Cultura

NOMINACIÓN AL ÓSCAR

Yalitza Aparicio: lo que se oculta detrás de los reflectores

“Como hija de una trabajadora doméstica y una mujer indígena estoy orgullosa de esta película que nos ayuda a aquellos que nos sentimos invisibles a ser vistos”: Yalitza Aparicio.

Laura Aparicio

Pan y Rosas México

Miércoles 23 de enero | 12:10

Alfonso Cuarón, director de la película Roma, celebra que por primera vez una mujer indígena esté nominada al galardón.

Su nominación generó gran revuelo en redes sociales, desde aquellos que son xenófobos y clasistas, hasta los cientos de comentarios de apoyo porque Yalitza representa a uno de los sectores más oprimidos de la sociedad mexicana: las mujeres indígenas.

Yalitza, originaria del municipio de Tlaxiaco, Oaxaca, interpreta a una mujer indígena que trabaja como empleada doméstica y niñera en una casa adinerada en la colonia Roma. Su papel no dista mucho de su realidad. La actriz comentó en algunas entrevistas que en algún momento sí trabajó como empleada doméstica, y cuando le pidieron que mostrara cómo se lava el patio (escena inicial) ella sabía cómo hacerlo.

La película retrata bien la vida de una mujer que necesita trabajar en otra casa para sobrevivir, quien no puede realizar sus propios deseos y se mantiene en la monotonía. Las diferencias entre Cleo (Yalitza) y su patrona son notorias, más allá del aprecio que pudo existir. Las diferencias de clase se perciben a lo largo de toda la película.

Visibilizar la vida cotidiana de una trabajadora doméstica, sus penas, sus afectos, es uno de los méritos de Roma, y es motivo de orgullo para Yalitza y para muchas personas. Y el papel de la actriz en esto es central.

Sin embargo, ¿qué significa esta historia que buscan transmitir Hollywood y los medios de comunicación? Se construye un relato centrado en la ilusión de superación personal, más allá de las condiciones materiales reales de existencia de las mujeres indígenas en México, doblemente oprimidas: por su género y por ser parte de los pueblos originarios.

Lo cierto es que la historia de Yalitza es única. Su historia, una en más de un millón, está muy alejada de la gran mayoría de las mujeres y los hombres que trabajan a diario de sol a sol sin agujerear ni un centímetro las capas de la desigualdad social, la opresión y la explotación y muy cercana a la vez, por su vida anterior como maestra rural y por su ascendencia indígena.

Cómo no recordar que, según un estudio, 59% de las mujeres indígenas ha experimentado algún tipo de violencia (emocional, física, sexual, económica, patrimonial o discriminación laboral) a lo largo de su vida. La violencia obstétrica y la criminalización por la interrupción del embarazo –hasta cuando se trata de abortos espontáneos– son algunos de los agravios que enfrentan. Más de 2 millones de trabajadoras del hogar en México no tienen acceso a prestaciones de seguridad social.

La historia de Yalitza representa el sueño de millones de personas por salir de la precariedad o escalar socialmente, particularmente en los años de la xenofobia de Donald Trump que expulsa a cientos de migrantes mexicanos y centroamericanos que buscan el “sueño americano” con la esperanza de tener una vida digna.

La alegría de muchos y el racismo desenfrenado de otros, se desgranan alrededor del fenómeno de la película Roma, que da cuenta, en parte, de la difícil realidad que enfrentan las mujeres indígenas en México. Una fotografía que retrata, en blanco y negro, aspectos de la pobreza, la opresión y la explotación que viven de millones trabajadoras domésticas.






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