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Red Internacional

Desde Jujuy, Chubut, Santa Fe, Tucumán, Buenos Aires, Córdoba, Neuquén, Salta, Río Negro, hoy salen los micros de Pan y Rosas a encontrarse con las compañeras de Mendoza y San Luis en el 35º Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias.

Emprenden el viaje centenares de maestras, enfermeras, telefónicas, estatales, obreras gráficas, ceramistas, textiles, de la industria alimenticia, vitivinícolas, trabajadoras del citrus, estudiantes secundarias, terciarias y universitarias, las que pelean por tierra y vivienda en Guernica, Rafael Castillo, la Villa 31 y la toma de Magaldi, mujeres de los pueblos qom y mapuche, compañeras y compañeres trans, las que luchan contra el extractivismo y la contaminación, las que protagonizaron la marea verde por el aborto legal, las que combaten a la violencia machista, enfrentan al gobierno del ajuste y la derecha, luchan contra la explotación y todas las formas de opresión.

¡Que empiece el viaje!

Viernes 7 de octubre | Edición del día

A 72 horas del 35º Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias, el gobierno nacional reprimió a una comunidad mapuche, llevándose detenidas a 7 mujeres, algunas con sus bebés y una de ellas embarazada que habría parido en estas circunstancias a miles de kilómetros de su tierra.

A diferencia de otras oportunidades en que las feministas transformadas en funcionarias justificaron o callaron ante cada giro a la derecha del gobierno nacional, esta vez, la ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, tuvo que renunciar.

Es que cada vez es más extendido y profundo el malestar social y político con un gobierno ajustador que solo depara más pobreza para las mujeres trabajadoras, menos recursos para paliar siquiera el hambre y atender a las víctimas de violencia. Reprimir a las mujeres mapuches tres días antes del 35º Encuentro Plurinacional fue la gota que rebalsó el vaso.

No importa quién ocupará la vacante porque, sea quien fuere, deberá administrar un presupuesto que tiene un ajuste real de más del 10% con respecto a este año y cuya asignación representa apenas el 0,19% del gasto total que el gobierno prevé para el 2023.

Entre Alberto y Cristina eligieron a Sergio Massa y durante dos meses lo dejaron anunciar ajustes fiscales, recortes y tarifazos. Un ministro que respondió con celeridad a los reclamos del FMI, con recortes en Salud, Educación, Vivienda y hasta en los programas que atienden a personas con discapacidad. También atendió los reclamos del agropower, al que le entregó el "dólar-soja" y las extorsiones de los industriales del neumático, a quienes les llegó a prometer la apertura de importaciones para quebrar la huelga obrera.

Pero la decisión de poner a Massa en el centro del gobierno que pareció cerrar, por arriba, el momento de zozobra que produjo la renuncia del ministro Guzmán, no cierra por abajo, donde el malestar se agudiza. Por eso, el kirchnerismo busca despegarse, con algunos gestos inocuos, de los costos políticos y sociales que tienen sus propias políticas. No solo Gómez Alcorta cuestionó la represión que fue ordenada por el ministro Aníbal Fernández. La propia Cristina Kirchner le pide a Massa que haga algo por el desmedido precio de los alimentos en los barrios populares donde se calcula un aumento del 91%, pero sin modificar radicalmente el plan económico que ella mismo aprobó al proponer que tomara las riendas de la economía con amplios poderes.

Ya es imposible evitar el descontento de las familias trabajadoras y del pueblo pobre. Las mujeres lo vivimos en carne propia: tenemos los mayores índices de pobreza, desocupación y precariedad laboral. Los ingresos son un 25,3% inferiores a los de los varones; el promedio de ingreso de las mujeres ocupadas apenas alcanza a cubrir el 60% de la canasta básica familiar y el 63% de las personas que tienen ingresos por debajo de la línea de indigencia son mujeres. Sobre nosotras recae más trabajo doméstico y de cuidados gratuitos por el ajuste del 35% en Salud, 55% en Vivienda y 20% en Promoción y Asistencia Social, entre otros sectores. Además, las mujeres son mayoría entre los trabajadores de Salud, Educación y otras áreas del Estado que están en la mira del FMI y el gobierno.

