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Valar morghulis: si todos merecemos morir, ¿cómo merece vivir la clase obrera?

Una frase esencial de Game of Thrones se basa en materialismo puro. Todos los hombres merecen morir. Mi viejo ya no está y ahora pienso en la vida y la muerte de la mayoría anónima de este mundo.

Viernes 28 de junio | 08:30

Dibujo Caro Daglio

Los sin rostro son un grupo de mercenarios que utilizan esta frase para justificar sus asesinatos. Ellos parten de una premisa: nadie debe vivir eternamente. 

Esta gente se entrega a una forma de vida basada en la despersonalización de cada sujeto. Podríamos hacer una gran comparación con el proletariado y el surgimiento del sepulturero del capitalismo, pero mi intención no es escribir sobre esto, sino partir de esta idea para intentar reflexionar sobre lo siguiente:

Si todos merecemos morir, ¿de qué forma merecemos vivir?
Pensar sobre la vida y la muerte viene a mi mente producto de una reciente pérdida; mi viejo.

Un hombre que con su intransigente disciplina de obrero buscó entregar su vida y miles de horas de alienación, para garantizar las mejores condiciones para la vida de su familia.

Él no es un caso especial, y tampoco buscó hacer un análisis en profundidad sobre su vida.
Su no particularidad lo convierte en la esencia de ese ejército de miles de millones que hacen mover al mundo. Los marxistas revolucionarios los llamamos "el proletariado". 

Libres de vender su fuerza de trabajo, en otras palabras, de trabajar a cambio de un sueldo y "libres" de los medios de producción. Solo dueños de sus cuerpos.
El resto es una minoría, el uno porciento, que gana miles de millones a costa de la explotación del primer grupo.

No busco dar una cátedra sobre marxismo, sino tomar solo esto para decir que una inmensa mayoría al igual que una parasitaria minoría, al ser seres vivos están destinados a morir. Pero mientras unos viven vida de riqueza, lujos y ostentación; otros por su "derecho" a la libertad están condenados a vivir en condiciones de pobreza y miseria.
Para algunos la prioridad es generar ganancias, para otros es subsistir.

Quienes sufren el hambre, la falta de servicios esenciales (tras el gigantesco apagón hay litros de tinta que bien lo explican) los problemas de la falta de acceso a la salud, educación; o el simple ejemplo de la falta de un plato de comida caliente somos siempre los mismos: los trabajadores y los sectores más vulnerables los que vivimos así. 

Las prioridades están de cabeza. Quienes hacemos mover el mundo nos morimos en las peores condiciones. En momentos como el actual, tiempos de elecciones y de fondo monetario en los medios hay un derroche de horas al aire para convencernos de que tenemos que sacrificarnos más, para que los empresarios sigan ganando. Desde el macrismo hasta el kirchnerismo.

Se estima que este grupo que nos condena a millones a vivir el la pobreza, es el 10% de la sociedad, incluyendo a sus gerentes y fuerzas represivas. 

Solo 5400 millones para cambiar los problemas de raíz. Venimos de 40 años sin revoluciones y esto tiene sus costos. No hay revoluciones en nuestros recuerdos, pero ¿no es hora de que empiecen a estar en nuestro horizonte? 

Este es el norte, una vida que merezca ser vivida para toda la humanidad. Hoy somos una minoria y justamente por esta razón nuestra principal tarea es juntarnos. Organizarnos para pelear efectivamente por para acabar con este sistema completamente irracional basado en la explotación. Ya que la muerte es ineludible, hagamos que la vida de todos merezca ser vivida.






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