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31 de octubre de 2020 Twitter Faceboock

SUPLEMENTO IDEAS DE IZQUIERDA MX
Fuenteovejuna en el Siglo XXI, México y los linchamientos
Rafael Arturo Mota

El linchamiento es un fenómeno que en México ha crecido en los últimos años. Cuáles son sus causas.

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En días recientes, se hizo viral en México el video de un asalto frustrado a una unidad del transporte público, sobre la autopista México-Texcoco. El perpetrador fue retenido por los usuarios y golpeado. El espectro de opiniones ha sido muy amplio, desde quienes aplauden el casi linchamiento, hasta quienes buscan reflexionar en torno a las causas que originan la llamada “delincuencia común” [1]. No obstante, esta situación puede servirnos para discutir un fenómeno complejo, que abarca lo social, económico, político y cultural. Más allá de hallar explicaciones sobre tal o cuál fenómeno, desde el marxismo la crítica radical busca no sólo encontrar las causas sino trazar un camino que permita la transformación de la realidad.

La violencia cotidiana

¿Qué es la violencia? Raúl Rodríguez Guillén [2], en su texto “Crisis de autoridad y violencia social: los linchamientos en México”- [3], comienza por tratar de definir la violencia, que, en su forma práctica, se encuentra en el ejercicio de la presión, el uso de la fuerza, la cohesión, en el ejercer el poder sobre otros. De tal manera que, para él, la violencia puede ser individual o estructural.

Individual cuando alguien en posesión de medios técnicos, impone su voluntad sobre otros, donde el agresor puede ser identificado. Estructural, cuando tiene un carácter social, como expresión de desigualdades de poder y condiciones de vida. De aquí que el asaltante sería, según la definición dada por el autor, claro ejemplo del primer tipo de violencia, en tanto que el segundo tipo es más difícil de observar a simple vista. Empero, aunque Rodríguez Guillén sostiene esta distinción categórica, no hay que diluir que la violencia estructural, propia del sistema en el que vivimos, produce y reproduce la violencia a escala individual.

Es decir, el que cientos de miles de personas vivan en la precariedad; que exista un ejército industrial de reserva [4] que alimente las filas del lumpenproletariado [5]; que el Estado administre los intereses de la clase dominante y no de las mayorías, etc. son sólo algunos ejemplos del tipo de violencia estructural y para su análisis particular, es necesario un proceso reflexivo profundo, para buscar sus causas y orígenes.

Para Rodríguez Guillén, la violencia es expresión de la crisis de autoridad- [6]. De tal manera que la falta de un poder común o bien la ausencia de autoridad son las causas de la violencia. Sin embargo, no específica en particular qué tipo de violencia, de las que ya definió, hace referencia.

Por ejemplo, si hablamos de la violencia de tipo estructural, y asociamos el concepto de poder con violencia, igual que como hace el autor, tendríamos necesariamente que hablar del rol del Estado. Que tal como Lenin lo define, es el órgano de dominación de la clase capitalista, de donde adquiere nuevos medios para la represión y explotación de la clase oprimida.

Es el Estado quien ejerce el monopolio de la violencia física, con el uso de las Fuerzas Armadas y la policía. No solo a través de la violencia física es como la burguesía se afianza. La producción capitalista produce y reproduce las relaciones de producción específicamente capitalistas, que es a su vez una relación de dominación. Es decir, tal y como Marx plantearía, el capital regula, conforme a sus necesidades de producción la fuerza de trabajo misma, la capacidad de la masa humana que él habrá de explotar. [7]

Por lo tanto, es el modo de producción capitalista el que, además de acrecentar la masa de obreros que venden su fuerza de trabajo, paradójicamente aumenta a su vez la masa de desocupados, personas que viven en la marginación- [8]. De tal manera, que es correcto el planteamiento de quienes aseguraran que hay causas socioeconómicas que profundizan el grado de descomposición social. Así mismo, estas producen la emergencia de formas de violencia social que el autor categoriza como “violencia individual”. No es un problema moral, es la dinámica propia del modo de producción, que tiende a la distribución desigual de la riqueza.