El "feminismo ministerial" demostró que es impotente para atender las problemáticas más acuciantes que atraviesan las vidas de las mujeres y la diversidad sexual.

El movimiento de mujeres que puso en la agenda política los femicidios y la violencia machista, con Ni Una Menos y que, luego de una persistente lucha, conquistó la legalización del aborto, está llamado a ocupar nuevamente las calles para no permitir que el ajuste recaiga nuevamente sobre las espaldas de las mujeres trabajadoras y del pueblo pobre.

Organizarnos para retomar las calles y derrotar el ajuste

Pero mientras se profundiza la crisis política y social, también irrumpen las luchas en todo el país: docentes, enfermeras, estudiantes, pueblos originarios, ambientalistas… Aunque verdaderamente, lo que marcó un antes y un después fue el triunfo de la lucha de los obreros del neumático. Hasta en los grupos de whatsapp de las maestras, se viralizaban los videos de estos obreros que daban una pelea fenomenal, contra viento y marea, y le torcían el brazo a las empresas y el gobierno.

Melina es docente, pero está desocupada. Vive en Merlo, en el conurbano bonaerense donde la pobreza alcanza a los que tienen salario y los que no, ni siquiera llegan a cubrir el costo de la canasta alimentaria. Y aunque todo el espectro del arcoiris parece separar su guardapolvo blanco de las remeras negras del sindicato del neumático, se preguntó "¿Qué tenemos en común las mujeres con los trabajadores del neumático?" Las diferencias son obvias, pero Melina se respondió sobre lo que nos une.

"Las mujeres, en 2015, salimos a las calles en un movimiento enorme contra los femicidios y toda la violencia que sufrimos cotidianamente, poniendo en cuestión la violencia machista. Eso fue lo que nos permitió, después, ir a la pelea por el derecho al aborto, que fue histórica. Las mujeres logramos conquistar ese derecho porque nos organizamos, porque salimos a la calle, porque protagonizamos una lucha enorme, igual que los trabajadores del neumático.", piensa Melina.

Para ella, los parecidos no terminan ahí. "La derecha nos quiere sin derechos. Estuvieron defendiendo la clandestinidad del aborto, las muertes de mujeres, contra nuestra marea verde. No querían que el aborto fuera legal pero tampoco quieren que haya educación sexual integral en las escuelas. Cuando los trabajadores del neumático salieron a luchar para que su salario no quede por debajo del costo de la canasta familiar, la derecha pidió para ellos cárcel o bala. El gobierno no tuvo ese discurso, pero jugó para las patronales. A los trabajadores, las centrales sindicales le dieron la espalda, como a nosotras. No solamente salimos al paro a pesar de la conducción de Baradel que, junto con Yasky, se sacan fotos con el embajador norteamericano; también sabemos que ningún sindicato, ni siquiera los que tienen más afiliadas que afiliados, tienen la intención de dar ninguna pelea seria por nuestros derechos más elementales."

Lo que piensa Melina, seguramente lo pensaron miles de mujeres en todo el país. Es que la victoria de los trabajadores del sindicato del neumático no es solo de ellos: se convirtió en un gran ejemplo que ayudó a elevar la moral y las aspiraciones de toda la clase trabajadora. Un ejemplo que va en el sentido contrario de la resignación que se empeñan en imponer el Frente de Todos y los dirigentes de las centrales sindicales con la cantinela de que "no se puede hacer nada para evitar la crisis; no da la relación de fuerzas; mejor no enfrentar al gobierno porque lo que viene es peor, hay que aceptar el mal menor."

Las feministas funcionarias del gobierno militan supuestas glorias pasadas, asignándose la autoría de los derechos que conquistamos con nuestra lucha. Pero, en el presente, también son militantes de la resignación porque no tienen ningún futuro mejor que proponerle a millones de mujeres trabajadoras y del pueblo pobre.

