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Red Internacional

La primera cuestión golpeó profundamente en mi ser y desató una cadena de interpelaciones: ¿Dónde están las mujeres intelectualmente brillantes? ¿Qué oportunidades tienen? ¿Quién las emplea? ¿a qué se dedican?

Lunes 16 de agosto | 17:26

Confieso que tuve que leer tres veces la novela antes de atreverme a emitir una opinión. Me sentí pequeña ante la imponente prosa de Malú; escarbé en sus inicios de novelista buscando respuestas a un sinfín de preguntas que florecían a borbotones cada que pretendía dilucidar una cuestión de Al Final del Patriarcado.

La primera cuestión golpeó profundamente en mi ser y desató una cadena de interpelaciones: ¿Dónde están las mujeres intelectualmente brillantes? ¿Qué oportunidades tienen? ¿Quién las emplea? ¿a qué se dedican?

Encontré que, quizás, alguna, devastada por el mundo, se escondía bajo el disfraz de ama de casa, el lugar en el cual, irónicamente, muchas mujeres han encontrado el cementerio de sus sueños y hasta la muerte. Desolador. Otra, podría estar empoderada en una gran compañía de futuro prometedor, brindando su talento al enriquecimiento de un monstruo tecnológico sin escrúpulos ni tentativa de humanidad.

Alguien más, la honesta activista, luchando desesperadamente contra su propia organización que no se cansa de enaltecer caudillos hombres −no es porque quiera que ahora se enaltezcan mujeres, más bien, el pensamiento que emana de este fenómeno hace susceptible a la lucha: ser solamente una fábrica de seudo-líderes, convertidos en "polítiquillos" de cierto poder, sometidos al capricho del sistema.

Y así podría seguir enumerando cada campo “de desarrollo” que se ofrece a las mujeres bajo el engaño del empoderamiento; no se ve fácil dejar de ser Madame Bovary, Safo, ni Mesalina...

Es por ello que entusiasma encontrar en las letras de Malú Huacuja otro modo de ser, con un texto vigoroso, soberbio, en el que se observa un encontronazo en la mente sagaz, detectivesca y visionaria de la autora; con una infinidad de referencias que muestran su amplio bagaje cultural y se presentan de un modo natural, sin pretensión.

La escritora cruza fronteras en su obra, conocedora de dos realidades: su país de origen y su país de residencia. De tal manera, nos lleva de un lado a otro, mostrando la coexistencia de dichas realidades en una distopía que, a veces, resulta complicada de desenmarañar, quizás por eso resulta un alivio que sea posible sólo en la ficción.

En un homenaje rulfiano, con sarcasmo feministas, en la novela se presenta una narradora imposible pues dará noticia del asesinato de Adhira, talentosa inventora del programa TotalFem, un arma tecnológica cuya pretensión es poner fin al patriarcado. Ante esta premisa, la autora hace gala de su maestría como escritora de novela negra.

Adhira es asesinada en un contexto particular: Trump es candidato a la presidencia, las redes sociales son ahora parte del poder político, en México se conservan las viejas formas de poder, incluso hay un paso atrás en el tiempo: el caudillismo. Las revelaciones de lo que acontecerá se dan a lo largo de la novela y, sin embargo, el final resulta ser apabullante. Las necesidades cibernéticas de Gino dan la percepción de estar en un capítulo de “Black Mirror” y la tónica necrofílica del hecho mismo.

El “Pizzagate”, las mafias literarias mexicanas, los fracasos y triunfos del activismo revolucionario −aderezado con un sin fin de situaciones− ponen la tónica en los sucios juegos del poder.

Una obra que recorre diversos senderos y, al final, son llevados a buen puerto. Con una diversidad de ingredientes, estrategias narrativas, temas explorados y preguntas retóricas que retan el modo de ser que creemos haber elegido. Malú se anota un triunfo literario y, no conforme, remata con tremendo final; con él se podría rematar también al patriarcado, en cuanto a literatura mexicana concierne.

Al acceder a Al final del patriarcado el lector se enfrenta a la obra de una mujer experimentada: en la cúspide de su oficio, no se somete a los lineamientos de una literatura mexicana patriarcal, no busca premios en su territorio, no va por prebendas, es futurista, en muchos sentidos y, a la vez, recuerda la sensación de estancamiento de nuestra propia mediocridad nacional.

Para concluir, el escenario para las mujeres genio en un mundo que se mueve al ritmo del capital parece ser sombrío, pero como se menciona en la obra: “Ni el mal es perfecto”, y como muestra nuestra autora-genio y su activismo literario, siempre hay un camino o hay que forjarlo. En épocas de literatura chatarra que nos han arruinado el paladar, la obra de Malú Huacuja se siente como un buen mole de Xico Veracruz. No se la pierdan.




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