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Un programa para la acción

Ponemos a disposición “Un programa de acción para Francia”, que fue publicado en junio de 1934 en el periódico de los trotskistas franceses. Este programa forma parte de la compilación realizada por Ediciones IPS bajo el título ¿A dónde va Francia?, tomo 5 de las Obras Escogidas de León Trotsky. Al calor de la crisis sanitaria en curso queremos retomar algunas de las conclusiones a las que arribaron en la convulsiva década de los ´30.

Alejandra Ayduh

Ediciones IPS-CEIP

Sábado 25 de abril | 10:56

Fotomontaje: Florencia Martínez

La mayoría de los textos publicados en este libro fueron escritos en los años ‘30 cuando arreciaba la crisis económica mundial. En estos mismos años, el nazismo tomaba el poder en Alemania gracias a la política ultra izquierdista del PC alemán que igualaba a la socialdemocracia con el fascismo. Esto impidió la realización de un frente único defensivo y posibilitó la derrota del proletariado sin luchar. El peligro de que el fascismo se extendiera a otros países era inminente. La burguesía buscaba por todos los medios descargar la crisis sobre los trabajadores y el pueblo que llevaron, ante las necesidades del gran capital, a que comenzaran a engendrarse bandas fascistas.

El 6 de febrero de 1934 con el levantamiento de las ligas fascistas se da el pico más agudo. Los trabajadores rápidamente respondieron con huelgas y manifestaciones que culminaron con una huelga general el 12 de febrero. En este marco es que la política de un frente único contra el fascismo, eje de la agitación de la Liga Comunista –la organización de los trotskistas–, comenzó a ganar apoyo entre los partidos obreros de masas y los sindicatos aunque en clave reformista, por lo que con este programa se buscaba aclarar el contenido político y propósitos del frente único propuesto. Además, se podría considerar que es una primera versión del Programa de Transición votado años después, en 1938, por la Conferencia fundacional de la IV Internacional que lo adoptó como su programa, aunque desde ya, este último tenía el alcance de un programa mundial y no para un solo país.

“Conducida por la gran burguesía, Francia se hunde en la desintegración del mundo capitalista. (…) Para los trabajadores, el desempleo creciente; para los pequeños campesinos, la ruina, para los explotados, la miseria en aumento”. Así comienza “Un programa de acción para Francia”. A continuación, Trotsky va a plantear que, desde el punto de vista de la lucha de clases, las derrotas de las que se venía en Alemania del ’23, la Revolución china en el ’27 y las del proletariado alemán y austríaco en 1933 y 1934 serían decisivas para una estabilización precaria del capitalismo pero que no demoraría en chocarse con una agudización de la crisis, para la cual la burguesía no dudaría en recurrir al fascismo.

Trotsky no tenía dudas de que se avecinaba una catástrofe y la posibilidad de una nueva guerra mundial. Los horrores de la Primera Guerra ya habían sido muestra suficiente de lo que esto implicaba para el proletariado mundial que también había sido testigo de la Revolución rusa en 1917. Estaba claro que los trabajadores debían luchar con todas su fuerzas contra los planes criminales de la burguesía.

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La burguesía francesa estaba dividida en cuanto a la salida que le quería dar a la crisis. Unos bregaban por la inflación y devaluación de los salarios, otros por la deflación. “Ambas alternativas significan más miseria para los explotados. Optar por uno u otro de estos métodos capitalistas equivaldría a elegir entre dos instrumentos con los que los explotadores se preparan para degollar a los trabajadores”, advertía Trotsky contra toda ilusión que pudiera tener la clase obrera ante una u otra opción.

En este sentido, el mensaje de Trotsky y la Liga de los Comunistas era claro: “¡Al programa de deflación, de reducción de sus medios de vida, los trabajadores deben oponerle su propio programa de transformación fundamental de las relaciones sociales mediante la completa “deflación” de los privilegios y ganancias de la banda de los Oustric y los Stavisky que explotan al país! Este es el único camino hacia la salvación”.

Para ello va a plantear medidas concretas como la abolición del secreto comercial, “Pero los capitalistas, los grandes explotadores, guardan celosamente sus secretos. Los trust, los monopolios, las grandes compañías que dominan la producción total del país, mediante la posesión directa de las nueve décimas partes de la misma, jamás cuentan sus robos. Esta mafia explotadora se oculta tras el sacrosanto ‘secreto comercial’. El secreto comercial no es más que un pretexto para controlar la vida de los pobres y encubrir todos los negociados bancarios, industriales y comerciales de los ricos, los Stavisky y los de Wendel, que se esconden bajo el manto del ‘bienestar general’ y la ‘economía nacional’.”

