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Red Internacional

Cdmx sin derechos. A dos meses de la lucha por derechos laborales en Cultura, ¿qué sigue?

La lucha de las y los trabajadores de cultura comunitaria ha puesto de manifiesto dos cosas: que la 4T continúa con el modelo de precariedad neoliberal de los antiguos gobiernos, y que emerge una nueva ola de jóvenes trabajadoras y trabajadores que están dispuestos a pelear por la defensa de sus derechos laborales.

Miércoles 9 de marzo | 14:24

Durante la actual gestión de gobierno, la forma de contratación más común para la juventud ha sido mediante programas sociales, anuales o periódicos, que ni siquiera reconocen a quienes colaboran en estos como trabajadores, sino que se les denomina bajo la figura de “beneficiarios”. Este es el caso de “Jóvenes construyendo el Futuro”, “Servidores de la Nación” y “Cultura Comunitaria”, entre muchos otros. Pero al parecer, podría comenzar el principio del fin de tal abuso patronal.

Cultura, precariedad y recortes

Si bien en medio de la pandemia estuvimos en la primera fila frente a la crisis sanitaria en las jornadas de vacunación, sin contar con seguridad social, ni equipo de protección o medidas sanitarias, eso no bastó, pues hoy los ajustes, de cara a las elecciones del 2024, han llevado a que el 90% quedemos sin ingresos.

El 30 de diciembre se anunció que los programas de Cultura migrarían a la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación (SECTEI). Otros rumores aseguraban que los programas desaparecerían. Pero si bien no todos se recortaron y siguen bajo la órbita de la Secretaría de Cultura (SECULT), hubo importantes cambios.

A raíz de nuestra lucha, una crisis política se abrió al interior de la Secretaría; el secretario general de Vinculación Comunitaria, Benjamín González, fue removido de su cargo con múltiples denuncias y un mal manejo del sector; en su lugar se nombra a Xavier Aguirre, quien, a pocos días de asumir, también fue destituido producto de centenares de denuncias en redes sociales luego de sus lamentables declaraciones clasistas. Días más tarde Vanessa Bohórquez, secretaria de Cultura, fue removida de su cargo y sustituida por Claudia Curiel de Icaza. En esta transición, sólo hubo un acuerdo implícito, perpetuar la “eficiencia” de los programas, aunque esto implique mayor precariedad sobre sus agentes culturales.

Acorde a esto, las Reglas de Operación lanzadas durante enero, para todos los programas, anunciaron importantes recortes en el número de puestos y en el presupuesto distribuido en las ministraciones de los miembros de los programas.

El 90% fuera: la gota que derramó el vaso

El 22 de febrero, los resultados de Promotores Culturales despertaron la furia contenida por una serie de atropellos acumulados durante años, y se manifestó en la movilización frente a SECULT el jueves 24 de febrero.

Esta protesta, que incluyó el cierre simbólico de la secretaría y el corte de Av. Insurgentes, arrancó a las autoridades dos diálogos públicos delante de centenas de trabajadores, pese a múltiples intentos de dividirnos y desmovilizarnos, con porros queriendo reventar las asambleas, convocando a entrevistas a algunos compañeros y compañeras, intentando generarles expectativas en que “quizás les devolverían el trabajo” a cambio de que dejaran de participar en la lucha y de “hacer grilla”.

En cada diálogo se intentó la misma maniobra que en enero, tratando de imponer listas de los presentes y de revisar los casos de forma individual. A lo que la asamblea contestó con un contundente NO.

Nuestra demanda fue la revisión de todas las solicitudes y la permanencia del 100% de las compañeras y compañeros de continuidad. Y conseguimos la revisión pública de todas las solicitudes de la convocatoria, algo inédito durante el gobierno de la 4T, que dio la espalda a cada conflicto que ha surgido, como el del SutNotimex que lleva dos años de huelga.

La revisión pública puso en evidencia groseras irregularidades del proceso de selección, desde su publicación tardía, la saturación de la plataforma para subir documentos, el proceso incompleto de registro porque se bloqueaba antes de validar documentos y una larga lista.

Durante las 3 jornadas mantuvimos comisiones para supervisar el proceso de revisión y hablar con los más de 500 compañeros y compañeras que asistieron al proceso, convocados a través de redes sociales por nosotros mismos, y las autoridades se mostraron enojadas porque hicimos nuestro propio registro e invitamos a continuar organizándonos y a no confiar en la SECULT.

Desde el día uno nos planteamos la necesidad de luchar por todas y todos los despedidos, concurrieran o no a las asambleas: si el despido había sido masivo, que también lo fuera la reinstalación. Por lo que nuestra principal demanda también fue clara: la reinstalación de todos y todas.

Aunque durante las transmisiones en vivo Magali Cadena se esmeró en recalcar que no somos trabajadores, quienes formamos parte de los programas y levantamos los lazos con la comunidad sabemos bien que sí lo somos, por lo que se puso también sobre la mesa la exigencia de plenos derechos laborales y que se nos reconozca como trabajadores del Estado, así como la importancia de la cultura comunitaria como herramienta fundamental para el conjunto de la población.

Sin embargo, este acceso a la cultura no puede estar sustentado sobre la base de la precarización laboral, sumado a que no solamente pusimos el cuerpo sino también nuestros propios recursos económicos, ya que no se nos proporcionan los materiales necesarios.

La figura de becarios les sirve para contar de forma ilegal con un gran número de trabajadores que cumplan con todas las funciones que necesiten, desde asistir a campañas de vacunación hasta hacer proselitismo a favor de la jefa de Gobierno.

Nuestra lucha puso de manifiesto que la principal fuerza a la que podemos apelar para mejorar nuestras condiciones laborales y de vida es la propia, pues fue la organización de las y los trabajadores la que arrancó las mesas de diálogo públicas y la inédita revisión pública del proceso.

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Seguirán las maniobras

Ya han dicho que no hay lugares suficientes para todos, por lo que prevén dejarnos a muchas y muchos fuera. Ante ello será necesario fortalecer el proceso organizativo, pelear por que permanezcamos unidos aquellos que sí sean convocados y quienes no, pues solo así podremos lograr #QueNadieQuedeFuera.

Pero estas condiciones precarias que denunciamos no se dan solamente en los programas de cultura comunitaria, son parte de una política que se replica en todos los sectores del Estado, por lo que es fundamental unir fuerzas también con trabajadoras y trabajadores de distintas dependencias.

Porque lo cierto es que, más allá de los nuevos resultados, esta enorme experiencia nos muestra la necesidad de mantenernos organizados, y que para esta siguiente fase de la lucha sigamos peleando unidos por plenos derechos laborales y continuidad para quienes trabajamos en emisiones anteriores en todos los programas.

¡Si ganamos las y los trabajadores de cultura sentaremos un precedente favorable para continuar luchando contra la precarización laboral y el golpeteo a nuestras condiciones de vida!

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