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2 de marzo de 2021 Twitter Faceboock

EDUCACIÓN
Luego del paro estudiantil de la EDPA, ¿cuál es la situación de los docentes en las UBBJ?
Alejandra Santamaria

El 17 de febrero del 2020 en la EDPA estalló paro estudiantil e, inmediatamente, las y los docentes nos pronunciamos en su apoyo y denunciamos la precarización laboral, sin embargo, como represión fuimos despedidos por apoyar las justas demandas del movimiento estudiantil.

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Antecedentes de la lucha

Las condiciones que detonaron el movimiento estudiantil de la EDPA fueron, principalmente, las condiciones de precarización laboral y educativa que se expresaban violentamente en falta de todo recurso para desempeñar las funciones cotidianas de una universidad, la carencia de personal administrativo, de intendencia, seguridad, médico y bibliotecario, funciones que estaban concentradas en unos cuantos trabajadores.

En cuanto a la situación de las y los docentes, no contábamos con un contrato individual ni colectivo de trabajo, sino éramos prestadores de servicios profesionales docentes, por lo que se nos negaban de facto, todos los derechos laborales. La peor situación la vivimos cuando nos dejaron de pagar durante casi seis meses en el 2019, sin embargo, nuestro compromiso con la comunidad estudiantil fue más fuerte y permanecimos en las aulas, realizando todas nuestras actividades, incluso aquellas que no están contempladas como parte de nuestro pago, entre ellas, escuchar a nuestros estudiantes, conocerlos, guiarlos, la revisión de sus tareas, asesorías y evaluaciones.

Cuando la EDPA pasó de ser una universidad privada a formar parte de las Universidades para el Bienestar Benito Juárez (UBBJ) en el año 2019, se despidieron a decenas de profesores de manera injustificada, porque no podían cumplir con los horarios de “medio tiempo” o “tiempo completo” impuestos arbitrariamente. Para realizar el proceso de selección de docentes, tuvimos que viajar a la sede del Organismo Coordinador en Pátzcuaro, Michoacán, sin haber percibido siquiera el pago del ciclo anterior, ni viáticos para afrontar el traslado y la estadía, y mucho menos la certeza de que nos iban a contratar haciendo ese esfuerzo. Pero en mi caso, con la ilusión de contar con una fuente de trabajo, tuve que endeudarme para poder asistir y cumplir con sus requisitos.

Pero, con todos los esfuerzos realizados y la calidad que aportamos a la institución, nada fue suficiente para las autoridades de la EDPA, porque al final del ciclo escolar, no tuvimos garantizado siquiera, seguir dando clases ni en condiciones ultra precarias, sino que quedaba a consideración de la Coordinación el contemplarnos para una materia.

Cabe apuntar que, la falta de derechos laborales la vivieron también el personal de intendencia y de seguridad quienes eran contratados bajo outsourcing.

Esa incertidumbre laboral alcanzó primero a una compañera docente que quedó, de la noche a la mañana, en la calle y luego vinieron los despidos injustificados de las dos trabajadoras administrativas, las únicas a quienes la universidad les reconoció derechos laborales de acuerdo al artículo constitucional 123 apartado A.

Solidaridad estudiantil con las y los trabajadores

Todas estas circunstancias despertaron descontento e indignación en la comunidad universitaria, porque los estudiantes eran conscientes de la gran labor e importancia de las trabajadoras administrativas y de sus docentes despedidos. Muchos de ellos debieron sostener la limpieza del centro de estudios cuando ya no hubo personal para ello, o prescindir de seguridad pues el personal dejo de asistir, así como debieron soportar no contar con apoyo administrativo para el desarrollo de sus propias carreras, por lo que la incertidumbre se hizo cada día más presente.

Por todo ello fue que se organizaron y, en una asamblea estudiantil, se definió, entre sus exigencias, la garantía de derechos tales como, la educación pública, la salud y derechos laborales para las y los docentes principalmente, manifestándose claramente contra la precarización laboral en la universidad. La respuesta de nosotros, los docentes, fue pronunciarnos a favor del paro estudiantil, al tiempo que denunciamos la precarización laboral como trabajadores.