Las mujeres sabemos que se puede luchar y ganar. Los trabajadores del neumático lo volvieron a demostrar recientemente. ¡Mirá si no vamos a poder unir la enorme fuerza del movimiento de mujeres, con la de las trabajadoras y trabajadores que pueden paralizar el país, junto con los movimientos de lucha de las desocupadas y desocupados que no se resignan! Las mujeres somos la mitad de esa clase mayoritaria que mueve al país y decimos que la fuerza está para hacer un gran paro, que sea el inicio de un plan de lucha para derrotar el ajuste.

A decenas de miles de trabajadoras de todos los sectores que estarán en San Luis, queremos proponerles poner en pie una Coordinadora Nacional de trabajadoras ocupadas y desocupadas que, junto a nuestros compañeros, nos permita avanzar en la unidad de todes los que luchan y tienen demandas urgentes: el movimiento de mujeres, los movimientos ambientalistas, la juventud precarizada, les compañeres de la diversidad sexual, los pueblos originarios.

Sabemos que no será fácil, porque los sectores oficialistas que hegemonizan la Comisión Organizadora, harán lo imposible para que no se mencionen, con nombre y apellido, les responsables de las políticas que generan este malestar social que se acrecienta día a día. Pero aprendimos que lo que no se nombra no existe y empezamos por señalar al gobierno del ajuste de Fernández, Kirchner y Massa y a la derecha que pide más aún, como todas las alas del macrismo y los liberfachos de Espert y Milei.

Creemos que el 35º Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias es una gran oportunidad para debatir sobre los pasos a dar para retomar las calles, recuperando el espíritu de lucha que siempre animó nuestro movimiento, para enfrentar y derrotar el ajuste.

Yo estoy al derecho, dado vuelta está el capitalismo patriarcal

En el 35º Encuentro estarán las compañeras que vieron cómo la policía comandada por Berni les quemó sus precarias casillas y sus pocas pertenencias, mientras ingresaban a los terrenos de Guernica a balazos de goma y gases lacrimógenos. Saben que el desalojo de mujeres y niñes sin vivienda era para despejar el terreno destinado a construir un campo de golf para un puñado de ricos. También están las que, cada vez que salen a la calle para reclamar un plan que apenas alcanza para sobrevivir unos pocos días, son estigmatizadas por la derecha, el gobierno y los medios de comunicación. A ellas se las acusa de "extorsionadoras", mientras las grandes patronales del agro acopian granos en las silobolsas para que el gobierno les dé enormes beneficios como los 200 mil millones de dólares que obtuvieron con el "dólar-soja" de Massa.

Están las mujeres de los pueblos originarios que saben que la conquista a sangre y fuego no es algo que está solo en la memoria, sino que sigue ocurriendo cada día, con las entregas de territorios a las grandes multinacionales que saquean y depredan la naturaleza, se llevan las riquezas y nos dejan niñas y niños con desnutrición, obreros muertos en "accidentes" laborales que son verdaderos crímenes empresariales, tierras improductivas, aguas contaminadas y enfermedades. Está la inspiración de las mujeres iraníes conmoviendo al mundo con su lucha por el derecho a decidir, que convirtió el nombre de Mahsa Amini en bandera.

El capitalismo patriarcal es barbarie. Es un sistema que, en los últimos tres años, arrojó a 345 millones de personas al hambre, pero le permitió a 20 personas (¡apenas 20 multimillonarios!) multiplicar sus obscenas fortunas en un 24%. ¿Quién puede convencernos de que este sistema en el que el 1% de la población mundial acumula una riqueza superior a la suma del 99% restante, es el reino de la libertad, el bienestar y de las posibilidades para quienes tienen mérito y se esfuerzan por alcanzar sus objetivos?

