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Red Internacional

La brutalidad y asesinatos cometidos por agentes policiales no para en EE.UU, lo que reactualiza las demandas que se dieron a partir del asesinato del afroamericano George Floyd y demuestra que las policías son irreformables.

Lunes 29 de agosto | 20:40

Desde que los Estados Unidos (EE.UU.) nació como país independiente, el racismo ha formado parte del ADN del Estado, pues su sistema económico se basaba, en buena media, en mano de obra esclava, especialmente de las poblaciones negras que eran secuestradas desde África y llevadas por la fuerza a territorio norteamericano. A pesar de la abolición de la esclavitud, el segregacionismo permaneció como una norma social y se encontraba institucionalizada, lo que orilló a la mayoría de la población negra a tener los peores salarios y ser considerados ciudadanos de segunda.

Durante la década de 1960 surgió un potente movimiento por derechos civiles e igualdad para los afrodescendientes, que junto con otros movimientos, como el estudiantil y el antiguerra, cimbró a los EE.UU. y a la postre desembocó en la conquista de mayores derechos. Sin embargo, el carácter burgués y represivo del Estado y la policía permaneció inalterado, lo que provocó que los escándalos por abusos y brutalidad policial fueran pan de cada día, en especial con las personas de color.

El año 2020 fue paradigmático porque el mundo fue testigo, gracias a las redes sociales, cómo dos agentes policiales de la ciudad de Minneapolis sometieron —asfixiando— y asesinaron a George Floyd, un afrodescendiente desempleado y que ofreció una casi nula resistencia ante el arresto. La indignación explotó con una enorme fuerza y generó enormes movilizaciones que, en varias ocasiones, enfrentó la represión oficial. Resurgió entonces el movimiento Black lives matter (las vidas negras importan), el cual se originó en 2014 —en plena presidencia de Obama— y puso en cuestión el racismo estructural del imperialismo estadounidense.

Otro caso de asesinato policial

Según un video que circula por internet (con fecha del pasdo 14 de agosto de 2022), en la ciudad de Salt Lake City en Utah, Estados Unidos, se hizo un llamado al 911 a causa de un hombre que entró a una tienda en ropa interior, supuestamente para intentar robar una cerveza. En la grabación, lo único que se distingue es al varón de aproximadamente 35 años, y que llevaba por nombre Nykon Brandon, correr por la calle al ser perseguido por los oficiales.

Asimismo, es posible apreciar que Brandon se encontraba desarmado, lo que no impidió que dos agentes los sometieran en el piso, colocaran sus rodillas sobre el cuerpo del hombre y luego de unos minutos de forcejeo, Brandon dejará de moverse para finalmente morir en el lugar.

Activistas locales criticaron el actuar de los dos policías. Uno de los denunciantes declaró que “robar una cerveza no equivale a la pena de muerte”, aseveró Lex Scott, fundador de Black Lives Matter-Utah. “No me importa si este hombre robó 10 bancos en un día. No merecía morir. Se merecía presentarse ante la Corte”.

En la página de Facebook de la víctima se podía leer que estudió en el Instituto Politécnico Indio del Suroeste, en Albuquerque, Nuevo México, y trabajó para una empresa que vende electrodomésticos, plomería y ferretería. Es decir que era un joven de la clase trabajadora. También se señaló que Brando tenía problemas mentales producto de sus dificultades económicas, por lo que, diversos activistas, están exigiendo que se debe sustituir a los policías armados —que sólo causan más muertes— por equipos especiales para asistir las crisis de salud mental.

No se trata de condenar a una o dos "manzanas podridas", sino a toda la fuerza policial de los Estados Unidos. El movimiento no debe descansar hasta abolir a las policías y se construya una sociedad en la que las vidas negras y de los trabajadores importen. Ahora, suponiendo que el sistema judicial condene a los asesinos, esta acción no anula que el sistema en su totalidad es culpable, pues aunque haya una condena no convierte al poder judicial en "justo" para la abrumadora mayoría de las personas sometidas a él, así como tampoco lo convierte en "imparcial".

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Volviendo al caso de George Floyd, el policía que lo asesinó fue declarado culpable gracias a una fuerte campaña de movilizaciones de sectores trabajadores y negros. Es la movilización y la solidaridad desde abajo la que puede hacerle frente a la violencia y represión de este sistema que asesina personas de color impunemente.




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