Política

2 DE OCTUBRE

Apuntes sobre las lecciones del 68 mexicano

A 52 años de la masacre de Tlatelolco, hacemos un breve recuento de alguno de los aspectos más importantes del 68 mexicano, con la intención de sacar lecciones de un movimiento protagonizado por una generación de estudiantes y obreros que venían de más de una década de luchas contra las burocracias del PRI y luchando por demandas laborales y democráticas.

Viernes 2 de octubre de 2020 | 13:01

Una juventud radicalizada alrededor del mundo

En los años 60 van a haber importantes procesos de lucha de clases a nivel internacional protagonizados por la juventud y la clase obrera. Así se comenzaba a tambalear la estabilidad capitalista de los años previos, lograda tras la segunda guerra mundial por el reparto del mundo por las democracias burguesas y el estalinismo.

Esta sería la antesala de una importante crisis económica que se comenzaba a vislumbrar en el 67 y explotaría en la década siguiente. Pero fue la lucha de clases la que rompió con la estabilidad pactada entre las burguesías imperialistas y la burocracia estalinista.

Como veremos primero con El “mayo francés” que iniciaría como un movimiento estudiantil y que posteriormente daría paso a la huelga general, con episodios de insurrección en un país imperialista, lo que haría temblar la estabilidad en uno de los modelos de la democracia burguesa.

No fue sólo el 68 parisino donde las direcciones encabezadas por los diferentes Partidos Comunistas estalinizados, le dieron la espalda a la juventud y a la clase obrera que peleaba por la independencia de Argelia, o el movimiento contra la guerra en Vietnam en el corazón del imperialismo y fue también, la Primavera de Praga contra el régimen estalinista.

El 68 no cayó del cielo

En este contexto, llega el 68 mexicano, que contrario a como es presentado en la historia tradicional, no cayó de la noche a la mañana, sino que fue producto de más de una década de movimientos obreros y estudiantiles que enfrentaban a sus propias burocracias controladas por el PRI que operaban, al igual que hoy, como policías al interior de l os movimientos y buscaban a toda costa impedir el desarrollo del movimiento por demandas básicas y que a lo largo de esos años le darán la espalda una y otra vez a los trabajadores y a la juventud incluso frente a la brutal represión de priismo.

Empezando por el movimiento médico y magisterial en el 55, la lucha estudiantil contra el aumento del pasaje del transporte público, que culminaría con la intervención militar de las instalaciones del IPN y que tendría su zenit en la importante huelga de ferrocarrileros en el 57 donde más de 7 mil trabajadores en todo el país lucharon por la reinstalación de sus compañeros despedidos por exigir aumento salarial; los ferrocarrileros en el 58 que además de luchar por mejores salarios luchaban por la expulsión de su burocracia sindical, en el mismo año los petroleros levantaron la misma demanda y sacaron a los charros de su sindicato.

Así el movimiento obrero hará una importante experiencia antiburocrática en esta década, no sólo rebasando a sus direcciones si no confrontándolas. Durante estos años hubo importantes muestras de la solidaridad estudiantil, principalmente con el movimiento magisterial

Todo esto de conjunto conformó un importante periodo de luchas contra un régimen profundamente antidemocrático que garantizó un “desarrollo estabilizador” para la explotación de millones de trabajadores y cercenó las libertades democráticas de la juventud y preparó lo que sería el movimiento del 68.

El CNH: un organismo de democracia directa

En una Ciudad de México que era un hervidero a unos meses de los Juegos Olímpicos de 1968, un nuevo movimiento estudiantil se gestaba, con pequeñas movilizaciones y protestas, que fueron subiendo de tono y que eran cada vez más fuertemente reprimidas.

La escalada en la represión que se da a finales del mes de julio de este año contra los estudiantes del IPN, las vocacionales, la preparatoria 1 y contra las movilizaciones del 26 de julio, la ocupación militar de las preparatorias el 30 de julio en la que el ejército llegó en camiones, jeeps y tanques armados con bazucas y cañones; generan una reacción en el estudiantado que ya no estaba dispuesta a enfrentar al Estado de manera pacífica y comienzan a atrincherarse en sus escuelas enfrentando con piedras, bombas molotov y lo que podían a las fuerzas represivas.

