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Red Internacional

Desde hace semanas, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) emplazó al secretario de educación pública, Aurelio Nuño, a un diálogo público para este 13 de diciembre. Como era de esperarse, Nuño no llegó.

Jueves 17 de diciembre de 2015 | 02:57

El pasado domingo 13, maestros de la CNTE colocaron mesas a la entrada del Auditorio Nacional, dispuestas para el diálogo entre el titular de la Secretaría de Educación Pública y los docentes; ante la ausencia del secretario Nuño, denunciaron la falta de disposición al diálogo por parte del gobierno.

El diálogo de los toletes

Los últimos meses han estado marcados por una escalada represiva del gobierno contra los maestros que se oponen a la reforma educativa. Desde la extinción del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca en julio pasado, el gobierno no ha hecho más que profundizar el ataque contra el magisterio, con órdenes de aprehensión, maestros efectivamente presos, despidos y un largo etcétera, sin olvidar la represión contra los normalistas en Michoacán, a 30 de los cuales se les dictó formal prisión el pasado 12 de diciembre.

En noviembre y diciembre de este año, la ofensiva se incrementó con la militarización de los estados con mayor fortaleza de la CNTE (Michoacán, Oaxaca, Guerrero y Chiapas), además de represión y detenciones en otros estados en donde se manifestó el magisterio -como Tlaxcala, Morelos y Sinaloa- con el objetivo de imponer a sangre y fuego la evaluación punitiva, llevando en Chiapas a la muerte del maestro David Gemayel Ruiz durante un enfrentamiento de maestros con la policía. Éste es el diálogo que las autoridades educativas y Peña Nieto tienen para los maestros.

Las razones del verdugo

En la Convención Magisterial Nacional de septiembre, uno de los acuerdos fue emplazar al secretario de educación a un diálogo público. En perspectiva, esa política desnudaría ante la sociedad la cerrazón del gobierno y su negativa al diálogo.

Sin embargo, desde entonces las condiciones han cambiado, principalmente a partir de que el Estado comenzó a implementar, mediante las fuerzas armadas, la evaluación punitiva. No obstante, la estrategia del gobierno sigue siendo la misma: asestar una derrota histórica a la CNTE, golpeando así al conjunto de la clase trabajadora, para imponer una estabilidad reaccionaria que permita avanzar con los planes proempresariales y de entrega al imperialismo de aquí al 2018.

La CNTE es el sector de trabajadores que más ha resistido los ataques del gobierno, constituyendo una de las piedras más incómodas en el zapato de Peña Nieto. Por eso la misión de Aurelio Nuño consiste en aplastar al magisterio combativo mediante la imposición, a toda costa, de la reforma educativa; de la mano de la cual, además, se privatiza la educación pública, como lo muestran los “certificados de infraestructura escolar” colocados en la Bolsa Mexicana de Valores.

No es casual que se repita hasta el cansancio que la reforma educativa es la más importante del sexenio, o que el “diálogo” que ofrece Nuño a los maestros sea únicamente para ver las formas en que se implementará, sí o sí, la reforma educativa, o sea una burla.

Ni al secretario de educación pública, ni a Peña Nieto ni a los partidos del Pacto por México (PRI-PAN-PRD) ni a las instituciones del régimen, como la Suprema Corte, les interesan los derechos de los maestros ni la educación pública; ellos ven en la reforma educativa una vía tanto para someter al magisterio como para privatizar la educación. Por eso Nuño no acudió el domingo a la convocatoria de la CNTE al diálogo, pues no estaba puesto bajo sus propios términos.

¡El magisterio somos todos!

A pesar de la heroica resistencia de los maestros en varios estados de la república y del freno parcial de la evaluación docente, el gobierno se muestra dispuesto a seguir avanzando, cueste lo que cueste, con la implementación de la reforma educativa. Como parte de ello, para febrero se preparan los despidos de aquellos maestros que decidieron no evaluarse.

Ante el empeño del gobierno en imponerse sin importar los costos, es fundamental impulsar una gran campaña nacional e internacional en solidaridad con el magisterio, llamando a los sindicatos que se reclaman opositores, organismos de derechos humanos, organizaciones sociales, populares y de izquierda, al movimiento estudiantil, personalidades, etc., a movilizarse junto a la CNTE y repudiar en las calles y por todos los medios la represión, exigir la libertad inmediata de los normalistas y maestros presos, el cese de las órdenes de aprehensión, la desmilitarización inmediata del país y no a los despidos.

De igual forma, es necesario impulsar una gran campaña democrática en defensa del magisterio y la educación pública como la que planteamos aquí, que logre cambiar la relación de fuerzas con el gobierno para frenar el ataque, preparando las condiciones para pasar a la ofensiva y echar abajo la reforma educativa y el conjunto de los planes de hambre y miseria de este gobierno asesino.




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