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Watch Dogs Legion: hackers contra el sistema

En un Londres distópico donde el Brexit y el conservadurismo se ha logrado imponer, un grupo de hackers pretende derribarlo todo. Es la premisa detrás del juego de Ubisoft en la nueva entrega de la serie Watch Dogs.

Óscar Fernández

@OscarFdz94

Viernes 25 de octubre | 19:57

La serie Watch Dogs fue novedosa al momento de anunciarse. Varias han sido las interpretaciones sobre el mundo de los hackers. Ya está instalado en el imaginario colectivo el estereotipo del joven sentado frente a su computadora, con la pantalla negra viendo directamente el código de programación y tecleando furioso, quizá escondido en una esquina recóndita de su habitación y con cables sueltos en el escritorio, focos de neón, y la computadora modificada para procesar lo más rápido posible lo último en tecnología digital.

Es el escenario que hemos visto en la película Hackers o en la serie de Kim Possible; Watch Dogs, en cambio, tuvo una interpretación distinta que fue aplaudida por el público por ser bastante realista. Esto se debe, en parte, a que la compañía francesa tuvo la asesoría de los Laboratorios Kaspersky, expertos en seguridad cibernética.

En el mundo de Watch Dogs, inicialmente Estados Unidos (primero en Chicago y luego en San Francisco) implementó un sistema para manejar la infraestructura de las ciudades, desde bases de datos, sensores, servidores de computadoras, sistemas electrónicos, el suministro de agua, redes de transporte, semáforos y sistemas de seguridad, todos interconectados al Sistema Operativo Central (CtOS, por sus siglas en inglés) creado por la corporación Blume. Si bien en un principio pudo ordenar la vida cotidiana de los habitantes, también se volvió un modo en que se podía espiar a la ciudadanía.

La premisa de la serie es ver cómo los protagonistas, en sus distintas entregas, luchan contra el CtOS, el cual puede detectar a los ciudadanos, recopilar su información y determinar si aquellos son una amenaza o no; es, en cierto sentido, una versión “realista” que hace recordar la obra de George Orwell. De ella se desprenden varias interrogantes como; ¿quién controla al sistema que controla la ciudad? ¿Hasta qué punto es correcto que éste recopile información de la población para garantizar un nivel de vida decente?

En la segunda entrega, el jefe en tecnología de Blume, Dušan Nemec (un arquetipo del hípster hiper-conectado que practica yoga), le dice al protagonista Marcus Holloway, que “a la gente no le importa cómo funciona el sistema, sólo les importa que funcione”. Al terminar la segunda entrega, se da a entender que el CtOS ahora opera a nivel mundial.

Un Londres… ¿anárquico-capitalista?

La última entrega de la serie es Watch Dogs: Legion, la cual transcurre en un Londres en el que el CtOS opera y vigila a toda la población. En este escenario, Inglaterra no sólo ha abandonado la Unión Europea, sino que los cuerpos de seguridad están a la caza de inmigrantes, drones sobrevuelan la ciudad, milicias privadas mantienen el orden y el crimen organizado es rampante debido al desempleo generado por el CtOS (el cual automatizó varios servicios) y las criptomonedas se usan para adquirir bienes.

Es, en esencia, una distopía basada en las posturas de los sectores ultraconservadores que al calor de la crisis de 2008 surgieron en el mundo y que en el viejo continente adquirieron la forma de organizaciones soberanistas y euroescépticas profundamente xenófobas.

El escenario de Watch Dogs: Legion hace recordar también a la huelga de hace unos años en Londres, en la cual los trabajadores protestaban por el cierre de taquillas y la automatización, que dejaba a cientos sin empleo y perdía su enfoque "social", pues además de otorgar boletos a usuarios, les daba asistencia en abordar líneas.

No casualmente, uno de los culpables de esta situación, y señalado por los propios trabajadores, es el actual primer ministro y entonces alcalde de Londres: Boris Johnson. Lo que retrata Watch Dogs: Legion es una exageración, que no se desprende demasiado de la realidad, sobre la base de las políticas de esas formaciones conservadoras como el UKIP (Partído de la Independencia del Reino Unido).

Una de las ventajas de Legion es que ahora el jugador podrá reclutar a cualquiera de los ciudadanos de Londres y cada uno cuenta con una historia, una habilidad especial y motivos por los cuales puede ser considerado para unirse a la lucha contra el CtOS y entrar a las filas de DedSec, el colectivo de hacktivistas (similar a Anonymous y LulzSec) que en los otros dos juegos tuvo un papel destacado para los protagonistas en frustrar los planes de la corporación Blume.

