EFEMÉRIDES

VII Congreso de la Comintern: el abandono de los principios comunistas

A finales de Julio de 1935, se celebró en Moscú el VII Congreso de la Internacional Comunista. Distanciándose de todo el método marxista, la resolución de los Frentes Populares propuesta por Stalin y la casta burocrática de la URSS resolvió que dicho evento pasara a la historia como "el congreso de liquidación".

Jesús Pegueros

@DemoPegueros

Miércoles 24 de julio | 14:32

El 25 de Julio de 1935 la Internacional Comunista (IC) ya completamente estalinizada se reunió en su séptimo y último congreso con sede en Moscú. Aquí, por mandato de Stalin y de la casta burocrática de la URSS, será reemplazada la política ultraizquierdista llamada "del tercer periodo" por una línea oportunista y de colaboración de clases plasmada en la táctica del Frente Popular (FP).

Como resultado de estas discusiones serán abandonados varios principios del marxismo y el leninismo, como la independencia de clase frente a las variantes burguesas y la hegemonía obrera, que tendrán consecuencias desastrosas como la derrota de la revolución española y la desviación del proceso revolucionario en Francia cuyos efectos abrieron el paso a la Segunda Guerra Mundial.

En aquellos años previos y posteriores al Congreso, una práctica común de la IC fue la liquidación física de la vanguardia revolucionaria que sobrevivía fuera y dentro de la Unión Soviética, los aberrantes Juicios de Moscú sometieron a los edificadores del estado soviético, los ex-compañeros de Lenin durante de la Revolución de Octubre y a los mejores generales del Ejército Rojo a una serie de acusaciones. La mayoría de estas elaboradas por la burocracia del Kremlin terminaron con la vida de aquellos que mantenían vivas las enseñanzas de la primera revolución obrera triunfante.

Esta situación no sólo provino de un maquiavélico plan originado en la cabeza de Stalin, es el resultado de un proceso histórico de derrotas del proletariado internacional que al no extender la revolución fuera de los límites de la URSS propiciaron su degeneración hasta el abandono final de las lecciones estratégicas del marxismo revolucionario.

La llamada línea política del "tercer periodo", aprobada en el VI Congreso, postulaba la crisis del capitalismo y la necesidad de los partidos comunistas de emprender la lucha frontal contra el estado capitalista, se caracterizaba por la incapacidad de apreciar la relativa estabilidad que había alcanzado el sistema capitalista luego de la primera guerra mundial y la también relativa fortaleza de las democracias burguesas al desviar los procesos revolucionarios como en Alemania.

De esta manera los comunistas en la mayoría de los casos se vieron aislados de las masas y emprendieron en muchas ocasiones episodios aventureros mediante insurrecciones prematuras o insuficientemente preparadas.

Uno de los casos más emblemáticos de esta desviación fue la actuación del Partido Comunista de Alemania (KPD) que por línea directa de Moscú se ubicó de manera completamente sectaria, negándose a formar el frente único con los socialistas para combatir el acenso de Hitler y el nazismo, a partir de una caracterización del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) de "hermano gemelo" del fascismo. La división de las filas obreras permitió al verdadero fascismo adueñarse del poder mientras destruía paulatinamente las organizaciones obreras -socialistas o comunistas- sin que la dirección del KPD presentara un balance serio de este periodo.

Para los años 30 la situación había cambiado, la gran depresión como crisis capitalista mundial, no sólo de EE UU, revertía todas las relativas conquistas que había concedido la democracia burguesa; agravaba la situación real de la clase trabajadora y propiciaba disputas interbuguesas e interimperialistas que avivaban la llamarada de la revolución, los combates que el estalinismo había dibujado durante los años anteriores ahora eran una realidad y los revolucionarios necesitaban un programa y una dirección clara para aprovechar esta oportunidad histórica y avanzar en el triunfo.

Como parte de esta nueva oleada de ascenso obrero estaba la ocupación de fábricas en Francia, en donde el actuar de los trabajadores disputándole a la propia burguesía su fuente de riqueza abría una etapa revolucionaria que de tener la política acertada pudiera bloquear la extensión del fascismo por Europa. Tal era el caso también de España, en donde la caducidad del antiguo régimen con la dictadura de Primo de Rivera y su posterior derrumbe dio un impulso importante a la clases populares y al proletariado, particularmente en aquellos lugares donde su concentración era cuantitativa y cualitativamente superior como en Asturias y Cataluña.

La burocracia estalinista ya consolidada en el poder de la unión soviética sin ningún tipo de oposición, mantenía su dominio apoyada en una serie de premisas. Por un lado se apoyaba en el atraso estructural; en cuanto al desarrollo de las fuerzas productivas del estado obrero, aunque socializadas, en comparación con los países capitalistas más avanzados propiciaban que los funcionarios de la burocracia stalinista se convirtieran una especie de "árbitros" a la hora de la repartición de los artículos de consumo producidos y por lo tanto afianzaban en el poder a aquellos participantes del estado.

Esta no puede considerarse una clase poseedora de los medios de producción puesto que no era la obtención de plusvalor y plusproducto en una creciente apropiación y acumulación individual el modus vivendi de esta casta privilegiada sino hacerse parte del despilfarro de un reparto desigual que dependía de la participación o no en el propio estado.