Los liberfachos dicen disparates para intentar convencernos de que hay que aceptar la esclavitud, las brutales desigualdades y hasta la privatización del aire que respiramos en defensa de nuestra individualidad, de la libertad de que sobreviva el más fuerte. Y, a pesar de que todos los ejemplos históricos demuestren lo contrario, todavía hay algunos gobiernos, otros políticos y también algunas feministas que nos repiten que las democracias capitalistas pueden lograr que el Estado regule esta relación entre los capitalistas y la clase trabajadora para que si los primeros ganan, "ganemos todos". La famosa teoría “del derrame”.

Nosotras sabemos que cada derecho que conseguimos arrancarle a esta democracia degradada que intentan presentarnos como el único horizonte posible, fue una conquista de nuestra lucha. Y también sabemos que, aunque estemos orgulloses de haber conquistado una ley contra la violencia machista, el matrimonio igualitario, el aborto legal o el cupo laboral trans, ninguna democracia capitalista puede liquidar por ley, la explotación de nuestra fuerza de trabajo, ni tampoco la carga del trabajo doméstico y de cuidados que permite reproducir diariamente y generacionalmente esa fuerza de trabajo, sin que le cueste un peso extra a los capitalistas, porque recae mayoritariamente sobre el esfuerzo que realizamos gratuitamente las mujeres.

Por eso, cada lucha la damos con la perspectiva de acabar con esta barbarie y construir una nueva sociedad donde la eliminación de todas las formas de explotación, la liquidación de la propiedad privada, la extinción de las clases sociales, permitan incluso el desarrollo de relaciones humanas libradas de todas las formas de opresión que hoy conocemos.

Hoy, las luchas, la crisis del gobierno, el descrédito de la derecha y la participación destacada de la izquierda en cada reclamo de la clase trabajadora y el pueblo pobre, dan un renovado impulso a la construcción de una alternativa de izquierda, socialista y revolucionaria.

Pan y Rosas y el PTS en el Frente de Izquierda invitamos a todas las compañeras que participan de este 35º Encuentro Plurinacional a participar, debatir y organizar las asambleas que estamos impulsando en las casas socialistas de tu ciudad. ¡Queremos reunir a miles de compañeras y compañeros en 100 asambleas simultáneas, en noviembre, en todo el país!

El pan, las rosas y el socialismo

Nuestro feminismo es socialista porque contra la barbarie del capitalismo patriarcal, queremos construir una sociedad sobre otras bases. Nos parece que donde está todo dado vuelta es en esta sociedad en la que vivimos, donde las inmensas mayorías que movemos el mundo somos las más explotadas, oprimidas, discriminadas, sin derechos, sin poder de decisión.

Peleamos por una sociedad que esté al derecho, donde las productoras y productores de toda la riqueza social nos autoorganicemos, desde abajo, para satisfacer las necesidades humanas, en toda su diversidad, en armonía con el ambiente. Para ello, es necesario empezar por expropiar los grandes medios de producción que están en manos de una clase minoritaria y parasitaria, y también sacar a los capitalistas del poder del Estado.

Pero para conseguirlo, necesitamos organizar un gran partido de la clase trabajadora que, con el movimiento estudiantil, con el movimiento de mujeres y todos los sectores oprimidos por el capitalismo patriarcal, se proponga luchar por esta perspectiva. Un partido que no es igual a los demás, que no busca solo tener más afiliados, más diputados, más recursos, sino que se propone el objetivo de la liberación total de todas y todos los explotados y oprimidos por medio de la revolución socialista.

Contra los explotadores que nos condenan a vivir una vida miserable, sin disfrutar del aire libre, del arte, del ocio, de los vínculos humanos y contra los que nos dicen que la salida es individual, estamos convencidas de que no hay mayor felicidad -entre tanta barbarie- que el de sabernos partícipes de la construcción de un futuro mejor.

Queremos tomar en nuestras manos la palanca de la Historia. Atomizados, no somos nada. Juntas y juntos, tomando esta palanca en nuestras manos, colectivamente, lo podemos todo. Podemos conquistar definitivamente el pan y las rosas. Incluso, plantarnos sobre nuestros pies y estirar los brazos hacia el cielo, hasta tomarlo por asalto.


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