“Construir la resistencia, un recluta a la vez” es el motor de la trama, que en cierto modo también recuerda a cómo en V de Venganza "V" va convenciendo a la sociedad de que el gobierno es despótico y debe caer. ¿Pero realmente la resistencia se construye reclutando a cualquiera?

La estrategia de la guerrilla urbana cyberpunk

En medios como Watch Dogs, Borderlands, Hackers, etc., se pone énfasis en cómo un grupo reducido de personas conspira para derrocar una sociedad injusta por medio de acciones “certeras” o “directas”. Si bien es cierto que para que una revolución triunfe es necesaria una etapa de preparación —lo cual significa conspirar contra el régimen— el contenido que Watch Dogs y otros medios le dan, más allá de que se trate de una versión romantizada en un ambiente medianamente ficticio, es muy distinto a aquella que ha logrado derrocar gobiernos. Veamos.

En el ambiente de Watch Dogs, el protagonista tiene una afiliación determinada —indirecta en el primer juego y orgánica en los demás— con el grupo DedSec. Éste tiene una estructura descentralizada y organizada en células autónomas, muy similar a cómo opera Anonymous en el mundo real; a esto se suma el hecho de que cualquiera puede participar en el colectivo puesto que éste, además de ser una organización, es un ideal, un código de principios.

Por ejemplo, en la segunda entrega la célula de San Francisco afirma que “DedSec no se dejará amedrentar”, a pesar de que son cinco integrantes de un colectivo del que se intuye (en el juego) que tiene a decenas, si no es que cientos de miembros en todo el país. Asimismo, la célula de San Francisco suele hacer actividades propagandísticas como editar un tráiler de una película o hackear una televisión en un programa de charlas para que aparezca su logo; en resumen: sus acciones son más “vandálicas” o de “broma”, aunque eso no quita que después tengan acceso a información importante y confidencial.

En Legion, esta estructura general se mantiene, pero con la adición de que ahora DedSec no sólo recluta hackers, sino a cualquier persona que simpatice con sus ideales y su causa, a los que entrena en tres tipos de clases: los ya mencionados hackers, los reforzadores (gente que se especializa en combate físico y el manejo de armas de fuego) y los infiltradores (gente que se especializa en ser sigilosos y pasar desapercibidos). Debido a la situación política de Inglaterra, DedSec tiene que recurrir a tácticas de guerrilla urbana como desmantelar servidores, atacar cuarteles de seguridad, etc.

Sin embargo, históricamente esta perspectiva raras veces tuvo éxito (si acaso muy limitado); de hecho, la “ligereza” con que se recluta a la gente, sin delimitación clara, hace fácil su infiltración. Y es que dichas acciones solamente le dan a la burguesía una excusa perfecta para reforzar su aparato represivo en tiempos en que las masas se encuentran pasivas, lo cual incluye volcar por completo su tiempo a vigilar, desmantelar e incluso destruir físicamente a los guerrilleros, como fue el trágico caso de la Liga Comunista 23 de Septiembre en México.

Eso no quita que realizar acciones como exponer la vigilancia del gobierno a activistas sea importante. De hecho, los revolucionarios se han enfrentado a aparatos policíacos muy eficientes en otras épocas, como lo fue la policía alemana en tiempos de Marx o la Ojrana en tiempos de Lenin, pero también se llegaron a hacer escritos para saber cómo lidiar con semejantes circunstancias, como el libro de Víctor Serge Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión.

En el siglo XXI, con equipos de espionaje sofisticados, ya sean cámaras o spybots cibernéticos, el escenario descrito es bastante real, y de hecho, nada de lo que hemos descrito en este artículo es un secreto. Tan es así que hay equipos de prensa independiente que han sacado manuales para prevenir el espionaje y el acoso gubernamental.

Lo que sí podemos resaltar es que, como decía Lenin, se vuelve más difícil para el Estado vigilar a sus “espinas” mientras más agitadas estén las masas. El escenario actual en Chile, con miles de estudiantes y trabajadores en las calles, donde La Izquierda Diario ha llegado a decenas de miles recibiendo centenares de denuncias, nos muestra el inicio del camino, en el que la reclutación "uno a uno" se vuelve un problema para una estrategia revolucionaria, de ahí el trabajo paciente en el movimiento de masas, en el seno de la clase obrera.






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