Por otro lado, variantes más cínicas como la coalición PRI-PAN-PRD, que tras la crítica del feminismo a la 4T han intentado pegarse como sanguijuelas al movimiento de mujeres, fingiendo defender nuestros derechos, mientras han sido responsables del aumento de la violencia con la política de militarización implementada por los gobiernos del PRI y el PAN (que aun se mantiene), o han sido acérrimos opositores al derecho al aborto.

Mientras los partidos y las instituciones de este sistema presentan las candidaturas femeninas como una victoria del conjunto de las mujeres, las trabajadoras y jóvenes precarizadas seguimos viviendo la violencia, la precarización y la falta de derechos. Y esto es porque ninguna de las variantes que hoy presentan candidaturas, aun siendo de mujeres, representan nuestros intereses.

Y aunque puedan retomar alguna demanda propia del movimiento de manera formal, como “el combate a la violencia” o “la despenalización del aborto”, lo cierto es que las salidas que pudieran proponer, no resuelven la raíz del problema, ya que, lo que esta de fondo, es que defienden en sus raíces a un sistema que se basa en la desigualdad y la explotación de un puñado de empresarios (y sus gobiernos) por sobre las grandes mayorías empobrecidas, de las cuales gran parte somos mujeres.

Mientras, las proscripciones del régimen (avaladas por el INE, mismo que hoy se enorgullece de las candidaturas femeninas) impiden en los hechos la participación de trabajadoras y trabajadores que quedan fuera por no poder cubrir los antidemocráticos requisitos y las cuotas incosteables para sus salarios.

Es así que, las candidaturas que realmente están al servicio de las luchas obreras y de la mayoría de las mujeres, las pobres y trabajadorxs, quedan fuera. Este fue el caso de Flora Aco, defensora de derechos laborales y humanos, y de Leda Victoria, trabajadora de la educación, quiénes entre sus propuestas como feministas socialistas tenían como eje prioritario la lucha por los derechos de las mujeres, contra la precarización laboral, el feminicidio y por aborto legal. Es claro que el régimen electoral acepta las candidaturas femeninas, siempre y cuando estén al servicio de los ricos y empresarios. Por ello, enfrentando a las proscripciones electorales, desde Pan y Rosas nos sumamos al impulso de la candidatura encabezada por Flora, como parte de la pelea por desnudar la política del gobierno y aportar a la la construcción de una herramienta política propia de la clase trabajadora altamente feminizada y precarizada.

En el marco de las elecciones, es vital refrendar el carácter independiente del movimiento de mujeres. Pues se ha demostrado que la conquista de nuestros derechos no vendrá de la “benevolencia” de los partidos patronales, sino que estos los hemos conquistado históricamente con la movilización en las calles.

Sólo, con un movimiento que de la mano del conjunto de la clase trabajadora, no solo cuestione la raíz de este sistema sino que se apueste a su transformación en clave revolucionaria podremos conquistar una sociedad distinta, sin opresión ni explotación.

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[1Celeste Murillo. Las otras feministas, en http://www.laizquierdadiario.com/ideasdeizquierda/las-otras-feministas/





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