Economía

AMÉRICA DEL NORTE

Wilbur Ross advierte riesgos para México y Canadá si termina el TLC

Otro apriete de la administración Trump en voz de su secretario de Comercio para imponer sus condiciones a tres días del inicio de la quinta ronda de negociaciones.

Bárbara Funes

México D.F |

Martes 14 de noviembre | 22:49

“Será mucho más dañino para ellos que para nosotros”, aseguró Ross refiriéndose a México y a Canadá, y advirtió que es posible que fracasen las conversaciones.

Los puntos conflictivos para los socios de Estados Unidos son las “píldoras venenosas” de Trump –así las llama la prensa internacional-. Son los focos de conflicto el incremento del contenido manufacturado en la región que deben tener los automóviles ensamblados, establecer en particular un porcentaje más alto de insumos estadounidenses y fijar una cláusula de extinción del TLCAN si cinco años luego de la firma los tres países no acuerdan extenderlo.

Las trasnacionales automotrices, que prosperaron en México tras la implementación del TLCAN –por los bajos salarios y las ventajas impositivas- rechaza las propuestas de Trump.

A su vez, la agencia de calificación del riesgo Standard & Poors señaló que el fin del TLCAN puede traer consecuencias negativas para la industria estadounidense y la economía mundial.

Trump, cuestionado en el terreno doméstico por el Rusiagate y por la aparición de figuras cercanas en los Paradise Papers, entre otros problemas, igual aprieta. Si no consigue lo que quiere, irá a negociaciones bilaterales con sus socios del TLCAN.

La quinta ronda de negociaciones inicia este viernes 17 y se extenderá hasta el martes 21 de noviembre, con los nubarrones del debate en el Congreso de Estados Unidos sobre los recortes de impuestos. Un debate en el que necesita el apoyo del partido republicano, en el que prima el apoyo al libre comercio.

Wilbur Ross

Por su parte, los gobiernos de Canadá y de México amagan una tibia resistencia en el discurso, para no quedar tan mal. Mientras tanto, negocian con otros ocho países de América del Sur, Asia y Oceanía la entrada en vigor del Tratado Comercial Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), del que Trump sacó a EE.UU. en enero.

La globalización en cuestión

El libre comercio llevado al extremo forzó la pauperización de importantes sectores de la clase trabajadora y el pueblo en los países de América del Norte.

A distintos niveles, la clase trabajadora vio en las últimas décadas una degradación constante de sus condiciones de vida y de trabajo. Aun con sectores de las clases medias que prosperaron, no hay mercado para el conjunto de los bienes que se producen, sencillamente porque el poder de consumo de amplias franjas de la población se redujo. Y es así que la “gran empresa” de la burguesía imperialista y de su subordinada, la burguesía mexicana, enfrenta una profunda crisis.

No obstante, los estrechos vasos comunicantes entre México y Estados Unidos conforman una cadena de valor muy difícil de quebrar sin graves prejuicios para las trasnacionales, que engordaron a costa de la miseria de millones de obreras y obreras de las maquiladoras y de la expulsión de la producción de amplios sectores de trabajadores de cuello azul del llamado Rust Belt.

Sólo en Texas, 463,000 puestos de trabajo están vinculados directamente con el comercio fronterizo con México. En el caso de California esa cifra asciende a 692,000 empleos.

Ciudad Juárez y El Paso

Los insumos importados son la columna vertebral de la producción de la industria maquiladora en México. Los ensamblan trabajadoras y trabajadores con sueldos miserables, y luego las empresas los exportan: 80% de la producción va a EE.UU. También entra en esta ecuación la producción agrícola: los tomates de Sinaloa, los frutos finos cultivados en Baja California, los mangos de Oaxaca, los aguacates y las berries de Michoacán van al mercado estadounidense.

A su vez, en Estados Unidos, Michigan, Texas, North Dakota, Kentucky, Indiana, Vermont, Ohio, Tennessee, Arizona, Louisiana, Illinois, Iowa, Alabama, Wisconsin y South Caroline dependen del comercio internacional con México para mantener su producción.

Está configurado un escenario de conflicto en el cual el único interés de los gobiernos es defender los intereses de trasnacionales y empresarios locales.

Contra la integración basada en la explotación de la mayoría de la población por un puñado de magnates, hay una perspectiva que favorezca a los millones de trabajadores de América del Norte.

Sólo a partir de terminar con la explotación propia de este sistema capitalista a ambos lados de la frontera, y la opresión imperialista de Estados Unidos sobre México, se podrá hacer realidad una integración económica, decidida y llevada adelante en función de los intereses de los trabajadores del campo y la ciudad, en una Federación de Estados Unidos Socialistas de Norteamérica.






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