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Red Internacional

Precarización. A mayor nivel educativo, más desempleo enfrentan los jóvenes

En un ambiente de precarización creciente, los jóvenes encuentran pocas oportunidades para acceder a un empleo formal, y muy al contrario de lo que podría creerse, estas oportunidades se reducen entre más alto sea el nivel educativo que tengan.

Jueves 1ro de septiembre | 23:56

En mayo del presente año, de acuerdo a las cifras de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), la tasa de desempleo entre los jóvenes de 15 a 24 años alcanzaba al 6.5% de ellos, siendo superior a la media nacional del 3.4%, y más del doble que la tasa entre las personas de más de 25 años, que se ubicaba en un 2.8%.

De entre los jóvenes sin empleo, 14.4% de ellos no cuentan con estudios completos de secundaria, mientras que un 85.5% tienen mayor nivel educativo. De acuerdo con Man Power se enfrentan trabajos sin ningún tipo de prestación.

Ante este problema, el gobierno de la 4T asegura que estas alarmantes cifras son el resultado de los gobiernos neoliberales, y se lamenta del abandono a la juventud, que propone revertir con sus programas como Jóvenes Construyendo el Futuro, las Becas Benito Juárez y las Universidades del Bienestar.

Según la Jornada, Guillermo Santiago Rodríguez, director del Injuve, afirmó que se destinan más de 485 mil millones de pesos para la atención directa de más de 11.5 millones de jóvenes, y según Rodrigo Ramírez Quintana, titular de la Unidad del Servicio Nacional de Empleo, de la Secretaría del trabajo, la inversión en el programa de Jóvenes Construyendo el Futuro es de más de 45 mil millones, para un total de beneficiarios que ya rebasa los 2.3 millones.

Estás medidas, lamentablemente, no ayudan a resolver el problema, y los beneficiarios están lejos de ser las personas más pauperizadas. En primer lugar, el programa de Jóvenes Construyendo el Futuro entrega apenas 5,258 pesos mensuales a los beneficiarios, quienes entran a trabajar sin ser nunca reconocidos como trabajadores, y sin representar ni un sólo gasto para las empresas que participan del programa. En pocas palabras, se trata más de un subsidio a las empresas que de un servicio a los jóvenes, de los cuales solo un 0.8% fueron contratados al finalizarlo.

Por otro lado, y al contrario de lo que sugiere la propaganda del gobierno, este programa no ha alcanzado a las regiones con mayor desempleo ni con más criminalidad. Respecto al primer aspecto, a finales del año pasado, eran 23 municipios los que concentraban, cada uno, más de 6 mil becarios, y de entre estos, siete estaban en Tabasco, siendo que en dicho estado el Inegi registraba tan solo 2 mil 284 jóvenes sin acceso al trabajo ni a la educación. Mientras tanto en Cochoapa el Grande, Guerrero la tasa de desempleo era del 40% y únicamente había 22 becarios. Respecto al segundo punto, muy en contra del eslogan “becarios, no sicarios”, en 9 de los 20 municipios con más homicidios dolosos no había ni un solo becario.

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En lo que respecta a las becas Benito Juárez, resulta irrisorio pensar que $840 al mes para alumnos de educación básica y media superior, y $2,450 al mes para alumnos de educación superior son suficientes para costear los estudios de los más necesitados. En los hechos, el apoyo a la juventud es insuficiente y descaradamente favorable para los empresarios.

¿Será que no se necesitan profesionistas en México y por eso no consiguen trabajo los egresados de las universidades, o los que han continuado su bachillerato con alguna carrera técnica, y menos aún los que han hecho algún posgrado? Evidentemente, no. Pero esta situación se combina con una realidad donde la jornada de 8 horas cada vez más se convierte en una mera ilusión junto a una gran cantidad de derechos laborales. Una de las grandes razones por las que no hay empleo es porque a los capitalistas les conviene más pagar a un solo empleado que cubra dos o tres turnos que a dos o tres empleados, y la escasa regulación estatal no hace más que garantizarles ese paraíso.

Para dar una verdadera solución al desempleo que afecta a la juventud hace falta crear empleo de verdad, y una manera sencilla de crearlo —lejos del dogma de la derecha de que se necesita desregular aún más el mercado laboral, incrementando la precariedad y la miseria de los trabajadores— es repartiendo las horas de trabajo sin afectar los salarios (más aún, elevándolos al menos al nivel de la canasta básica), reduciendo la ya ilusoria jornada de 8 horas a 6, y cuidando su cumplimiento más estricto con la ayuda e intervención directa de los trabajadores.

Así mismo, hace falta aumentar la inversión del estado en educación para garantizar ese derecho a la juventud y cualquiera que lo necesite. Basta ya de una educación elitista reservada para los sectores acomodados, que obliga a los jóvenes, desde los 15 años o antes, a abandonar la escuela para trabajar en los sectores más precarizados y desregulados. Hacen falta, becas, sí, pero no unas tan pequeñas como las que presume el gobierno de la 4T, sino becas que cubran también, de menos, una canasta básica.

Urge también que el gobierno y las universidades e instituciones educativas garanticen transporte, comida, guarderías, dormitorios y cualquier otro servicio que garantice que la juventud pueda estudiar sin importar sus condiciones socioeconómicas, todo esto de manera gratuita y con la construcción de mayor infraestructura que cubra el 100% de la demanda, por lo que es urgente un aumento al presupuesto educativo.




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