Este programa también va a plantear la necesidad de nacionalizar los bancos, industrias claves, compañías de seguros y transportes, el control de la banca y el comercio exterior. Todos aspectos de la “administración económica sobre la que la democracia burguesa no otorga ni una sombra de control sobre su administración económica, base de la explotación que ejerce y que finaliza en la anarquía, la bancarrota y la miseria de las masas. (…) La nacionalización por parte de los trabajadores significa la destrucción de los grandes monopolios privados, el apoyo a las pequeñas empresas, la redistribución de los productos para beneficio de la gran masa de los productores”.

Otro aspecto importante estaba referido al brazo armado del Estado burgués. “Todas las policías, ejecutoras de la voluntad del capitalismo, del Estado burgués y de sus pandillas de políticos corruptos deben ser disueltas”. Trotsky era claro en explicar cómo millones de francos eran arrebatados por el gobierno a los pobres, a los explotados para desarrollar y armar a su policía, sus guardias móviles su ejército, no sólo para desarrollar la guerra civil, sino también para preparar la guerra imperialista.

La Verité, periódico trotskysta francés donde fue publicado originalmente "Un programa de acción para Francia".

Finalmente, el artículo esgrime una advertencia de vital importancia: “La burguesía jamás se rendirá voluntariamente. Buscará por todos los medios perpetuar sus privilegios y para protegerlos no dudará en utilizar bandas fascistas contra los explotados que quieren actuar, como usa la violencia contra los trabajadores que se manifiestan por sus salarios, sus pensiones, que hacen huelga para defender sus condiciones de existencia. (…) Nos negamos a sembrar la criminal ilusión de que el gobierno capitalista pueda retroceder realmente al desarme de las bandas capitalistas”.

Desde el comienzo, la Liga Comunista francesa planteó la necesidad del frente único de las organizaciones de la clase obrera. Pero cuando las direcciones del Partido socialista francés, SFIO y el Partido Comunista (PC) tomaron esta demanda de los trabajadores fue al servicio de una política para sostener a la democracia burguesa y por ende se transformó en un freno a las acciones de masas. La respuesta de Trotsky se plasmó en esta respuesta programática que le daba contenido al frente único propuesto en contraposición a la política del PC que priorizaba la defensa de la URSS bajo la “cobertura ideológica” del socialismo en un solo país, subordinando la lucha de clases a los intereses del Kremlin, sepultando el internacionalismo proletario.

Para Trotsky la verdadera defensa de la URSS implicaba necesariamente la movilización revolucionaria de las masas en perspectiva de la revolución mundial. Pero para ese entonces la política del PC ya había virado en consonancia con el giro de la Internacional Comunista hacia una alianza con los partidos reformistas y las burguesías “democráticas”.

“¡La tarea es enorme, pero constituye la única salida a la salvación! (…) Los viejos partidos que se reclaman del proletariado no sólo se muestran incapaces de resolver esta tarea, sino de plantearla de una mantera correcta. El proletariado mundial viene de pagar muy caro lo que le ha enseñado la experiencia alemana. (…) Por eso llamamos a los trabajadores avanzados a unirse a nuestras filas. Las divisiones de los partidos obedecen a razones históricas: la heterogeneidad del proletariado, la conciencias más o menos avanzada de sus diferentes capas, el fracaso o los éxitos de las organizaciones, ligados a una situación subjetiva. Un nuevo partido como arma es indispensable para el triunfo. Pero esto no excluye la acción e incluso la organización común de la acción. Al contrario, esto se impone. (…) lo que hay que crear sin demora es el terreno en el que todas las organizaciones obreras puedan encontrarse para discutir, decidir y actuar en común. Este terreno, que materializa, el frente único, es la alianza obrera”.

La crisis sanitaria que ha implicado la pandemia se asienta sobre una economía mundial que ya venía en estado crítico. Y aunque los alcances reales que esta crisis pueda tener aún son motivo de conjeturas, todos coinciden que será como mínimo de la magnitud de lo vivido en los años ‘30. Mientras, la burguesía a nivel mundial debate “su” mejor forma de salir de esta situación, está claro que cualquier salida que pueda venir de la clase capitalista implicará consecuencias devastadoras para la clase trabajadora y el pueblo. Ellos ya demostraron cómo administran: el colapso de los sistemas sanitarios a nivel mundial es solo una muestra. Sin ánimos de trazar paralelismos forzados, y marcando las distancias que hay entre una situación y otra, hay lecciones que en momentos como estos es clave retomar. La clase obrera no parte de cero, cuenta con una larga historia de luchas, lecciones, triunfos y derrotas.

La situación en curso nos vuelve a poner ante la gigantesca tarea de mostrar una salida alternativa a la “catástrofe que se nos avecina” que no es ni natural ni cayó de arriba. En ese sentido, preparar el camino para cuando los ataques se generalicen, pugnar porque las organizaciones obreras puedan encontrarse para discutir, decidir y actuar en común, para que se materialice el frente único de trabajadores bajo un verdadero programa de acción como alternativa para las grandes mayorías se vuelve una tarea ineludible.

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