Hoy, puedo decir que, más allá de las importantes demandas que estos jóvenes conscientes levantaron, lo más progresivo de la lucha fue la unidad de estudiantes y docentes en la conformación de una asamblea tripartita integrada por todos los sectores de la comunidad universitaria, convocada por nuestros alumnos en la histórica plaza de Santo Domingo, irónicamente, frente a las puertas de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

A partir de ese momento, las y los estudiantes de la EDPA se movilizaron permanentemente y supieron rodearse de la solidaridad de otras luchas y organizaciones, entre ellas de la Asamblea de Profesores de la UACM en Lucha, realizando varias movilizaciones conjuntas.

Sin embargo, ante las condiciones que impuso la pandemia, la negativa de las autoridades a atender sus demandas, y la ceguera de los gobiernos de la Ciudad de México como el federal que, a pesar de haber llegado hasta la puerta de sus recintos decidieron no verlos, las y los estudiantes resistieron varios meses en su lucha, pero finalmente se vieron obligados a entregar las instalaciones, pero sin que se garantizaran ninguna sola de las demandas del pliego petitorio.

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A un año de este paro estudiantil con toma de instalaciones, las condiciones laborales de los docentes no han cambiado, por el contrario, quienes apoyamos el paro estudiantil fuimos despedidos injustificadamente y la precarización para el resto se sigue expresando en:
• La negativa de la relación laboral, pues no se considera a los docentes como trabajadores, sino como prestadores de servicios profesionales.
• En relación al salario, pues no están definidos los montos formalmente en un tabulador.
• En la jornada laboral, pues el tiempo extra clase no es pagado y la educación vía remota, ha implicado que los docentes asuman el pago de servicios y de equipo de cómputo, así como las horas laboradas ante los grupos numerosos, baste señalar que, según el sitio web oficial de las UBBJ, para el 8 de mayo del 2020 se tenía contemplados 15 mil 105 estudiantes en las distintas sedes, con tan solo 815 profesores, por lo que, en promedio, un docente atendía a 185 estudiantes.
• En las condiciones de seguridad e higiene, a pesar de estar en riesgo constante la salud de docentes, no cuentan con seguridad social, ni de una estabilidad laboral que les permita realizar el confinamiento.

No obstante, en otras sedes, también se ha expresado esta situación, como en Querétaro, Veracruz, Hidalgo y en las distintas sedes de la Ciudad de México, donde también hay despidos injustificados, violencia institucional, riesgo sanitario, entre otros avasallamientos a los derechos laborales y estudiantiles.

En clases, se escucha por testimonio de las y los profesores que, debido a su precaria contratación, no tienen derecho a la sindicalización. Además, debido a la inhumana carga laboral, al menos en la sede Querétaro y Cuauhtémoc han renunciado ya varios docentes.

Pero, a pesar de la dura situación que se vive hoy, una de las principales lecciones que ha dejado la lucha estudiantil de la EDPA, es la necesidad permanente de defender la educación pública en todos sus niveles y las condiciones laborales, en unidad entre todos los sectores que integran las comunidades universitarias.

Por ello, las y los docentes de todas las sedes de las UBBJ, requerimos urgentemente de espacios de intercambio y debate con trabajadores de nuestro sector que padecen la precarización como nosotros, ya sean sindicalizados o no, pues la precarización nos va llegando a todos. Sería un gran paso adelante, poder reunirnos en un encuentro de docentes universitarios en el que problematicemos sobre nuestras precarias condiciones laborales, los recortes presupuestales y de contenidos a la educación, y comencemos a delinear una salida a estos flagelos que van en aumento, pensando en un plan de lucha unificado que nos permita imponer la basificación de todas las plantillas docentes de las universidades, así como plenos derechos para todos, aumento del presupuesto para la educación superior y verdaderos planes de estudios y formación para nuestros estudiantes.

 
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