El giro oportunista del VII Congreso

Para Trotsky, al igual que Lenin, esta situación solo podría remediarse con la conquista por el proletariado de los medios de producción de los países adelantados para así compartir el desarrollo tecnológico y combatir los atrasos heredados del zarismo en el ex-territorio ruso. Justo en este punto Stalin y su camarilla veían un peligro en sus posiciones por lo cual la política de "socialismo en un solo país" se traducía en la degeneración de la estrategia de extensión de la revolución y la preparación consciente de esta. En otras palabras. la perspectiva stalinista significaba revolución socialista en ningún otro país.

El ajuste de la directriz emanada del séptimo congreso de la IC se basaba en estos argumentos, la revolución ya no era una mera instrumentación de agitación y propaganda como ocurrió en la segunda mitad de los años 20´s. Se trataba de una tarea práctica al orden del día y dados los acontecimientos en desarrollo por Europa y otras partes del globo. Por lo tanto el ultraizquierdismo fue replanteado en giro de 180° hacia el oportunismo, la traición a los principios comunista y la tergiversación de la táctica de frente único elaborada por el cuarto congreso de la IC, el último verdaderamente revolucionario.

Como conclusión de la discusiones en aquel año, la Comintern lanzó la táctica de los frentes populares, una propuesta de bloque de todas las fuerzas antifascistas en defensa de la democracia en abstracto que se traducía en la colaboración de clases del proletariado con los partidos reformistas y además las llamadas burguesías progresistas y/o nacionalistas.

En la práctica los Frente Populares coartaban la independencia de clase del proletariado hacia la burguesía y la pequeño burguesía que tanto Marx como Lenin habían defendido a rajatabla en los momentos más críticos como sucedió en la Primera Guerra Mundial. De esta manera en aquellos lugares donde la disposición de la clase trabajadora comenzaba a manifestar su ímpetu, la táctica del FP ponía un tapón político al potencial mostrado, tal era el caso de Francia en donde el actuar del Partido Comunista Francés prefirió la alianza con el Partido Radical (fundamentalmente burgués) a desarrollar y profundizar la oleada de ocupación de fábricas que precipitaban jornadas revolucionaria en el país del primer gobierno obrero de la historia.

El caso más trágico sucedió en la península ibérica en donde el proletariado español no dudó en empuñar las armas ante el levantamiento militar franquista, la colisión del Frente Popular no solo se negó a realizar los más mínimos preparativos políticos y militares para enfrentar a Franco, sino que ocultó la magnitud del levantamiento prácticamente hasta que los disparos apuntaron a los barrios obreros y éstos se vieron en la necesidad de preparar la autodefensa de manera independiente.

El Frente Popular propiciaba la renuncia a dos ejes claves de toda ubicación revolucionaria, por un lado rebajaba el programa socialista a una defensa de la democracia que se derivaba en democracia burguesa y por lo tanto a la negativa de avanzar en una democracia superior, la dictadura del proletariado.

Por lo tanto el actuar del Partido Comunista Español fue la de enmarcar la guerra civil dentro de los límites del respeto a la propiedad privada, de esta se desprendía la segunda claudicación aunque íntimamente relacionada con la primera, se trata de la hegemonía obrera. Las masas trabajadoras solo podrían derrotar al fascismo mediante la puesta en práctica de un programa audaz y revolucionario, con éste no solo conquistarían para su causa al conjunto de la clase trabajadora sino también a los demás sectores empobrecidos y explotados como lo son los campesinos, los pueblos originarios y los pobres urbanos.

Con el Frente Popular los comunistas no solo renunciaban a un programa capaz de darle salida a la agonía del capitalismo de la segunda mitad de los años 30´s sino que se negaban a pelear por que el proletariado acaudillara a los otros sectores golpeados por la crisis y la inminente guerra, propiciando así que la pequeño burguesía asustada cayera en manos de los partidos fascistas y fascistoides,

La derrota de España fue propiciada por el propio Partido Comunista de España que cobardemente atacó a los obreros catalanes por la espalda por miedo a que avanzaran en su tarea histórica: la victoria sobre la clase enemiga mediante sus propios métodos.

El fundador del Ejército Rojo calificó al VII Congreso como "El Congreso de Liquidación" puesto que más allá de lo que pudieran vivir los integrantes que la componían en términos políticos y estratégicos las resoluciones propuestas y emanadas significaban una completa mutilación y abandono de los principios comunistas edificados por Lenin en 1919, es decir, La Internacional Comunista cavaba su propia tumba.

Cuatro años más tarde en España con la vanguardia obrera tras las rejas, en el exilio, desaparecidos y asesinados por las fuerzas stalinistas y "democráticas" Franco consolidaba su victoria militar con la ofensiva sobre Cataluña abriendo paso a la dictadura que se mantendría por casi cuatro décadas. Un año después, en 1940 en el caso de Francia el Gobierno de FP se mostraba incapaz de contener el expansionismo alemán y sucedía la ocupación del territorio parisino por las fuerzas del Eje. Las derrotas del proletariado español y francés cada una a su manera aunque con el mismo responsable, el stalinismo, abrían el paso a la Segunda Guerra Mundial.

Ya para el 43 el cascarón de la Internacional Comunista se desmoronó frente al patriotismo y degeneración de la burocracia soviética con la disolución oficial por órdenes de Stalin quien así privilegiaba sus relaciones con los imperialismos aliados (EE UU e Inglaterra) de cara a la Conferencia de Teherán. El órgano más importante que ha construido la clase trabajadora había sido sepultado, dando como salida estratégica su continuidad auténtica; La Cuarta Internacional.






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