A su vez, podemos discrepar del planteamiento del autor sobre la falta de autoridad como génesis de la violencia. Si hiciéramos una investigación más exhaustiva, los casos de funcionarios del Estado que están involucrados con el crimen organizado echarían fácilmente por la borda esta misma tesis. Con lo expuesto con anterioridad, podemos concluir también que la violencia (de tipo estructural que, como ya hemos mencionado, da origen a la violencia de tipo individual) no se origina por la inacción del sistema judicial o la falta de castigo, como lo plantea. También resulta importante el debate en torno al castigo como método propuesto para erradicar o disminuir los índices delictivos, que retomaremos en otro artículo, tanto del punitivismo estatal, como el punitivismo individual.

El hecho económico que ya hemos descrito, no explica en sí mismo el fenómeno de linchamiento, que no es nuevo, aunque la exposición en redes sociales lo vuelva viral. Los linchados van desde presuntos delincuentes, policías y delincuentes atrapados in situ, hasta gente que estaba en el momento y el lugar equivocados.

Los linchamientos en México

Rodríguez Guillén utiliza la categoría de indignación moral, para explicar la causa de los linchamientos. Para él representa el rechazo a la autoridad que no cumple con su función [9] y un intento por restablecer los principios de convivencia pacífica; es un poner límites sociales tanto al abuso de autoridad como a la impunidad y el aumento de la delincuencia y un querer restablecer también los órganos encargados de que se cumpla la ley. Es pues, un punto de quiebre en el que un grupo más o menos organizado de la sociedad expresa mediante la violencia colectiva el rechazo a diferentes formas de alterar los ritmos de la vida cotidiana [10].

Sin embargo, uno de los más grandes límites de esta categoría radica en los supuestos del deber ser de las autoridades. En particular de las que están relacionadas con la seguridad y la justicia. Aunque de fondo algunos casos particulares. [11] de linchamientos parecieran cuestionar la ineficiencia de una u otra autoridad y/o se planta frente a los abusos de alguna institución (como los policías linchados en Tláhuac en el 2004), no necesariamente generan algún tipo de organización que presione para alguna transformación más allá de lo inmediato. También existen casos de intentos de linchamiento que han sido desatados por el esparcimiento de un rumor, ahora potenciado por las redes sociales y las fake news, tal como ocurrió con algunos trabajadores administrativos en las jornadas de sanitización por el Covid-19.

Es decir, en el caso particular de los ataques a presuntos delincuentes y a policías, este fenómeno es sintomático del hartazgo de los sectores que más cotidianamente lidian con la violencia individual. Rodríguez Guillén muestra en un cuadro comparativo, las causas que desataron algunos linchamientos o intentos en México. [12]

Es evidente que este estallido violento y repentino no termina necesariamente por modificar la correlación de fuerzas para enfrentar la violencia estructural. Con la misma explosividad con la que surge termina por evaporarse. Esto a diferencia de otras experiencias como las policías comunitarias que, a pesar de sus límites, apostaron por crear organización y cuestionar (en mayor o menor medida) el rol del Estado y/o las fuerzas represivas coludidas con el crimen organizado. Inclusive, una vez que la furia ha desaparecido, llega a tener un carácter restitutivo, debido a que se propone la restitución de la autoridad, su buen funcionamiento, la correcta aplicación de la ley, etc. [13]

Su aumento es muestra del grado de descomposición social que es a su vez producto de años de guerra contra el narcotráfico, de escándalos en las altas esferas del poder político e impunidad. Así pues, la “justicia por propia mano” tiende a una salida reaccionaria, porque se ejerce contra delincuentes comunes y porque re legitima a las instituciones del Estado que “garantizan seguridad”, dándole a los linchamientos un carácter restitutivo. Resulta importante destacar también el rol de los medios de comunicación masivo. Que sin importar cual sea su discurso, a favor o en contra de los linchamientos dependiendo del caso particular, terminan por diluir cualquier tipo de responsabilidad por parte del Estado o por desviar el descontento social.

Como hemos visto hasta ahora, la violencia estructural es parte del modo de producción en el que vivimos, ya que este produce y reproduce las relaciones de producción y dominación. En términos generales podemos concluir que el Estado, como garante de las necesidades de la clase dominante, es responsable directo del aumento de los índices delictivos, puesto que responde a intereses particulares y no de las mayorías.

Para erradicar la violencia es necesario erradicar el modo de producción que la perpetua. Aunque parezca paradójico, esto solo puede lograrse a través de la organización de la clase oprimida y la toma violenta del poder y las instituciones que son parte del Estado. El cómo se logra es un debate más profundo.

 
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