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La Izquierda Diario
12 de diciembre de 2018 Twitter Faceboock

BREXIT
Claves para entender por qué Theresa May aplazó la votación del brexit
Alejandra Ríos | Londres | @ally_jericho

Cuando todo apuntaba a que el acuerdo entre la primera ministra británica, Theresa May, y la UE sería ampliamente rechazado por el Parlamento, el lunes se dio a conocer la decisión de May de posponer la votación del brexit prevista para este martes en el Parlamento de Westminster.

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Fotografía:EFE

A menos de 24 horas de que se llevara adelante la votación del acuerdo de salida sellado con Bruselas a medidos de noviembre, May se echó atrás al darse cuenta de que no tenía garantizados los 320 votos necesarios. Tras varias de semanas tratando de conseguir el respaldo de los diputados y ante el panorama de una importante derrota —ya que ni siquiera la respaldaban los 315 diputados de su propia bancada— la primera ministra le hizo un desaire al parlamento al aplazar la votación sin fijar una próxima fecha.

En los días previos a la votación, el rechazo a la propuesta del acuerdo de divorcio crecía en vez de disminuir a pesar de la “campaña” montada por la mandataria. Si el gobierno perdía la votación por más de 100 votos, variante que se tornaba cada vez más probable, se abrían una serie de variables, todas incómodas para May, ya que se vería obligada a renunciar o, alternativamente, a negociar un nuevo acuerdo con Bruselas en un plazo de 21 días.

Por otra parte, una derrota de tal magnitud podría haber impulsado al Laborismo, en la oposición, a convocar un Moción de censura en el gobierno que, de ganarse, abriría un plazo de 14 días para formar un nuevo Gobierno; si esto fallara, se convocarían elecciones anticipadas. Otra opción sería que el propio partido Tory forzara una Moción de censura en su líder, tras lo cual el nuevo líder conservador sería primer ministro.

Frente a este panorama desolador May realiza una jugada unilateral —de corte bonapartista— como táctica para mantenerse en el poder y ganar tiempo con la esperanza de convencer a su bancada u obtener concesiones de Bruselas.

¿Qué escenarios se abren?

Coincidiendo con la celebración de la cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno este jueves en Bruselas Theresa May buscará “garantías adicionales” sobre la frontera norirlandesa para que el Reino Unido no esté atado de manera indefinida a la UE. Sin embargo, el mensaje de Bruselas es claro: “el acuerdo no es negociable” y solo se ha comprometido a clarificar puntos confusos. Nueva negociación con la Unión Europea no resulta prometedora.

El partido laborista, el Partido Nacional Escocés, el Partido de Gales y los Verdes, están presionando al líder de la oposición, Jeremy Corbyn, para que éste presente una Moción de censura en el gobierno, que podría conducir a elecciones adelantadas. Corbyn se ha negado a plantearlo debido a que la Moción necesitará para su aprobación el apoyo de los conservadores —quienes seguramente votarán a favor de derribar a su propio gobierno. La Moción de Censura al gobierno resulta por lo tanto poco probable.

Los sectores más favorables a mantener los lazos con la UE piden que el Parlamento convoque otro plebiscito. En octubre unas 600.000 personas, referenciadas en la campaña “People’s Vote” (Voto popular), se sumaron a la protesta en Londres a favor de un segundo referendo que confirme o revoque el resultado del plebiscito del 2016, en el que el 51,9 % de los votantes optaron por salir de la UE. Figuras del Partido Verde, de los demócratas-liberales, diputados laboristas sin cartera y del Partido Nacional Escocés participan en esta convocatoria y llamaron a los diputados a no votar el acuerdo. Al calor de la crisis del acuerdo de divorcio de May la Campaña “People’s Vote” ha ganado mayor visibilidad. Sin embargo, ni el Partido Laborista ni el Partido Conservador proponen como política oficial una segunda consulta. Es que este llamado puede llevar varios meses debido a que hay que aprobar una legislación específica y es necesario dar con tiempo para hacer campaña.

Para evitar las divisiones que podría ocasionar un segundo referendo, se baraja lo que se conoce como el modelo noruego: que el Reino Unido permanezca en el Espacio Económico Europeo (EEE), con un modelo similar al de Noruega. Si bien esta salida zanja la discusión de la frontera norirlandesa, implica la libre circulación de ciudadanos comunitarios, uno de los principales argumentos que motorizó el voto a favor de la salida de la UE en la consulta del 2016.

El Partido Laborista parece estar debatiendo alrededor de la táctica a seguir, ¿convocar un segundo referendo o perseguir un brexit suave “a la noruega”?

En la noche del martes, la mayoría de los medios hablan de la posibilidad, cada vez más cercana, de una Moción de Censura a la Primera Ministra británica. No se conoce la cantidad de diputados “tories” que han respaldado esta propuesta ni si reunieron las 48 firmas necesarias (15% de la bancada) que deben presentar ante un comité partidario para lanzar la Moción.

También existe la posibilidad de que Londres anule el divorcio ya que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sentenció que el Reino Unido puede revocar de forma unilateral el artículo 50 que inició el proceso de su salida de la UE.

Como podemos ver alternativas a la crisis del brexit, no faltan, pero ¿hay soluciones?

¿Por qué es importante la frontera norirlandesa?

El principal motivo por el cual una amplia mayoría de la Cámara de los Comunes no respalda el acuerdo de Theresa May con la UE es la “salvaguarda” para la frontera de Irlanda del Norte para evitar una frontera física en Irlanda. Esa garantía, conocida como "backstop", estipula que el Reino Unido permanecerá en la unión aduanera de la UE e Irlanda del Norte se alineada con ciertas normas del mercado único y podría durar indefinidamente si no se soluciona el tema de la frontera. La salvaguarda ha sido el principal escollo de la negociación porque uno de los puntos de los acuerdos de Paz del Viernes Santo es la eliminación de la frontera entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte, por lo que la imposición de una “frontera dura” entre ambas echaría por la borda estos acuerdos y atacaría la unidad territorial y constitucional del Reino Unido. Por otra parte, una “frontera débil” luego del brexit, podría llevar a una situación de estancamiento hasta que se establezca un nuevo acuerdo comercial.

 
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