El 1 de julio habrá una movilización de 100 mil personas convocada por el rector de la UNAM Barros Sierra producto de la presión de los estudiantes.

Pero aún más importante fue la organización en asambleas por escuela que daría pie al Consejo Nacional de Huelga (CNH), que aglutinaba a la UNAM, el IPN, Chapingo y decenas de universidades de todo el país, que constaba de delegados elegidos por las asambleas de base que llevaban al CNH las decisiones tomadas en sus asambleas y de no hacerlo eran revocados por las mismas. Este fue por mucho el elemento más avanzado del 68, pues recuperaba una tradición característica del movimiento obrero que son los organismos de autoorganización donde el conjunto del movimiento decide el rumbo de la lucha de manera democrática, con la libertad de que las organizaciones y corrientes políticas planteen sus posiciones sin imponerlas burocráticamente. Esta tradición quedaría asentada para los futuros ascensos de la juventud, como sería el Consejo General de Huelga (CGH) en el 99 o por lo que peleaba el ala izquierda del 132 y Ayotzinapa.

En las asambleas se discutía la importancia de articularse a las luchas obreras y populares, el movimiento reivindicaba la lucha de los ferrocarrileros en la década pasada, citando un discurso de un estudiante de una vocacional: “se llama a combatir el charrismo sindical y estudiantil y a depurar los sistemas viciados mediante la unidad entre estudiantes y pueblo, porque ya es tiempo de que marchen juntos hasta la victoria”. Muestra de esto eran también las brigadas de estudiantes que iban a mercados, fábricas, plazas públicas y colonias populares.

La tarea de la unidad obrero estudiantil era entonces, y lo sigue siendo, una cuestión estratégica, pues la propia dinámica de la lucha la llevó a confrontar al régimen del PRI y para esto era necesario planear una salida revolucionaria como alternativa a la antidemocracia, el régimen represivo y la propia explotación capitalista. Incluso, en el Proyecto de Programa que se presentaría en el CNH el día que CU fue ocupado por el ejército y publicado hasta 1972, mismo que era una propuesta para el movimiento obrero y campesino, donde comienza a plantearse un programa de lucha que cuestionaba al régimen capitalista de conjunto con demandas democráticas que iban plantenado un puente al cuestionamiento del régimen capitalista, y con ello abonaban a las transformación radical de la sociedad, planteando la reducción de las jornadas laborales y el aumento salarial, el control obrero de la producción y la contabilidad, conformación de comités de lucha de trabajadores y campesinos como organismos de democracia directa para luchar por sus demandas y por la libertad sindical.

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¿Qué lecciones dejó el 68?

Para hacer este programa real, era necesaria más que la radicalidad y la disposición de luchar del estudiantado, pues él mismo no tiene la posibilidad de paralizar la producción que es la base del sistema capitalista. Por eso la tarea de abrazar las luchas obreras y que los trabajadores abrazaran las luchas estudiantiles era clave.

Si bien esta era la perspectiva hacia la que caminaba el movimiento del 68, mismo que se expresó con la enorme composición obrera del mitin del 2 de octubre, como decenas de videos comprueban anunciando la llegada de múltiples contingentes sindicales y obreros, el priismo, con el apoyo del imperialismo estadounidense, avanzó en una brutal represión, que asestó un duro golpe contra el movimiento obrero y estudiantil, que recién en 1971 levantaría cabeza.

El mayor déficit fue que no existía una organización revolucionaria con la suficiente solidez e influencia que pudiera plantear una política alternativa a la del ala “democrática” del movimiento o a la del PCM que mantenía una política de adaptación y subordinación al PRI y sus burocracias.

Hizo falta un sector decidido que planteara que la lucha contra el antidemocrático y autoritario régimen del PRI, no se podía detener en cuestionarlo, pedir el cese de l represión y la disolución de los cuerpos represivos, sino que había que poner sobre la mesa la perspectiva de herir de muerte al capitalismo semicolonial mexicano, con la fuerza de los movimientos de trabajadores y de estudiantes que el verano de 1968 pusieron tras las cuerdas a la burguesía mexicana.






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