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Red Internacional

El calendario aprobado para el nuevo ciclo escolar atenta contra nuestro derecho al descanso y al de nuestros alumnos.

Sulem Estrada, maestra de secundariaAgrupación Magisterial Nuestra Clase y Pan y Rosas

Miércoles 30 de junio | 14:23

El gobierno federal, a través de la Secretaría de Educación Pública, continúa demostrando que está muy lejos de revalorizar al magisterio y que sigue profundizando su ataque contra la educación pública y nuestros derechos laborales.

El 24 de junio se publicó en el Diario Oficial de la Federación el calendario escolar para el ciclo escolar 2021-2022. Este calendario aumentó los días de la jornada escolar a 200 -en comparación con los 190 de los dos ciclos escolares anteriores- para las y los alumnos, mientras que para las y los docentes y el personal administrativo aumentó a 225 días, 20 días más que en ciclos anteriores.

¿Más es mejor?

Desde hace años se ha venido implementando un aumento en las jornadas escolares utilizando como justificación que los niños necesitan estar más tiempo en las escuelas para aprender mejor. Hoy, luego del rezago educativo que generó el gobierno tras haber privilegiado el programa aprende en casa -en lugar de dotar a alumnos y docentes de internet y computadoras- encontró el pretexto perfecto para incrementar los días del calendario escolar, pero ¿realmente es mejor para las y los alumnos?

México es uno de los países de la OCDE con mayor cantidad de horas de clase. En el nivel primaria tenemos 800 horas al año y en secundaria 1167, 248 horas más que la media, convirtiéndonos en el país de la OCDE con más horas clase en este nivel.

No existe ningún estudio serio que demuestre que este aumento de jornadas lectivas haya beneficiado el aprendizaje de las y los alumnos, pues nunca se ha planteado un plan pedagógico que logre abatir el rezago educativo provocado por décadas de abandono material de las escuelas. Aunado a esto, producto de las reformas educativas de las últimas décadas, se han reducido contenidos educativos, culturales, sociales y humanísticos, limitando a la educación a lo básico para leer los manuales de trabajo, con la intención de generar mano de obra calificada y barata.

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Detrás del aumento a la jornada lectiva se encuentra la intención de acostumbrar a los niños, niñas y adolescentes a estar mucho tiempo -hasta 9 horas en el caso de las escuelas de tiempo completo- en un mismo lugar en condiciones inadecuadas (aulas hacinadas, sin servicios, haciendo trabajo monótono) con el objetivo de que soporten las largas jornadas de trabajo que les esperan al egresar, pues la precarización del trabajo implica laborar cada día más horas por el mismo salario.

Tenemos derecho al descanso

Tan sólo un día después de la aprobación del calendario escolar, Delfina Gómez causó una gran indignación entre las y los maestros al asegurar que “por instrucciones del presidente de la república se siguió cubriendo el salario y prestaciones del personal educativo durante toda la pandemia”, como si nuestro derecho al salario fuera un privilegio mantenido gracias a la buena voluntad del presidente y no producto de un arduo trabajo realizado a lo largo del ciclo escolar.

Era de esperarse el enojo, pues la educación a distancia implicó para la mayoría de las y los docentes un aumento en la carga de trabajo y la jornada laboral y sobre todo, un gasto enorme para sostener el costo de la educación a distancia pues ni a docentes ni a alumnos se nos dotó de lo necesario para ello.

Después de la burla que implicó el raquítico aumento salarial y el anuncio del bono extraordinario de $720 pesos -que no cubren ni dos meses de internet-, la aprobación del calendario escolar, con la reducción de días de descanso, nos cayó como balde de agua fría.

Cualquiera que haya estado alguna vez frente a grupo atendiendo a más de 40 alumnos -a más de 100 en el caso de los docentes de secundaria- entiende la necesidad de descanso que tienen los docentes y también los alumnos. En este ciclo escolar, con la educación a distancia, el desgaste fue mayor pues nos encargamos de atender de forma virtual a través de diversas plataformas, comunicación telefónica y un largo etcétera a nuestros alumnos y alumnas.

¿Qué podemos hacer?

Las y los maestros no podemos resignarnos al aumento del calendario lectivo que no beneficia en nada a nuestros alumnos y alumnas y sí atenta contra nuestro derecho al descanso. Debemos luchar junto a las madres y padres de familia por jornadas laborales de 6 horas, 5 días a la semana para todas y todos los trabajadores de forma que se pueda garantizar que las madres y padres puedan estar más tiempo con sus hijos y no necesiten utilizar a las escuelas para el cuidado de las y los niños.

Asimismo, necesitamos garantizar un regreso verdaderamente seguro a clases presenciales con jornadas adecuadas para lograrlo y un plan pedagógico, emanado de la comunidad escolar, para atender las necesidades reales de las y los alumnos.

Firma la petición: Regreso a clases presenciales sí, pero con toda la población vacunada

Exijamos a las y los delegados sindicales en nuestras escuelas que hagan asambleas para que podamos discutir nuestras necesidades y generemos espacios para sumar a las madres y padres de familia.

Exijamos a la CNTE que rompa la tregua con el gobierno y convoque a todos los docentes a generar un plan de lucha unificado para pelear por nuestros derechos.




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