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Red Internacional

Las autoridades de la UACM, de manera unilateral, están decidiendo sobre la modalidad de las clases, pero sin abrir el debate a la comunidad universitaria. ¿Cuándo será posible volver presencialmente?

Miércoles 30 de junio | 18:25

El 23 de junio de 2021, las autoridades de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), representadas por Tania Hogla Rodríguez Mora y Raúl Amílcar Santos Magaña, definieron unilateralmente los “Escenarios de trabajo para las actividades docentes del semestre 2021-II”, en el marco de la pandemia y la incertidumbre de la seguridad estructural de los planteles.

Dichos “escenarios” establecen “cuatro condiciones” para las actividades docentes: 1) de semáforo sanitario, 2) de seguridad estructural, 3) de mantenimiento para el funcionamiento de los planteles y 4) protocolos de seguridad sanitaria a cargo del Comité de Higiene y Salud del Plan de Contingencia Institucional.

Sin embargo, ninguna de estas condiciones incorpora las necesidades de la comunidad universitaria; todas las decisiones están concentradas en el comité compuesto por autoridades de la UACM, sin tomar en cuenta al resto de la comunidad. Estas condiciones determinan escenarios variables, pero no retoman las condiciones de los trabajadores no académicos y profesores de asignatura o de tiempo determinado precarizados, alentando la división entre trabajadores. En el caso de los primeros, por las labores que desempeñan, no tienen garantizados los insumos y protocolos democráticamente discutidos. Mientras que, en el caso de los segundos, no cuentan con todos los derechos laborales como seguridad social, estabilidad en el empleo, salario digno, sindicalización, entre otros.

La rectoría de la UACM replica el modelo autoritario de otras universidades, como las del Bienestar “Benito Juárez García” y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde reina la antidemocracia de las autoridades educativas, pues la opinión de la comunidad universitaria no vale, ni se han atendido las necesidades de las clases en línea, ni tampoco generado las condiciones para un regreso realmente seguro.

Así, la Autónoma de la Ciudad plantea los escenarios siguientes:

a) No presencial: de acuerdo con el semáforo sanitario, con restricciones a las actividades escolares presenciales y sin garantías de seguridad estructural.

b) Operación mínima, menor al 25%: con semáforo verde, plantel con seguridad estructural, con protocolos del Comité Institucional de Higiene (CIH). En el que se contempla la asistencia a algunas actividades como laboratorios y talleres, encuentro entre docentes y estudiantes, así como asistencia de docentes.

c) Operación media, al 50%: con semáforo verde, con servicios reducidos y protocolos del CIH. Se plantea modalidad semipresencial a todos los grupos, con actividades docentes y se definen las acciones por plantel.

d) Operación en nueva normalidad, al 75%: con semáforo verde, con seguridad y funcionalidad del plantel, así como protocolos, rumbo a la “nueva normalidad”.

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¿Y la comunidad universitaria?

A pesar de que la universidad es autónoma, el discurso de las autoridades y la urgencia por regresar a la “nueva normalidad”, así como la nula atención a las necesidades de la comunidad universitaria, son un eco de la política educativa del gobierno federal y el de la CDMX en pandemia (con este último Tania Rodríguez tiene mucha cercanía), pero sobre todo muestra que la prioridad del regreso a clases no es su comunidad, sino la reactivación económica. Si no, ¿por qué tanta prisa en volver?

En cuanto a la infraestructura, no se ha planteado un plan integral con profesionales independientes y la comunidad universitaria que verifiquen si la infraestructura de los planteles es segura. Estas medidas no toman en cuenta que hay planteles de la UACM donde es muy difícil el acceso, que incluso si se llegaran a garantizar ciertas medidas de seguridad sanitaria en los planteles, el transporte y su saturación sería también uno de los focos de contagio para la comunidad universitaria.

Además, tampoco se señala la situación del hacinamiento, pues como profesora despedida por luchar, fui testigo en varias ocasiones de grupos y aulas saturados. Ni qué decir de planteles como Casa Libertad o Centro Histórico que no cuentan con ventanas o una adecuada ventilación al exterior, circunstancias en las cuales los contagios podrían ser más probables.

Hay que recordar que en varias ocasiones en el plantel Cuautepec se suspendían las clases por problemas en la tubería, es decir, no están garantizadas las condiciones ni los insumos para el regreso a clases presenciales. Tampoco se ha clarificado el presupuesto que sería destinado para los insumos como jabón, gel antibacterial, cubrebocas, entre otros. Ni ha sido claro cómo el personal de salud detectaría y atendería los casos de COVID-19, en caso de ser necesario, como ya se han presentado en educación básica.

Sin condiciones adecuadas, imposible el regreso a clases presenciales

Cabe destacar que no hay datos sobre la vacunación de la comunidad universitaria. Ha sido revelado por el SUTUACM que hay trabajadores que no cuentan con la vacuna. Además de que, por los rangos de edad, también faltaría un gran número de estudiantes por vacunar.

Ante una muy posible y cercana tercera ola y con la variante delta, no se han actualizado los protocolos de la universidad y objetivamente no son claras las medidas sanitarias que se adoptarán. Por lo que la vida y la salud de la comunidad universitaria -integrada por estudiantes, docentes, trabajadores manuales y administrativos, así como sus familias- que se pondrán en riesgo, será responsabilidad directa de Tania Rodríguez, sobre quien también pesa la negativa institucional de respuesta de docentes despedidos por luchar quienes hemos exigido la basificación y la reinstalación, mientras que nosotros y nuestras familias nos expuestos a la pandemia.

No se puede volver sin implementar un plan integral de seguridad sanitaria que incluya la vacunación de toda la comunidad universitaria, que todos los planteles cuenten con desinfectante y material sanitario, como mínimo. Este plan además debería incluir plenos derechos laborales para las y los docentes empezando por la basificación de los profesores de asignatura. Pero esto no es suficiente, pues si la comunidad regresa a clases requiere una mejora de las condiciones estructurales, como agua potable, espacios suficientes y apropiados, así como la presencia de personal médico de forma permanente en las instalaciones y atención psicológica para quien lo requiera, pues estas cosas son necesarias aún si no hubiera pandemia.

Para luchar por estas medidas, debemos unirnos estudiantres, trabajadores y docentes (de base y precarios), pues lo que está en juego es nuestra salud y nuestras vidas. El SUTUACM debe tomar cartas en el asunto y convocar a una gran asamblea de toda la comunidad escolar para discutir un plan de acción unitario que sirva para imponerles a las autoridades todas nuestras demandas.




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