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Series animadas. Avatar: la leyenda de Aang, mucho más que una serie para niñes

El anuncio de la nueva versión de Netflix de la serie ’Avatar: la leyenda de Aang’ atrajo la atención hacia una historia que, desde su estreno en 2005 en los canales de Nickelodeon, ha cultivado admiradores de todas las edades. 

Emilia Macías@EmiliaMacas1

Domingo 6 de septiembre de 2020 | 00:39

El anuncio de la nueva versión de Netflix de la serie Avatar: The Last Airbender (Avatar: la leyenda de Aang en países de Latinoamérica) atrajo la atención hacia una historia que, desde su estreno en 2005 en los canales de Nickelodeon, ha cultivado admiradores de todas las edades. 

Creada por los estadounidenses Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko, esta serie consta de 61 capítulos y se transmitió en países como Brasil, Italia, Nueva Zelanda, España, Reino Unido y varios países de Asia y América Latina de 2005 hasta finales de 2008, con un récord de espectadores de hasta 5.6 millones. La calidad de la producción (que se dividió entre estudios de Nickelodeon en Estados Unidos y en Corea del Sur), con música e ilustraciones que, literalmente merecieron la publicación de un libro con el arte de la serie en 2010, le valieron a esta serie ser nominada para premios como los Annie, los Premios Génesis y el Emmy. 

Como ya mencionamos, esta serie consta de 61 capítulos divididos en "Libros" que relatan las aventuras de Aang y su "equipo Avatar" en un mundo en donde los humanos -algunos de los cuales dominan el agua, la tierra, el aire o el fuego- coexisten con espíritus y seres sobrenaturales en medio de una guerra de invasión encabezada por la Nación del Fuego en contra del resto de naciones en las que se encontraba dividida la humanidad. Aang, puente entre los humanos y los espíritus y el único humano capaz de dominar los cuatro elementos, se enfrenta con distintas adversidades que le llevarán a encontrarse con el Señor del Fuego Ozai en una batalla definitiva. 

Tanto en el argumento como en la animación es notoria la influencia del hinduismo, el taoísmo, el budismo, el arte, la historia y la cultura popular china. Todo contó con asesores y especialistas que vigilaron cada detalle desde el guión hasta la caligrafía. Otras influencias reveladas por sus mismos creadores hablan también de sagas como Star Wars, El Señor de los Anillos y Harry Potter. 

La virtud de esta serie, destinada a una demografía de los 6 a los 11 años, es que supo construir una historia en la que los asuntos espirituales se ponían en constante prueba ante asuntos humanos y, las más de las veces, la respuesta sencilla nunca era la correcta. La riqueza de las historias paralelas a la central construyen toda una genealogía de resistencia y adaptación ante los horrores de la guerra que mostraron desplazados, refugiados, militarización, desapariciones forzadas, presos políticos, campos de trabajo forzado, mercenarios, exterminio de pueblos y devastación de los recursos naturales.

Asimismo se mostraron intentos de organización de los pueblos y personajes con predicamentos morales de gran complejidad como el joven Jet y sus "luchadores libertadores", una suerte de vigilantes huérfanos en su mayoría que, nacidos en las entrañas de la guerra, desarrollaron métodos desesperados. 

Además de estas cuestiones -que no son pocas- la serie aborda temas como la misoginia y el machismo de formas a veces no tan veladas. Son memorables episodios como aquél en el que los protagonistas se encuentran con las guerreras de la Isla Kyoshi, a quienes Sokka subestima "por ser mujeres", así como aquél viaje a la tribu agua del Norte, en donde únicamente a los hombres se les permitía hacer uso de sus poderes para luchar, mientras que a las mujeres y a las niñas se las destinaba a labores de cuidado y cocina. 

Además de que la serie es realmente divertida, entretenida y poderosa, podemos rescatar muchas cosas sobre los aprendizajes de los personajes, algunos de los cuales presentan un desarrollo muy notorio, como el príncipe Zuko, Aang, Sokka y la misma Azula, una de las principales antagonistas de la serie. Personajes como Iroh y el hombre de las coles son otros de los personajes que, por distintos motivos, son recordados por los seguidores de la serie con casi la misma importancia que el resto de los protagonistas, mismos que a lo largo de los años han inspirado arte hecho por fans que comprende desde ilustraciones hasta música.

La Nación del Fuego merece una mención especial, así como la construcción de un discurso en donde la "grandeza" y la "superioridad" de la industria, las máquinas y el progreso se tradujeron en aspiraciones imperialistas para someter pueblos y naciones enteras. No es difícil pensar en que se trata de una representación de lo que el imperialismo significa en la realidad. 

Como mencionábamos más arriba, la devastación de los recursos naturales, la depredación de bosques y la pérdida de ecosistemas completos forman parte de los temas planteados en la serie. Conforme a su argumento inspirado en filosofías que centran su espiritualidad en la relación simbiótica entre seres vivos y naturaleza, la serie explora desde su perspectiva la necesidad de un equilibrio que, en nuestro mundo (en donde no podemos contar con un ser místico que encabece la lucha por la emancipación de los pueblos), sólo puede alcanzarse por medio de una Revolución que encarne la aspiración del paraíso en la Tierra. 

Avatar: la leyenda de Aang, es, sin duda, mucho más que una serie para niñes.


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