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Red Internacional

CINE. Adiós a Jean-Louis Trintignant: la deriva inconformista de un actor francés

El icónico actor francés llevaba cuatro años retirado y padecía cáncer. Falleció este viernes a los 91 años.

Sábado 18 de junio | Edición del día

Posiblemente Claude Lelouch no era consciente, cuando realizó “Un hombre y una mujer” (1966) y sus dos secuelas, “Un hombre y una mujer, 20 años después” (1986) y “Los años más bellos de una vida” (2019) con Jean-Louis Trintignant y Anouk Aimée, de que continuaba con una antigua tradición artística, que desde Tiziano a Klimt había mostrado durante siglos la alegoría de la vida como una lección sobre la fugacidad del tiempo a través de tres edades.

Trintignant y Aimée habían volcado en cada filme su firme compromiso con lo único que podían salvar de cada una de las etapas de esta trilogía vital: el amor, sin sentimentalismos ni nostalgias fáciles, utilizando la metáfora del piloto de carreras de coches (dos tíos de Trintignant fueron profesionales de la Fórmula 1, ganando uno de ellos el Gran Premio de Mónaco y las 24 Horas de Le Mans) para transmitir la idea del rápido desenlace hacia la muerte en una última actuación premonitoria.

De todos modos, cuando pensamos en Trintignant, evocamos sus papeles más comprometidos políticamente, como el de ese fascista atormentado y autodestructivo que, mezclando frialdad y desesperación, encarnó en “El conformista” de Bertolucci, tal vez la más compleja interpretación de su variada carrera. O el imparcial juez de “Z” de Costa-Gavras, que es capaz de exponer sin tapujos las prácticas de intimidación, represión y corrupción política, en un magistral ejemplo de lucha de un individuo contra un Estado autoritario, que se parecía mucho a la dictadura de los coroneles griegos (nada más iniciarse el filme, podemos leer: “cualquier parecido con hechos reales y personas vivas o muertas no es accidental. Es INTENCIONADO”). O el intelectual de extrema izquierda, arrestado por la policía durante una manifestación contra la guerra de Vietnam, y después utilizado en una trama criminal para eliminar a un enemigo político, de “El atentado” de Yves Boisset, una película de corte internacionalista con una precisa descripción de los kafkianos métodos de las llamadas “fuerzas de seguridad” para controlar a los activistas, en la que compartió protagonismo con Jean Seberg y Michel Piccoli.

Aunque, en ocasiones, por su trayectoria y aspecto, se le ha llegado a confundir con Yves Montand (con el que co-protagonizó “Z”), Trintignant desprendía un tipo de belleza más fría y estilizada, siendo mucho más apropiado para encarnar personajes multidimensionales y llenos de recovecos y abismos personales que reflejan los de una sociedad en crisis. Así lo demostró en sus colaboraciones con Michael Hanecke (“Happy End”, junto a Isabelle Huppert), Krystof Kieslovsky (“Rojo”), o François Truffaut (“Vivamente en domingo”, en tono hitchcocktiano, junto a Fanny Ardant).

También estuvo en importantes películas corales de realizadores comprometidos con su tiempo, como Ettore Scola (“La terraza”, “Entre el amor y la muerte”), Valerio Zurlini (“El desierto de los tártaros”) o Patrice Chereau (“Los que me quieren cogerán el tren”), además de algunos filmes rodados por su propia hija, Marie Trintignant, víctima de una muerte prematura.

Jean Louis Tringtignant puso elegancia, un personal glamour y un tono mordaz a sus héroes y antihéroes en muchos filmes franceses y coproducciones europeas excelentes, que hoy día vuelven a cobrar vigencia por su encendido y, en ocasiones, vitriólico compromiso social.




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