Política México

OPINION

Un patriotismo decadente para apuntalar al debilitado Peña Nieto

Distintas voces de empresarios, políticos patronales, las principales televisoras, organismos “civiles” ligados al gobierno e intelectuales de derecha, convocan a una unidad nacional en torno a Peña Nieto para recomponer su imagen y evitar un mayor desgaste institucional.

Martes 14 de febrero | Edición del día

Siempre, en las guerras de invasiones extranjeras al país, la población ha mostrado su determinación de resistir y salir en defensa de la nación agredida, asumiendo un progresivo sentimiento patriótico contra el invasor, considerando la debilidad del gobierno nacional y sus intentos de resistencia.

Así sucedió cuando la genocida conquista española de 1519 a 1521, ante la invasión francesa de 1862-67, y frente a la intervención estadounidense de 1846-48. A menor escala, pero no menos significativa, sucedió con la población del puerto de Veracruz encabezada por los heroicos maestros de la ciudad, que enfrentaron el desembarco de los marines en 1914 durante el gobierno del golpista Victoriano Huerta; de ahí el reconocimiento popular a las “víctimas del 21 de abril”.

En esos casos, se trató de un sentimiento nacional de justa defensa ante el peligro que significaba la opresión extranjera. Más allá de la convocatoria gubernamental a resistir, contó mucho la iniciativa popular espontánea y las variadas formas de auto-organización para sumar fuerzas a los ejércitos criollos.

Pero donde el sentimiento progresivo de “unidad nacional” se expresó más contundentemente fue en los tiempos del gobierno de Lázaro Cárdenas ante las amenazas intervencionistas y el boicot de los Estados Unidos e Inglaterra frente a la expropiación de sus empresas petroleras -una medida no socialista, pero altamente progresiva que fuera apoyada por el revolucionario ruso León Trotsky- la cual tenía aspectos anti-imperialistas.

Y que respondía al empuje de la clase obrera que venía dando fuertes luchas y avanzando en su organización, actuando como una presión para el gobierno nacionalista burgués cardenista, que la aprovechó para utilizarla como apoyo a su política. Mostrando así a lo más que puede llegar el ala izquierda de la burguesía ante la presión decidida de la clase trabajadora movilizada.

Y es que, la estatización cardenista del petróleo permitió al país ciertos márgenes de independencia económica y sentar la bases de lo que se conoció como “Estado Benefactor”, mismo que dotó de un importante apoyo social al régimen nacido en el período pos revolucionario.

Lamentablemente, la sujeción del combativo movimiento obrero al gobierno de Cárdenas, a través de la política de colaboración de clases de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) que dirigía Lombardo Toledano, y a la que se plegaba el estalinista Partido Comunista Mexicano (PCM), impidió que los trabajadores actuaran con una política independiente y con dirección propia, para avanzar hacia un programa anti-imperialista.

Un programa que permitiera organizar al conjunto del movimiento obrero y los campesinos y, en esa perspectiva, avanzar en su ruptura con el control semi-corporativo del estado sobre la CTM y la Confederación Nacional Campesina, y romper con la sujeción política al Partido de la Revolución Mexicana (PRM) creado por Cárdenas.

Esto era opuesto a la colaboración de clases impulsada por el PCM que, bajo la idea de que el PRM era el “frente popular” en forma de partido, demandaban su ingreso al mismo. Esa fue el tipo de unidad nacional -bajo la conducción de un ala “progresista” de la burguesía mexicana- que proponía el estalinismo mexicano a los trabajadores. “Unidad a toda costa” decía el PCM.

La reaccionaria unidad nacional en torno al gobierno

La política agresiva de Donald Trump mostró la gran subordinación de Peña Nieto a los Estados Unidos, así como su rechazo a tomar medidas que muestren inconformidad con los planes del presidente de Estados Unidos.

Humillación tras humillación, Peña Nieto y su aprendiz de canciller alegan que Trump los escucha; que con el secretario del Departamento de Estado hubo un “constructivo encuentro”, mientras que Trump y su gabinete afirman cada día que el muro va y que habrá formas de que México lo pague. Esto mientras empezaron las redadas y la expulsión de mexicanos, y está en puerta la renegociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) bajo condiciones aún más desfavorables para México.

Lo malo de que Peña Nieto esté en la lona, es que, si los trabajadores no dan una salida, será el país el que sufrirá las consecuencias de tanta agachada del gobierno. En la población existe la percepción de que el presidente del 12 % de aprobación ya no sabe qué decir en su anuncios televisivos sin que se desprestigie más.

Por eso es que junto con sectores patronales y organizaciones que aparentan ser independientes del gobierno -como Mexicanos Primero, puntales en la ofensiva contra el magisterio, o Isabel Miranda de Wallas, cómplice de la PGR contra los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa- convocaron a la “unidad nacional” para aparecer apoyado por la nación ante Trump.

Una unidad de los “de arriba” que busca fortalecer al gobierno ante la movilización nacional contra el gasolinazo que lo tiene en crisis, y evitar un mayor desgaste institucional.

El patriotismo convocado por la derecha es reaccionario, ya que busca recomponer la imagen de un presidente y un PRI con posibilidades de perder las elecciones presidenciales del 2018. Peña Nieto intenta aparentar apoyo nacional para negociar la entrega del país, en un marco menos desfavorable de fuerzas ante Estados Unidos.

Pero ni la situación del estado semicolonial -que ha profundizado su integración económica a los EE.UU.- es igual al México de la nacionalización de las industrias petrolera y ferrocarrilera en los años ´30; ni la relación del gobierno pro yanqui es la misma que la que tuvo Cárdenas con los trabajadores que entonces conquistaban derechos.

El que ahora llama a la unidad nacional es un gobierno que impuso las reaccionarias reformas estructurales. Hoy Pemex se está privatizando y los ferrocarriles ya no existen. No hay reparto agrario; por el contrario se privatizó el campo con la reforma salinista del artículo 27 favoreciendo el latifundio, se produjo la crisis del agro con la entrada en vigor del TLC y se desmanteló la seguridad social.

Por eso Peña Nieto sólo puede apoyarse en la unidad de su clase, de los que se enriquecieron con la venta del país. De los que deciden sobre la miseria de la población trabajadora y la restricción de sus derechos, y que buscan ver bajo qué nuevas condiciones continúan con la subordinación al imperialismo y la degradación de México como país dependiente.

La unidad que necesitamos para enfrentar los planes del Trump, es la de los de abajo, la de los explotados y los oprimidos, junto a la juventud y los sectores de la clase media pauperizada y afectada por la entrega de la soberanía nacional.

La lucha por independencia nacional, que pasa por la ruptura de los acuerdos que nos atan a la potencia imperialista del norte -como la billonaria deuda externa-, y una reforma agraria radical que dote de tierra a los campesinos pobres, está indisolublemente ligada a la lucha anti-imperialista. Y estas tareas requieren de la alianza revolucionaria de obreros y campesinos, opuesta a cualquier alianza con los verdugos de pueblo que defienden los acuerdos que entregan la soberanía del país.
Solamente de esta manera puede desarrollarse el sentimiento anti Trump en una gran movilización anti-imperialista.






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