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23 de octubre de 2020 Twitter Faceboock

VIDEOS VIRALES
¿Qué hay detrás de la "rata de combi"?
Emilia Macías | @EmiliaMacas1

A través de redes sociales circuló el video de un asalto en el transporte público que fue frustrado por pasajeros. La opinión pública se ha dividido entre quienes celebran la acción y quienes alertan por la crisis de violencia y la descomposición social.

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La difusión masiva del video en donde usuarios del transporte público en el Estado de México propinan una golpiza a un asaltante ha provocado gran revuelo. No sólo por la producción de memes que inundan las redes sociales en distintos formatos, sino también por la expresión de hartazgo ante la crisis de violencia e impunidad. Enardecidos, circulan comentarios que celebran el linchamiento con frases como "noticias que alegran mi día" y que felicitan a los pasajeros por "dar su merecido" al ladrón.

Publicado por Por que tan perra? en Lunes, 3 de agosto de 2020

También hubo comentarios en las redes sociales deseando que hubieran matado al asaltante o de menos cortarle la mano (como la polémica propuesta del "Bronco", candidato a las elecciones presidenciales pasadas).

Pero, ¿qué viene de fondo?

La crisis de violencia en México no es un tema nuevo. Como se ha demostrado, la policía no es quien nos cuida ni protege, es más, nos golpea, viola y desaparece. Por esto, por el descrédito y desconfianza en las "fuerzas del orden", así como por la impunidad, mucha gente ha decidido utilizar métodos como el linchamiento o “la justicia a mano propia”, según destacan organismos como la Comisión Nacional de Derechos Humanos en su informe sobre el tema de 2019.

La implementación de cámaras en el transporte público de la zona metropolitana, como una de las medidas "de seguridad" implementadas por las autoridades locales, no han funcionado sino para registrar asaltos que no cesan.

En este asunto, sin embargo, no sólo intervienen cuestiones sobre la legitimidad o fortaleza de un Estado para imponer "orden", como hacen parecer los informes sobre el tema por parte de organismos de DDHH. Existe un marco de precariedad de la vida que tiene de raíz la violencia estructural en la que vivimos, donde la injusticia social viene repartida por las grandes esferas del Estado y las empresas.

No es casualidad que los linchamientos en México tuvieran un despunte a partir de 2015. Es la expresión de la rabia acumulada tras más de una década de una "guerra" que se anunció "contra el crimen organizado", pero que ha cobrado la vida de miles de civiles y que ha rodeado a millones de un clima de violencia en el que los despidos y la precarización de la vida son parte del panorama. Los pobres se pauperizan, mientras que los ricos se suceden en las listas de millonarios de Forbes.

Esto, poco a poco, se vuelve una guerra de pueblo pobre contra el pueblo pobre. Porque la realidad es que mientras a los ladrones "de a pie" que asaltan se les imponen castigos severos, los ladrones de cuello blanco que se enriquecen del erario y corrupción se les da trato de diplomáticos. Por ejemplo, sin ir muy lejos, el exdirector de PEMEX Emilio Lozoya, que recibe un trato privilegiado. Recordemos también en 2012 el famoso "Melate-Gate" de estafas en los sorteos de lotería.

Las grandes empresas son responsables de que millones de personas estén en la calle ahora. En medio de la pandemia ha habido un crecimiento de despidos y recortes salariales impresionante. ¿Qué hay del robo que realizan los grandes magnates?

La policía llena las cárceles de jóvenes pobres, hasta el año pasado se registraron más de 8 mil indígenas presos por falta de traductores, o la represión que viven las caravanas migrantes en ambas fronteras del país.

La descomposición social no es un problema que se resuelva, como ha pretendido AMLO, con "becas" y "apoyos". Por el contrario, se trata de una cuestión que se agudiza con medidas como el despliegue de las Fuerzas Armadas por el territorio o los mismos despidos que su administración avala o ejecuta. Está claro que mientras el Estado garantiza la profundización de la desigualdad, implementa medidas que colocan a las grandes mayorías en una situación de desesperación y violencia que, sin embargo, no son sino cifras en los informes oficiales.

La clase trabajadora no puede seguir viviendo de migajas. Dentro del marco del capitalismo es imposible terminar con la pobreza. Es necesario luchar por una escala móvil de horas de trabajo, es decir, que todas las manos disponibles se presenten en jornadas laborales de seis horas para hacer frente al desempleo. Así mismo, implementar en centros de trabajo una escala móvil también en los salarios, que alcance para el costo de la canasta básica basado en impuestos progresivos a las grandes fortunas y un bono de emergencia para enfrentar el distanciamiento social que nos impuso la pandemia.

Trabajo, vivienda, salud y educación para todxs sólo pueden ser plenamente garantizados por un gobierno de las y los trabajadores.

 
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